El río del arroz.
1/10/2010 | Author:

15 kilómetros inolvidables caminando junto al Segura entre el Cenajo y El Maeso.

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Un senderista contempla la vega del río Segura entre El Hondón y la aldea hellinera de El Maeso.

De Murcia capital hacia arriba, casi cualquier tramo del río Segura depara una excursión recomendable; de Cieza hacia arriba, sin embargo, cada palmo del cauce es una fiesta para los aficionados a recorrer los espacios naturales. Por eso apetece remontar el cauce una y otra vez para disfrutar del espectáculo que ofrece un río limpio y vivo.

Anoten esta propuesta, si es que no la conocían ya: del pantano del Cenajo hasta El Maeso caminando junto al río a lo largo de 15 kilómetros en los que el Segura hace de frontera entre Murcia y Albacete. Avanzaremos por el término municipal de Moratalla hasta que crucemos el río en El Hondón, más o menos en la mitad del camino, para terminar nuestra caminata en una aldea de Hellín, donde debemos tener la precaución de dejar un coche para así no tener que hacer de nuevo a pie el camino de vuelta.

Partimos desde la pista forestal que nos encontraremos al pie de la presa, bajo el Collado del Águila, y que acompaña al río por su margen derecho. Pasamos junto a la presa de Machuca y, cuando llevemos dos kilómetros, avistaremos a nuestra derecha la Sierra de Cubillas. Nos internamos en el paraje del Cenajo y superamos un vetusto puente de madera casi completamente oculto por la vegetación, que se adueña de cada palmo libre. Veremos también la Casa del Cenajo y los primeros arrozales, que ya nos acompañarán a lo largo de casi toda la excursión.

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Arrozales en barbecho en El Maeso.

En el kilómetro 4,5 podemos descansar un poco en el área recreativa de La Mina, donde encontraremos mesas y asientos de piedra, una barbacoa y juegos infantiles.

A partir de este punto, la pista forestal se eleva sobre el río, que volveremos a encontrarnos en la piscifactoría. Desde aquí seguimos hacia El Hondón, una finca arrocera situada en el kilómetro 8 de nuestro recorrido. Precisamente en El Hondón tenemos que abandonar el camino principal, que se aleja del cauce y sube por la Sierra de Pajares; nosotros tenemos que buscar otro camino que baja hasta el Segura para cruzar el río y continuar por el margen opuesto.

La amplia vega del río riega en esta zona grandes arrozales y cultivos de frutales, junto a casas de labor perfectamente integradas en el paisaje. Parece que los habitantes de este paraíso han tenido mucho cuidado de no agredir un entorno tan bello y valioso.

La pista nos lleva junto a las fincas de La Hoya y La Chamorra hasta El Maeso, donde acaba nuestro recorrido.

Olisqueado en La Verdad.

Excursión de 13 kilómetros entre Hellín y Moratalla siguiendo el rastro del general cartaginés.

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Panorámica del río Segura entre las fincas de La Chamorra y La Hoya, aún en el término municipal de Hellín.

Sucedió en el año 218 antes de Cristo, pero en este supertecnificado y casi virtual siglo XXI aún podemos seguir el rastro de una de las expediciones más fabulosas de la Historia (con mayúsculas): la que protagonizó el general cartaginés Aníbal con su ejército de 90.000 infantes, 12.000 jinetes y 37 elefantes con el objetivo de conquistar el norte de Italia. Desembarcó en Cartagena (entonces Carthago Nova) para atravesar Hispania y cruzar los Pirineos, y aunque existen muchas lagunas acerca de su periplo ibérico, sí conocemos algunos de los lugares por los que pasó.

El curso alto del Segura fue un paso natural que aprovechó el general cartaginés para progresar con su poderoso contingente militar hacia el norte de la península. Y persiguiendo esa estela histórica podemos hacer una excursión legendaria caminando junto al río por tierras de Moratalla y Hellín en un recorrido circular de 13 kilómetros. La primera parte de nuestro itinerario transcurre por tierras de Castilla-La Mancha, desde la aldea de El Maeso, siguiendo el curso del río por el histórico Camino de Aníbal; y regresaremos por el monte siguiendo el sendero GR 127, pisando ya el término de Moratalla.

Nuestro punto de partida es la aldea hellinera de El Maeso, a sólo unos cientos de metros en línea recta de la pedanía moratallera de Salmerón, que veremos al otro lado del río. Arrancamos desde el camino ancho que discurre junto al cauce y llegamos, unos 3.5 kilómetros después, a la finca de La Chamorra, donde podemos hacer una parada para contemplar las choperas y una curiosa infraestructura hidráulica: una minicentral construida para subir el agua hasta otra propiedad, El Tesorico (la empresa fue un fracaso).

Territorio de la nutria

Volvemos a la pista y seguimos avanzando, con la Sierra de Pajares a nuestra izquierda, para encontrarnos en una curva (k. 4.5) con un cartel señalizador del Camino de Aníbal. En este cruce seguimos por la izquierda buscando el río, que avistaremos desde un alto, junto a otra curva, en una zona donde disfrutaremos de una panorámica magnífica. Entramos ya en el territorio de la nutria, de la garza real, del águila perdicera y de la cabra montesa, donde la gente del campo ha sabido convivir con la naturaleza sin agredirla: en fin, que para subsistir se ha servido de los recursos naturales sin abusar de ellos. Esa sensación tenemos cuando pasamos junto a la finca de La Hoya (km. 5), con sus enormes pinos carrascos y su modesta casa de labor, y llegamos hasta los arrozales de El Hondón.

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En este punto giramos hacia la derecha en dirección norte, siguiendo el curso de una acequia árabe aún en uso, y pasamos junto a la casa de la finca (km. 7). Trescientos metros más adelante llegamos a uno de los hitos más divertidos de nuestro recorrido, porque tenemos que cruzar el río para seguir avanzando. En ausencia de elefantes, conviene echar unas sandalias de plástico en la mochila. El agua está todavía fría, aunque lo normal es que no cubra más arriba de la rodilla. Un momento para hacernos una foto y reírnos después recordando el trance.

Después de vadear el Segura hay que rodear un sembrado buscando el margen contrario, ya en el término municipal de Moratalla. Acompañamos la corriente y pasamos junto a una plantación de pinos carrascos que ocupa la parcela de una chopera ya desaparecida, y alcanzamos la señalización con marcas rojas y blancas del GR 127 (km. 8.6).

Abrigados por la Sierra de Pajares, éste es un buen lugar para descansar mientras nos comemos un bocadillo: hay amplias zonas de sombra y tenemos el río a mano para refrescarnos o darnos un baño. Para el camino de regreso abandonamos el río y seguimos la estrecha senda del GR 127 que sube por la sierra. En los primeros 50 metros nos encontraremos con una fuente de agua termal, rodeada de enormes baladres, donde se revuelcan los jabalíes. El sendero nos lleva por el perfil de la montaña, con vistas al río en todo momento, en dirección a la Presa del Rey, donde se alimentan las acequias de Las Minas y Moharque.

En el último tercio de la excursión descendemos a una zona de vega conocida como Soto de los Caballos, y el camino nos va enfilando hacia la aldea de Torrearenas, desde donde podemos cruzar el río de nuevo (mojándonos los pies) para terminar en El Maeso.

En el caso de que queramos acortar un poco la excursión y prescindir de este último tramo, tenemos una alternativa: desde el punto en el que aprovechamos para descansar, podemos vadear el río para acceder de nuevo a la finca de El Hondón y regresar hasta El Maeso por el mismo camino de la ida. No hay pérdida posible.

Las crónicas cuentan que Aníbal perdió 36 de sus 37 elefantes y un ojo en su aventura, después de atravesar Hispania y la Galia superando los pasos de los Pirineos y los Alpes. Nosotros sólo nos arriesgamos a perder peso emulando cómodamente parte de su mítico itinerario. ¿Verdad que vale la pena?

Fisgoneado en La Verdad.

El autor hellinero presentó ayer su nuevo libro, 'Bestiario urbano', una crítica social en clave satírica.

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Ayer fue presentado en Hellín Bestiario urbano. Bestias humanas: Los monstruos y mutantes del siglo XXI, el nuevo libro del escritor e investigador hellinero José Antonio Iniesta. Se trata de una crítica social satírica al estilo de los bestiarios medievales. Un reflejo de las miserias y contradicciones humanas a través de cuarenta personajes arquetípicos.

-¿Qué va a encontrar el lector en esta obra?

-En cuanto a la forma, es una obra escrita al estilo de los bestiarios medievales, las galerías de monstruos fabulosos. En lo que a su contenido se refiere, es una crítica social del mundo en que vivimos, un mundo que a veces nos hace decir: «¡Vaya fauna!»

-¿Quiénes son los monstruos del siglo XXI?

-En el libro hay cuarenta personajes que muestran el esperpento, lo patético, lo morboso, lo mezquino, lo deleznable de esta sociedad. Es una visión exagerada de nuestro mundo, en el que abundan los engaños, los timos. Es una reflexión sobre la sociedad en la que vivimos.

-Pese a lo crudo de sus planteamientos, el tono del libro es ligero.

-Si, hay mucho sentido del humor en las páginas de este libro. Es una obra satírica, surrealista, una forma de terapia. Es una visión de la realidad llevada al límite, aunque a menudo la realidad supera la ficción. De hecho, el lector se va a dar cuenta de que no exagero. Quiero que sirva para reírnos de nosotros mismos, de cómo somos a veces.

-¿Por qué decide usted escribir precisamente este libro?

-Porque observo lo que está ocurriendo. Por ejemplo, cuando enciendes la televisión y ves a personajes patéticos que no ofrecen nada. O cuando te das cuenta de que imperan en nuestra sociedad principios como el tiempo es oro, si te he visto no me acuerdo, el braguetazo o el pelotazo.

-Una labor de denuncia.

-Así es. A veces hay que levantar la tapa de la cloaca. En realidad, ahí nos reflejamos todos. Los personajes del libros son especímenes, híbridos de seres humanos y animales. No nombro a personas ni a instituciones, sólo perfiles, arquetipos. Reconocibles, eso sí.

-En medio de esa visión tan pesimista, ¿hay motivos para creer en el ser humano?

-Yo soy una persona con un optimismo enorme, estoy absolutamente convencido de la existencia de gente maravillosa en nuestra sociedad. Este libro no define el conjunto de mi pensamiento, es solo una gota en el mar de mi obra.

Fisgoneado en La Verdad.

La Gran Vía se convertirá el 12 de octubre en escenario de un monumental concierto a base de motores de explosión, tambores, metales y pirotecnia.

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El domingo 12 de octubre, a las 22.00 horas, la Gran Vía de Murcia será escenario de la última aventura acústica de Enrique Máximo y el prestigioso compositor valenciano Llorenç Barber en el concierto que pondrá el punto y final al hoy aún incierto Festival Alter-Arte'08.

Será una cita en la que entrarán en armónica concertación el instrumento más representativo del siglo XX, el motor de explosión en muchas de sus variantes, y los elementos más singulares de la tradición sonora del antiguo Reino de Murcia: tambores (de Hellín, Mula y Agramón), metales y voces humanas, es decir, «la piel, el mineral y lo racional», anuncian desde la Consejería de Cultura.

Durante una hora, los cuatro carriles de la calle estarán ocupados por otras tantas líneas de vehículos. Las dos líneas centrales se reservarán para vehículos estacionados o fijos, es decir para las manifestaciones usuales de la vida cotidiana: coches de época, autobuses, camiones de basura, de limpieza viaria y turismos privados.

Los otros dos serán para los vehículos móviles: Bomberos, Policía Local y Nacional, Guardia Civil, Protección Civil y ambulancias, que harán uso de sus cláxones y luces, al igual que los estacionados, y de sus sirenas de alarma. «Girarán en sentido contrario a las agujas del reloj, el ascendente, para visualizar el eje que vertebrará los tres niveles de intervención musical: suelo, entresuelo y cielo, lo mismo que inmortalizó Belluga en su célebre frase al tomar posesión de la Diócesis de Cartagena». Además, grupos de coros y metales, a diversas alturas de la céntrica calle, intervendrán en la obra a intervalos previstos por el compositor.

«Bicicletas y patinadores, a modo de orugas y libélulas, con su libertad y sutileza, servirán de contraste a la mecánica rotundidad de los motores», han explicado desde Cultura.

Y sumándose a esto, y por encima de todo, ráfagas secuenciadas de silbidos y pirotecnia culminarán el concierto en cuatro minutos finales de ininterrumpidas series de carcasas en rojo, ámbar y verde (colores universalmente asignados a los semáforos que rigen el tráfico) que, desde el Puente Viejo y con restringido alumbrado público a lo largo de la calle «para dar la idea de sala de concierto, servirán de espectacular telón de fondo y cierre de tan atrevido e irrepetible espectáculo».

Multiforme carrusel

Así, la clausura de Alter-Arte será «un multiforme carrusel que hunde sus raíces en la tradición romana del circo, se reinterpretó en el barroco a través de las naumaquias con carruajes de Piazza Navona, y ahora, en nuestro tiempo y con el precedente de la magistral zarzuela homónima de Chueca y Valverde, lo presentamos al veredicto del auditor/espectador, intentando poner en armónica evidencia la disputa entre el pasado y la modernidad que supuso para la medieval trama urbana de Murcia la apertura de la Gran Vía», han detallado fuentes de la Consejería de Cultura.

Ojeado en La Verdad