El recinto de los Huertos del Malecón y la VI Muestra del Vino y Alimentación triunfan en la Feria.
Los recintos folclóricos de los Huertos del Malecón de la VI Muestra del Vino y Alimentación son desde el jueves uno de los focos principales de atracción para el público de Murcia, deseoso de recrearse con las distintas demostraciones gastronómicas y platos de la cocina regional que todos los días se sirven en sus mesas.
El alcalde de la ciudad, Miguel Ángel Cámara, junto al pregonero de la Feria, el decano de los abogados Pedro Luis Sáez López, y miembros del Equipo de Gobierno, inauguraron ayer oficialmente las instalaciones gastronómicas de El Malecón tras el disparo de un gran castillo de fuegos artificiales que encendió de luz y color el cielo murciano al borde del Segura. Decenas de vecinos aplaudieron el disparo, a cargo de la Asociación de Pirotécnicos de la Región.
En la Muestra de Vino y Alimentación, el restaurante Carnivore de Terra Nature despierta la curiosidad del público con su oferta de degustaciones a base de carnes exóticas. Anoche ofrecieron pastel de pato con guisantes finos, crema de queso con pimienta roja y melón envuelto en una capa fina de pez ahumado, brocoli y vinagreta de limón y coco. Su cocinero, Fran Rebollo, prepara también tapas con carne de canguro, bisonte, cebra y avestruz.
Las catas de vinos de las denominaciones de origen de Yecla, Jumilla y Bullas son también un gran atractivo en la muestra, junto a las degustaciones que las distintas queserías y restaurantes murcianos ofrecen.
En Los Huertos de los grupos folclóricos se puede degustar la cocina tradicional murciana. Para coronar la cena, no faltan los clásicos paparajotes ni el cafe de olla.
La Torre Caradoc reproduce en su fachada el huerto de La Esperanza, frente al veterano huerto Virgen de la Vega, que dirige Milagros Carrasco. Sus boquerones huertanos, a base de pimiento rebozado, son todo un éxito.
En el huerto Santiago se pueden degustar la afamadas flores de breva, frutas de sartén que son toda una delicia para el paladar. En el recinto del Museo de la Huerta, El Lirios ofrece sus platillos volantes. En el huerto de Alhama hacen una excelente sémola y en el Aires de Murcia, no faltan las patatas con ajo ni los michirones. En el de San Basilio, lomos, longanizas y morcillas saben a gloria. Rebujitos y pescaito frito sirven los rocieros, que todas las noches registran colas.
Hay platos para todos los gustos, recetas de ayer y de siempre que alegran el paladar de murcianos y de los muchos visitantes, noche tras noche. Además hay actuaciones gratuitas para alegrar los oídos todas las noches.
Muchas gracias a la Peña Huertana La Menta de Casillas por poder realizar las fotografías de sus Platos Gastronómicos Huertanos. Esperando puedan hacer disfrutar a todas y todos los visitantes de su Ventorrillo.
Ojeado en La Verdad.
El típico ventorrillo, situado en el cruce de antiguos caminos de Beniaján, deja definitivamente de servir chatos de vino después de 150 años de historia.
DESPEDIDA. El pedáneo de Beniaján, Francisco Hernández, bajo el rótulo de 'La Nueva Parra'.
Ya no pararán los carros con la burra, ni ahora los coches, en el merendero La Nueva Parra. El alboroque a los difuntos y la reunión de todas las noches de los jueves cumpliendo el ritual los hombres para discutir el precio de las patatas, charlar de las huertanas a las que la edad ya les llega para ser casaderas, o el revuelto de anís paloma al alba, es ya historia. Este mismo mes de agosto, justo ciento cincuenta años después de que abriese por vez primera La Parra ha cerrado sus puertas para siempre.
Era de esas tabernas de pueblo. El parral que había en la puerta de acceso al recinto le dio nombre al establecimiento. Abrió sus puertas a mediados del siglo XIX en la Calle de la Cacarruta, ahora rebautizada como Calle del Merlo, situada en pleno centro del casco urbano de Beniaján, pero que en aquellos tiempos era lugar céntrico del pueblo y cruce de caminos y sendas, los que venían del Caminico, o de del Camino de los Leales; también quienes se acercaban de la huerta al toque de la parroquia de San Juan tenía como lugar obligado de parada la taberna La Parra para tomar un chato de vino, siempre de Jumilla.
Era un establecimiento con olor a mesas de troncos de morera y sillas ensogadas de anea, con las paredes del local limpias como los chorros del oro, y no era para menos, pues se había adecentado con azulejos de adornos siguiendo la tradición árabe.
Como ocurre con algunos negocios, en este caso también pasó de herencia, en esta ocasión a José Riquelme Marín, cambiando sólo el nombre, La Nueva Parra, ventorrillo que ha continuado manteniendo exactamente la misma estructura del local y también las recetas del puchero: ternera en salsa, lengua estofada, patatas al ajo cabañil, costillas a la brasa, eran platos obligados de tomar; y eso sí, las cabezas de cordero asadas al horno, tal cual hacía más de cien años aquellos viejos abuelos y hombres de la huerta llevaban a casa como obsequio a sus mujeres después de la obligada tertulia de los jueves.
Pero los tiempos pasan, se emprenden nuevos negocios, a los nuevos retoños no les importa que el parral continúe echando nuevos tallos de uva, pero ellos buscan nuevos oficios, menos esclavos detrás del mostrador.
A la clausura asistieron las fuerzas vivas del pueblo: el alcalde pedáneo, miembros de la Junta Vecinal, representantes de distintas asociaciones y hasta el cura del pueblo no quiso perderse el chato de vino, aunque estuviese sin bendecir, pero ha sido el último brindis. La Nueva Parra ya no echará nuevos zarcillos para asar cabezas de cordero. Las puertas se han cerrado cumpliendo 150 años de historia.
Una vez más tenemos que asistir a la despedida de un establecimiento que ha sabido ser el escaparate de una Región de esencia huertana como era su carta gastronómica y de vinos. Pero lamentablemente 150 años de Historia tras varias generaciones se nos esfuman, gracias y principalmente a que se nos ha vendido el boom del éxito rápido, que la vida son dos dias, mientras nuestros antepasados solo pensaban en sobrevivir y poder poner la mesa todos los dias aunque fuera del plato equivocado que le habían llevado al cliente que siempre y como fuera siempre tenia la razón, pues el, es el que traía la riqueza a casa aunque fuera por un chato de vino de Jumilla rebajado con agua rica y transparente de mejores tiempo del Segura.
Solo me queda desearles toda la suerte del Mundo para esa generación que no ha querido continuar en un establecimiento que no ha tenido que utilizar ningún marketing para llegar a sobrevivir 150 años. Más que la simpatía y el agrado con el que recibían al cliente habitual o al de paso por la pedania camino del mar o de regreso para casa. Si Señor no existe mejor marketing que el trato cercano al cliente y el buen humor con el que estas personas día a día. Durante 54750 días han atendido varias generaciones a los clientes que al ventorrillo han querido descansar o comer.
Muchas gracias por ser durante tantos años una sincera y cercana imagen de lo que hemos sido los murcianos. Y no la imagen que queremos vender cuando no sabemos si queremos vivir del Turismo o del Ladrillo.
Ojeado en La Verdad.