Los expertos equiparan su capacidad intelectual a la del homo sapiens, tras los hallazgos de las cuevas Antón y Los Aviones. Joao Zilhao, codirector de la investigación, dice que la Región «se está revelando como un centro de importancia internacional»
Entrada a la Cueva Antón en el Pantano de la Cierva en Mula.
La investigación de un equipo multidisciplinar e internacional, codirigido por el profesor de la Universidad de Bristol Joao Zilhao y el catedrático de la Universidad de Valencia Vicente Villaverde, ha revolucionado en todo el mundo las teorías de la evolución de la especie humana, así como las causas de la extinción de los neandertales y, sobre todo, el concepto de los neandertales como seres inferiores intelectualmente, incapaces de tener pensamientos simbólicos y capacidad de abstracción. Desde ahora, podemos imaginar a los murcianos de hace 50.000 años, 10.000 años antes de que el homo sapiens africano llegara a Europa, viviendo en un ambiente mucho más gélido -«los neandertales eran los esquimales de ahora, comparativamente hablado», comenta ilustrativo Zilhao-, con el cuerpo decorado con pigmentos rojos con purpurina, amarillos y negros, y ostentando su categoría, edad o género a través de sus adornos.
Cueva de los Aviones en la Bocana del Puerto de Cartagena.
Investigadores de la Universidad de Murcia y Valencia forman parte del equipo que acaba de publicar en la revista científica 'The Proceedings of the National Academy of Sciences' (PNAS) un artículo que ha convertido a Murcia en el epicentro del estudio de los neandertales. Con Joao Zilhao a la cabeza, la Cueva Antón, situada en las inmediaciones del pantano de La Cierva (Mula), y la Cueva de los Aviones, en la bocana del puerto (Cartagena), acaban de aportar la prueba de que los neandertales tenían el mismo grado de inteligencia que los hombres modernos: «Se comprueba que los neandertales no eran distintos a nosotros; quizá tengan diferencias anatómicas, pero con las mismas capacidades que tú y que yo: hablaban, tenían un lenguaje avanzado y enterraban a sus muertos», afirma tajante Zilhao, que lleva más de una década tratando de demostrar esta teoría; y esto no acaba más que de empezar: «Habrá más novedades, tenemos trabajo para 10 años», advierte para exclamar después, «¡lo de los neandertales en Murcia es muy fuerte. Murcia se está revelando como un centro de importancia internacional muy alta» y hace referencia a los últimos hallazgos publicados por Michael Walker con respecto a la Sima de las Palomas.
Dentro de la Cueva Antón.
«El hecho de que hayamos encontrado conchas que se usaban como colgantes y decoradas con pigmentos, así como una 'caja de colorete' -dice refiriéndose a una concha que no tenía orificios y que conservaba restos de maquillaje rojo con purpurina- que contenía una receta compleja de minerales de hierro utilizada como pigmento para maquillaje y huesos de caballo, que se usaban como punzón en otras civilizaciones, con resto de pigmentos...; todo junto, revela la capacidad de pensamiento simbólico de los neandertales, de representar ideas como la identidad de la persona», cuenta Zilhao, que no quiere dejar de reconocer el mérito de todos los investigadores que han participado en este trabajo, de la Universidad de Murcia, del Museo Arqueolgico de Cartagena y, especialmente de Ricardo Montes, «el primero que en 1985 excavó exhaustivamente en Los Aviones y que nos ha facilitado todo su material».
Por el momento, los materiales encontrados en ambas cuevas datadas en el Paleolítico Medio se conservan en la Universidad de Murcia y, según apunta Zilhao, se expondrán en un futuro en el Museo de Arqueología de Cartagena y en el Museo Arqueológico de Murcia.
Olisqueado en La Verdad.
Las casas-cueva de la zona de Los Casones siguen siendo testigos mudos de una época pasada en la que la necesidad obligó a vivir bajo la sierra.
Enlucidos y con algunas de las comodidades de la vida moderna.
Es como si el siglo XXI mantuviera la herencia de los modos de vida que desarrollaron los prehistóricos que habitaron lo que hoy se ha convertido en Patrimonio de la Humanidad: las cuevas del Barranco de los Grajos y La Serreta. Hablar en Cieza de casas-cueva es hacerlo de casones, que, según el glosario de la revista Trascieza, «son viviendas excavadas en la tierra, a modo troglodita, con algunos cerramientos exteriores de yeso y piedras que se localizaban en varios puntos de la falda meridional de la Sierra de Ascoy, en las inmediaciones de la Fuente del Ojo, agrupados en tres núcleos: El Losao, justo encima de la fuente, conocidos como Casones de la Fuente, a su izquierda, mirando desde la fuente, El Toledillo, y, a su derecha, El Realejo, detrás del cementerio».
En los años cuarenta y cincuenta del pasado siglo, como consecuencia del duro epílogo de la Guerra Civil, la escasez de viviendas en el pueblo obligó a más de 100 familias ciezanas -entre 600 y 800 personas sin techo, los casoneros- a vivir en estos abrigos abiertos en las paredes de la sierra, según relató en 2005 Jerónimo Villa Torá. Eran generalmente braceros, hilaores, picaoras y menaores, obreros adscritos a la industria espartera los que poblaban esta zona marginal del extrarradio ciezano.
Igualmente, con el tiempo, se abrirían tres casones más en la falda de la Atalaya, el del Tío Perico y, por encima de éste, los dos Casones del Castillo.
Éstos últimos se hallan actualmente deshabitados. Sin embargo, a pesar de que el ayuntamiento cegó y destruyó muchos de ellos en la Sierra de Ascoy hace unos tres lustros para evitar que fueran utilizados, en El Realejo todavía quedan siete de estas casas-cueva sin escriturar, aunque con luz eléctrica y pertrechadas con sus correspondientes electrodomésticos, que permanecen ocupadas principalmente por inmigrantes.
En estas zona rige un código particular. Traspasar la frontera era aventurarse en un terreno donde se aplicaba «la ley de los sin ley». En sus primeros tiempos, habitáculos sin retretes ni condiciones higiénicas donde la lámpara de aceite y el carburo iluminaban tristemente las noches breves ante la inminencia de los madrugones para trabajar. Territorios de personajes míticos como El Tusa o el gran patriarca Román El Gitano.
Con el paso del tiempo, fueron aliviándose las duras condiciones que ofrecían, pero aun así, hoy continúan siendo reductos de marginalidad, como si algunas cosas no hubieran cambiado a pesar de la era de internet.
Fisgoneado en La Verdad.
Los crevillentinos Antonio Pérez y Matilde Maciá exponen su particular colección de artesanía de esparto con miles de piezas.
Un matrimonio de crevillentinos, Antonio Pérez y Matilde Maciá, poseen un museo de artesanía a base de esparto e hilo. La pareja empezó a trabajar el esparto cuando el hombre se jubiló, hace once años, ya que sus padres vivían de él vendiéndolo o intercambiándolo por comida en la Vega Baja. Después de once años, el matrimonio expone en un cueva típica todo su trabajo en el que, además de alpargatas, gorros y capazos, muestran reproducciones en miniatura de columpios, una noria, un carro de helado o telares de alfombras.
En una típica cueva del popular barrio de la Salud de Crevillent, un matrimonio de jubilados, Antonio y Matilde, de 74 años de edad, ha dado vida a un verdadero museo de artesanía autóctona a base de artículos de esparto e hilo.
Como antaño hicieran sus padres, Antonio Pérez se ha dedicado, desde que se jubiló, a trabajar el esparto, una mata que recoge de la Sierra de Crevillent y con la que, junto con su mujer Matilde Maciá, ha sido capaz de realizar todo tipo de figuras artesanas. Primero, empezaron con los típicos capazos y alpargatas de este material, y después siguieron haciendo con el esparto cualquier objeto o cosa que se les pasara por la mente.
Como resultado de esta singular afición, y en la misma cueva en la que hace 74 años nació Antonio, el matrimonio ha instalado su museo particular con todas sus piezas de artesanía. Una cueva, pegada a su vivienda habitual, que abren y enseñan a tantas personas como estén interesadas en visitarla y conocer su trabajo de primera mano.
En el hogareño museo exponen miles de piezas hechas a base de esparto y hilo. Alpargatas, alfombras, gorros y capazos comparten protagonismo con reproducciones en miniatura de columpios, una noria, un carro de helados e incluso varios telares para fabricar alfombras. Además, Matilde ha confeccionado una serie de muñecas de hilo. Algunas de ellas son reproducciones de protagonistas de dibujos animados y personajes de películas.
El esparto y Manuel llevan unidos toda su vida. El crevillentino explicó que "yo nací en esta misma cueva, y durante toda mi vida he visto como mis padres vivían del esparto. Ellos lo recogían de la sierra y lo trabajaban para luego poder venderlo, o intercambiarlo por comida, en la Vega Baja". Antonio Pérez indicó que, "cuando me jubile, hace once años, empecé a hacer cosas con el esparto y, poco a poco, con mi mujer hemos logrado montar el museo".
Matilde Maciá aseguró que "tenemos muchas cosas guardadas porque ha llegado un momento en el que no nos cabe todo en la habitación de la cueva". El pequeño museo suele recibir visitas de vecinos de la localidad que lo conocen y llevan allí a personas conocidas. Matilde dijo que "mucha gente viene y quiere comprarnos algunas cosas, pero nosotros no vendemos. Lo hacemos porque nos gusta y no sabríamos ponerle un precio".
El trabajo del esparto no es fácil. Antonio aseguró que "para manejarlo bien tienes que conocerlo. Sólo así y con inteligencia puedes llegar a hacer lo que quieras con él".
Hasta la fecha, han sido varias las ofertas que el matrimonio de crevillentinos ha recibido para trasladar su trabajo hasta un museo pero, pese a su avanzada edad y que ninguno de sus cuatro hijos sigue, de momento, su tradición, consideran que la obra es suya y, por eso, sólo debe permanecer en su casa.
Fisgoneado en el Diario Información.
Excursión circular de cinco kilómetros en una isla vegetal que Yecla comparte con cuatro municipios alicantinos.
El Altiplano nos proporciona otra mirada: da la impresión de que todo está un poco más solo en unos paisajes que parecen estar lejos de cualquier parte. Eso le pasa a la Sierra de Salinas, un espacio natural de más de 4.000 hectáreas que comparten Yecla y los municipios alicantinos de Pinoso, Villena, Salinas y Monóvar. Desde sus miradores hay vistas despejadas de las sierras del Buey y del Carche, y a lo lejos se avistan montañas melladas por las canteras y extensos cultivos de viñedo. La Sierra de Salinas, pese a sus importantes valores medioambientales, no está blindada del todo administrativamente, ya que sólo disfruta de la condición de paisaje protegido. ¿Sus méritos? Albergar más de 800 especies botánicas (el 35% de las existentes en la Región) y dar cobijo a una amplia colección de aves rapaces (águila real, ratonero común, águila culebrera, azor, búho real, cárabo...). La cobertura vegetal está dominada por el pino, la carrasca y el madroño.
4.000 hectáreas dan para mucho, pero una buena manera de aproximarse por primera vez a este importante y solitario espacio natural es haciendo una excursión circular de unos cinco kilómetros con salida y llegada en el Aula de Naturaleza del Coto de Salinas, en el paraje de Las Colonias. Entre dos y tres horas de camino.
La boca de la Cueva del Lagrimal, fotografiada desde el interior.
Aula de Naturaleza.
Iniciamos la excursión en unas instalaciones municipales que acogen campamentos juveniles en verano y avanzamos por el camino que nos lleva hacia el paraje de Las Colonias: se llama así porque esta zona se repobló con colonos a principios del siglo XX. La experiencia fracasó, y las viviendas
-que siguen disfrutando sus descendientes- han quedado como recuerdo de unos tiempos difíciles en los que se trató de mantener un núcleo de población ganando terreno al monte.
En unos 800 metros nos salimos del camino y tomamos una senda por la derecha que pasa delante de una colonia y se interna en la sierra. Cuando tengamos vistas de la Piedra del Nichuelo habrá que tener cuidado con una senda que sale a la derecha, puede que cortada con unas piedras, y que nos llevaría hacia el barranco. Nosotros, cuesta arriba.
La senda se inclina muchísimo, lo que nos permite ganar altura rápidamente. En el siguiente cruce de sendas seguimos por la derecha. La vegetación se cierra ahora sobre el sendero, que se convierte en un bellísimo túnel vegetal. Pinos de gran tamaño cubiertos de líquenes y densas manchas de carrasca nos acompañan en este tramo de umbría donde se aprecian con facilidad las huellas de los jabalíes, que levantan terrones de tierra en busca de lombrices y raíces. El mojón que nos encontramos en un pequeño collado nos indica que entramos en el término municipal de Villena.
Cueva del Lagrimal.
La senda comienza a bordear un barranco que se abre a nuestra izquierda, y en un recodo avistamos la boca de la Cueva del Lagrimal, eternamente húmeda por la filtración del agua de lluvia sobre la roca calcárea, fenómeno que da lugar a un goteo incesante. Desde la cueva, a unos mil metros de altitud, se domina un amplio territorio, lo que explica que se haya documentado un gran número de asentamientos humanos en su interior a lo largo de 12.000 años. Más recientemente, fue escondite de bandoleros, entre ellos el mítico Jaime el Barbudo, y también sirvió de refugio durante la Guerra Civil. Todo el entorno de la cueva está catalogado como microrreserva botánica, así que vale la pena deternerse un rato para apreciar la enorme variedad vegetal que nos ofrece este lugar, uno de los pocos de la Región donde siguen creciendo los helechos en abundancia (y en otoño nos sorprenderá la gran cantidad de hongos que produce esta sierra). La senda sigue rodeando el monte y ganando altura, hasta alcanzar una zona más abierta y llana donde apreciamos restos de antiguos cultivos en pequeñas parcelas de olivos ganadas al monte.
Mirador de Rabassa.
Llegamos a una carretera, que seguimos hacia la derecha durante un kilómetro; entonces nos desviamos a la derecha para bajar hasta el mirador de Rabassa. De izquierda a derecha distinguiremos las sierras de Las Pansas, El Carche, El Serral, El Buey y el Monte Arabí. Volvemos al camino principal y progresamos por la pista, que se retuerce en curvas y contracurvas cortando laderas cuajadas de madroños. Pasado otro kilómetro, nos salimos a la derecha en una curva para dejarnos caer por una camino muy empinado, abierto seguramente para sacar madera. Si hemos sido previsores y llevamos bastones de marcha nos ahorraremos alguna que otra caída provocada por la piedra suelta. En unos 500 metros nos encontraremos de nuevo en el camino en el que iniciamos el recorrido, junto al Aula de Naturaleza.
Fisgoneado en La Verdad.
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Han finalizado las actuaciones previstas, para el presente año, en la Cueva Ahumada, tras haberse realizado un circuito de interpretación ambiental, con sendero superior a los quinientos metros, repoblándose, con pinos, los alrededores, nos informa la concejal de Medio Ambiente, Conchi Martínez..
Asimismo se ha instalado una red de extinción de riesgos forestales, mediante la instalación de hidrantes.
Próximamente y una vez concluida la II Fase de actuación de La Pilarica, se le dotará de las mismas infraestructuras, en materia de prevención de incendios, con las existentes en la Cueva Ahumada, Paraje en el que, también, se ha instalado una estación meteorológica.
La inauguración de estas consecuciones se llevará a efecto el próximo 29 de noviembre a las doce de la mañana.
Prensa Ayto. de Callosa del Segura.
El concejal de Turismo, Francisco Abril, y el director del Museo Arqueológico Municipal, Francisco Peñalver, han asistido en Mula a unas jornadas sobre gestión turística de pinturas rupestres declaradas ‘Patrimonio de la Humanidad’, en las que han adquirido conocimientos para poner en valor las pinturas de la Peña Rubia, situadas en la Cueva de las Conchas, la Cueva del Humo y la Cueva de las Palomas.
Este taller ha sido muy productivo, ya que en él se ha explicado el procedimiento a seguir para convertir estas primeras manifestaciones artísticas en focos de turismo cultural, así como las subvenciones que pueden solicitarse para su conservación.
Según Francisco Abril, “las cuevas de la Peña Rubia, o más concretamente las pinturas rupestres que se encuentran ellas, junto al resto de pinturas rupestres del arco mediterráneo, son el único Patrimonio Mundial, declarado por la UNESCO, con el que cuenta la Región de Murcia, y probablemente con el que vaya a contar durante mucho tiempo. Tenemos que poner en valor este legado para poder darlo a conocer y hacerlas visitables. Desde el Ayuntamiento vamos a poner en marcha las actuaciones necesarias para que cuanto antes algunas de estas cuevas puedan ser visitadas y se conviertan en un recurso turístico más de la localidad”.
Prensa Ayto. de Cehegín.