Teólogo, organista y especialista en canto gregoriano.
José Enrique Ayana, teólogo y licenciado en canto gregoriano, es organista titular de la catedral de Sevilla desde hace medio silgo. Ha dado más de mil conciertos en 32 países, y como docente ha impartido música española en universidades y conservatorios de una docena de países. En Murcia, el jueves ofreció un concierto en la Catedral.
- ¿Por qué ha elegido un programa concreto para Murcia?
- Los programas se eligen según las características del órgano en que se van a tocar. No hay dos órganos iguales, y el de la Catedral de Murcia es único, sobre todo ahora con la restauración que han llevado a cabo y el mimo que tienen el cabildo y, especialmente, su organista titular, Alberto Guillamón. Un concierto en órgano no es determinado por una época musical o el país donde fue fabricado el instrumento. Los órganos contemporáneos cuentan con unos medios óptimos, que posibilitan que el organista interactúe con los oyentes. Éste de Murcia no ofrece esa posibilidad. Yo no veo al público, ni el público me ve a mí; por tanto no puedes percibir de forma directa si hay una conexión entre el organista y el público.
-¿Cómo es el órgano de la Catedral de Murcia?
-Es muy romántico, por ello mi concierto se ha basado en el romanticismo, pero evitando la música barroca. El órgano en sí es un instrumento muy romántico y debe llenar todo el espacio, todos los rincones de las capillas. Ésta es la peculiaridad única de este órgano de Murcia, su grandeza.
-¿Cómo ha visto la respuesta del público?
- En Sevilla utilizo un órgano de consola, y existe una interacción entre mis conciertos y el público; aquí es diferente, no estoy acostumbrado a tenerlos tan lejos, incluso ni los he visto mientras tocaba. Pero he notado un comportamiento correctísimo y han aplaudido intensamente, por lo que lleg a la conclusión de que los murcianos saben apreciar esta música. El único músico que toca un instrumento sin ver al público, y sin ser visto, es el organista. Nadie vio tocar a Juan Sebastián Bach; en Murcia ocurre exactamente lo mismo.
-¿Cómo soluciona usted esta situación?
- Simplemente situando pantallas de televisión con circuito cerrado en puntos estratégicos. Todos verían al organista mientras actúa.
-¿Cómo valora usted los Conciertos de Otoño que se están celebrando los jueves en la catedral?
- Observo que hay un gran esfuerzo humano y económico en su preparación. La música ha sido exquisitamente elegida, pero a mi entender creo que abusa el programa de Juan Sebastián Bach. Es cierto que este órgano es tan bueno que permite ser forzado, pero la música de Bach es para órganos barrocos y este órgano es sinfónico; es decir, es capaz de reproducir los sonidos de la flauta, el clarinete, el oboe, etcétera. En realidad es un precursor de la orquesta sinfónica. Para la música del siglo XIX es ideal. Murcia tiene en la catedral una joya que posiblemente no sepan apreciar en toda su extensión. Es elevarse a otro mundo sentándose ante él, y el público dejarse llevar por su música es la mejor terapia humana y celeste que pueden llevarse en su mente y en su corazón.
Fisgoneado en La Verdad.
'La Mora' atesora en su bronce de 7 siglos un remoto conjuro y un extraño símbolo pagano.
La llaman La Mora o la campana de los Moros, aunque es bien sabido que los moros no tenían campanas, y lo más cerca que estuvieron nunca de ellas fue debajo, acarreándolas sobre sus hombros, entrando como cautivos a las ciudades que los cristianos les arrebataban. Pero, pese al error en el nombre, su voz ha traspasado siete siglos de historia hasta convertirse en una de las campanas más antiguas de España. La más vieja si tenemos en cuenta la inscripción: Año 1383. Su sonido es el mismo que escuchaban en aquella época las gentes del Reino de Murcia. La campana es el único instrumento que puede producir el mismo sonido con el paso del tiempo.
La torre de la Catedral, con sus míticas campanas, en una foto de principios del siglo pasado.
La Mora pesa unos 250 kilos, tiene un diámetro de 76 centímetros y un metro de altura. Presenta dos fajas o anillos con inscripciones, una en la parte superior y otra en la inferior. En el año 2002 se hizo en Holanda una réplica de la pieza, cuyo original se expone en el Museo de la Catedral, en el mismo vestíbulo de entrada. La obra fue un regalo del Rey Juan I. Hay autores que aseguran que así conmemoró la celebración de sus bodas con Doña Beatriz de Portugal en mayo de 1383. Tan limpio y sonoro era el timbre de la campana que es probable que se utilizara en su aleación una notable cantidad de plata.
Los historiadores, según la costumbre extendida, no se ponen de acuerdo en explicar porqué a esta campana se la llamó La Mora. Unos señalan que acaso porque su cometido era alertar a la ciudad de las incursiones de los moros, antes de convertirse en la campana oficial de los conjuros. Otros, en cambio, creen que los vecinos del común le otorgaron ese apelativo ante la ignorancia de saber descifrar aquellas extrañas fórmulas y dibujos grabados alrededor de la pieza. Y no les faltaba ninguna razón.
La campana, con sus misteriosas inscripciones.
La campana lleva inscrita la siguiente leyenda en latín: Ecce signum, fugite partes adversae, vicit leo de tribu Judá, radix David. Aleluya. Su traducción, más o menos libre, viene a ser: «He aquí el signo (de la cruz). Huid enemigos (del alma, mundo, demonio y carne). Vence el león de la tribu de Judá (Nuestro Redentor) Cristo». El año que figura en el bronce es el 1421 de la Era Hispánica, lo que obliga a restarle 38 años, ya que dicha Era se empieza a contar ese tiempo antes de Cristo.
El significado
Pero ¿qué significa exactamente esa leyenda? En concreto, corresponde a una antífona, que es un breve pasaje, tomado de la Sagrada Escritura, que se canta o reza antes y después de los salmos y de los cánticos en las horas canónicas, y guarda relación con el oficio propio del día. ¿De qué día? Pues del 3 de mayo, festividad de la Invención de la Santa Cruz. Así, es evidente que la leyenda se fundió en la campana a modo de exorcismo, para espantar del reino malos espíritus, epidemias o calamidades naturales.
Sorprendente noticia en 1922.
Para reforzar esta teoría y la intención de los fundidores, la campana muestra también una estrella de cinco puntas, el legendario pentagrama de la Estrella de David, utilizado desde los sumerios como símbolo protector. De esta forma, las tres culturas que ayudaron a forjar la idiosincrasia de los murcianos se dan la mano en la fundición de la pieza, que bien pudo diseñarla un judío y dejar la marca de su religión, fundirla un musulmán y voltearla un cristiano. Teorías aparte, lo cierto es que desde el día de la Santa Cruz hasta el 14 de septiembre, la Exaltación de la misma, se realizaban los conjuros desde la torre de la Catedral. En ellos intervenían tres campanas a dúo y luego tres en conjunción. De esta forma se rezaba para obtener la bendición de la cosecha y el alejamiento de tormentas y granizos.
Fuentes y Ponte dibujó los curiosos símbolos.
Estos toques, que a pesar de ser únicos en España los dejamos perder sin pestañear siquiera, se realizaban a las siete, siete y cuarto, once, once y cuarto de la mañana y cinco y cinco y cuarto de la tarde. Luego, el 14 de septiembre, se producía una estampa curiosa: los toques alegres de una banda de música encaramada en los balcones de la torre. Estas costumbres, si el destino las hubiera establecido en otros países no muy lejanos, a estas alturas serían casi fiesta nacional. Pero aquí, con el calor que hace, ni nos preocupó ni nos altera ignorarlas.
La campana lleva inscrita en latín la leyenda 'He aquí el signo de la cruz. Huid enemigos. Vence el león de la tribu de Judá, Cristo'
Fisgoneado en La Verdad.