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El consejero de Cultura y Turismo, Pedro Alberto Cruz, presentó ayer, junto al director general de Bellas Artes, Enrique Ujaldón, y el director del Centro de Restauración, Francisco López-Soldevila, el escudo heráldico que presidía la fachada del molino perteneciente a la familia López-Oliver, en la pedanía murciana de Aljucer.

Cruz explicó que el escudo, que permanecerá expuesto en el Museo Arqueológico de Murcia hasta su traslado a Aljucer, «es uno de los principales elementos de toda la heráldica de la Región de Murcia por su valor histórico, artístico y cultural». Cruz indicó que su ubicación definitiva debe ser Aljucer, en un espacio que permita su conservación interior y que en el caso de que se quisiera exponer al aire libre «tendría que ser bajo la condición de hacer una reproducción porque el escudo no puede sufrir más daños».

Por su parte, Pedro Fernández, presidente de la Asociación Juvenil Villa de Aljucer y activista pro-patrimonio comentó que «no descansaremos hasta que veamos de nuevo el escudo en Aljucer, en un Molino de Oliver restaurado y recuperado para todos los murcianos, como marca la legislación y como se merece el pueblo».

Olisqueado en La Verdad.

Antonio Barberá se convierte en el primer juez de Aguas vitalicio en un emotivo acto en el que recibió la medalla de oro, mientras que el ex síndico Ramón Mazón se colgó la de plata.

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Antonio Barberá.

Los herederos y mantenedores de la huerta centenaria de Orihuela vivieron ayer uno de sus días grandes y difíciles de olvidar. En un acto celebrado en la antigua Lonja se impuso la medalla de plata al ex síndico, Ramón Mazón Gilabert, y la medalla de oro al ex juez de Aguas, Antonio Barbera Seva, a quien también se le reconoció la condición vitalicia de Juez honorario, la primera vez que la distinción ha sido otorgada desde fue creado el Juzgado, en el siglo XIII.

El salón de la Lonja registró un lleno total. Allí estaban el vicepresidente del Consell y conseller de Medio Ambiente, Juan Cotino, la conseller de Agricultura, Maritina Hernández, la alcaldesa de Orihuela, Mónica Lorente, el actual Juez de Aguas, Jesús Abadía, el comisario de Aguas de la Confederación Hidrográfica del Segura, Manuel Aldeguer, o el director técnico de este organismo, Joaquín Ezcurra, entre otros representantes de regantes y varios alcaldes.

"Se trata de un acto de justicia y gratitud hacia estos hombres cuya vida ha estado al servicio del agua, del juzgado y de sus regantes", señaló Jesús Abadía, quien destacó que entre ambos homenajeados suman casi un siglo al servicio de los agricultores.

Sobre Barbera subrayó que "siempre has sido un ejemplo, me has dejado un camino fácil por tu labor. Eres un espejo al que mirarme. Por eso siempre serás el juez de Aguas". Refiriéndose a Mazón afirmó que, aunque el juez siempre se ha llevado los honores, "tu gestión como segundo tiene igual valor".

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Imágenes del homenaje que el Juzgado Privativo de Aguas de Orihuela rindió ayer a dos de las personas que más han trabajado y luchado por el futuro de la Huerta.

Reclamó, dirigiéndose a los responsables políticos presentes en el acto, "un apoyo incansable" para contra con recursos hídricos. Mónica Lorente tampoco ahorró elogios para los dos homenajeados y calificó a Ramón Mazón como "lugarteniente de Barberá, una pareja indisoluble que ha trabajado por su tierra y por los agricultores desde esta institución milenaria". Respecto al ex juez de Aguas destacó su talante justo y dialogante, siempre buscando el consenso.

El secretario del juzgado de Aguas Aníbal Bueno hizo lectura del acuerdo unánime del Heredamiento General de la entidad concedido a los dos homenajeados, reseñando que se trata de "unos nombramientos de carácter excepcional".

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Por su parte la consellera de Agricultura, Maritina Hernández, destacó la lucha, el esfuerzo y la dedicación de los regantes del Bajo Segura por el buen uso del agua y por su forma de entender la sociedad". Por otra parte, Juan Cotino, señaló ayer tras una reunión con los regantes que "la solución de los problemas de déficit hídrico de la Vega pasa por dos soluciones: el mantenimiento del trasvase Tajo-Segura y el trasvase del Ebro". Cotino señaló que "garantizar agua en esta comarca es el tema esencial que debería recoger el Plan Hidrológico de la cuenca y que todavía no aparece en el documento".

´La entrega de la medalla es el culmen de una trayectoria´

Visiblemente emocionado, Antonio Barberá se dirigió a todas las personas presentes en el acto de ayer advirtiendo que "lo más difícil para mí siempre ha sido ponerme delante de un micrófono. Ir a hablar con los conselleres ha sido más fácil, aunque en esta vida uno tiene que enseñarse a todo".

Tras calificar el acto de "bonito" y hablando también en nombre Ramón Mazón, aseguró que "nunca hemos hecho nada que no nos correspondiera. Sólo lo que debía hacer" por eso, "no nos merecemos esto (el homenaje)", y recordó que en una ocasión un gobernador le dijo lo que tenía que hacer, pero "le dije que me debía a mis regantes y al juzgado, y de ahí me llevó como asesor suyo".

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Agradeció a los regantes la confianza que han demostrado hacia él durante los 24 años que ha estado al frente del Juzgado de Aguas y los 35 años participando en su gestión.

"Para los dos (homenajeados) la entrega de las medallas es el culmen de una trayectoria. Más ya no podemos pedirle a nuestro Juzgado y me habéis demostrado que todavía sois mis amigos", expuso el ex juez de Aguas, quien quiso compartir el galardón recibido con muchos síndicos que "ya no están por motivos de elecciones o por otras causas forzadas (fallecimiento), así como con los que nos han ayudado tanto", las administraciones autonómicas, central y local.

A la distinción que recibió ayer Antonio Barberá se unen la Medalla de Oro de la Ciudad de Orihuela, otorgado por el Pleno del Ayuntamiento y la Gran Cruz de la Orden de Jaime I, que le otorgó el Consell de la Generalitat Valenciana.

Otros reconocimientos a su labor han sido los otorgados recientemente por el Ministerio de Agricultura o la Medalla de Plata de la Federación Nacional de Comunidades de Regantes de España (FENACORE).

Olisqueado en el Diario Información.

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Estimados amigos.

Como recordaréis, hace ahora 2 años vivimos una intenta lucha por nuestro patrimonio, una lucha contra la destrucción de uno de los símbolos de nuestro pueblo, Aljucer, que se convirtió en un referente por la lucha por el patrimonio de la huerta y por la supervivencia de las acequias como un paisaje cultural, un ecosistema vivo y un patrimonio histórico milenario.

Esta lucha continua, en las administraciones y en los tribunales, y generó un movimiento por el patrimonio de la huerta de Murcia que generó la colaboración de diversas asociaciones, la propuesta de proyectos de restauración y recuperación de distintos puntos singulares de nuestra comarca, y la conciencia ciudadana de que estábamos dejando perder páginas de nuestra historia sin ninguna razón para ello.

Ahora que se han cumplido 2 años del intento de derribo del Molino de Oliver (protegido en el PGOU), y la destrucción parcial de su escudo heráldico catalogado como Bien de Interés Cultural (BIC), queremos conmemorar esta fecha, pero con un tono festivo y reivindicativo.

Festivo porque aquellos que intentaban destruir completamente el Molino no lo han conseguido, los tubos fueron retirados de la Acequia Mayor de Barreras, y lo más importante del Molino, su base y su cimentación, los 4 canales por los que discurre el agua y donde estaban las turbinas, siguen en pie como llama que nadie consigue apagar.

Y reivindicativo porque nos queda camino por delante. Hay que conseguir la restauración y reconstrucción del Molino, la recolocación del escudo heráldico en su lugar original (como marca la legislación), la restauración del cauce y los quijeros en su estado original, y lo más importante de todo, que los culpables de este delito contra el patrimonio paguen por ello, como ejemplo también para aquellos que quieran volver a intentar destruir nuestro patrimonio.

También reivindicamos la conservación, protección y puesta en valor de todo el patrimonio de nuestras acequias y de la huerta. Molinos, ceñas, puentes, acueductos, ..., se encuentran en un estado de dejadez y abandono que no se puede permitir. Las acequias están llenas de basura, con los quijeros rotos, abandonadas, y muchas de ellas con proyectos de entubamiento. Las administraciones no pueden seguir rechazando los proyectos de restauración y conservación tanto de las acequias como de las construcciones, es algo que no puede seguir pasando.

Por todo esto, os invitamos a que el próximo sábado 16 de enero nos acompañéis en Aljucer, junto al Molino de Oliver, para celebrar una Fiesta del Patrimonio, conmemorando el Segundo Aniversario del Intento de Derribo del Molino de Oliver, así como el Segundo Centenario de la Batalla de Aljucer, hecho en el que nuestros vecinos de aquella época, junto a habitantes de los pueblos colindantes, mostraron su unión contra la invasión francesa, dándonos un buen ejemplo de unión social ante la dejadez de algunos de sus gobernantes.

Tenemos un programa de actividades preparado. Una exposición fotográfica sobre la huerta y el patrimonio estará todo el día para que contemplemos lo que está pasando en Murcia y en su Huerta. La mañana la dedicaremos a los niños y también a realizar visitas guiadas al Molino y a nuestras acequias.

Por la tarde, comenzaremos con una degustación de productos tradicionales, y también con música de nuestra tierra. Os invitamos a aquellos que toquéis algún instrumento, a venir con él para participar en esta actividad. Y terminaremos con el acto central, en el que recordaremos los hechos sucedidos hasta ahora, y expondremos nuestras reivindicaciones.

Os adjuntamos el cartel de esta fiesta, para que lo tengáis y podáis difundirlo entre todos aquellos que queráis.

Gracias por vuestra atención y colaboración.

Os esperamos.

Pedro Jesús Fernández Ruiz

Presidente AJVA

Asoc. Juvenil Villa de Aljucer.

Cuenta con un total de diez conferencias que serán ofrecidas por profesores universitarios y geógrafos de distintos lugares de España.

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"La huerta, un paisaje singular infravalorado", es el título del ciclo de conferencias organizado por la Cátedra Arzobispo Loazes de la Universidad de Alicante que tendrá lugar entre el 12 de enero al 16 de marzo en el salón de actos del Instituto de Educación Secundaria (IES) "Antonio Sequeros" de Almoradí.
El ciclo enmarcado dentro de las V Jornadas en Defensa de la Huerta cuenta con un total de diez conferencias que serán ofrecidas por profesores universitarios y geógrafos de distintos lugares de España.

Se presentan bajo estos títulos: "La estructura del paisaje de la huerta", a cargo de Francisco Galiana; "Agricultura versus marjal", "El largo camino del paisaje del Bajo Segura", por Remedios Muñoz; "Los cambios ambientales en la evolución del paisaje del Bajo Segura", presentada por Pablo Giménez; "La importancia de la agricultura para el mantenimiento del ecosistema en el caso de la comunidad de Regantes Los Carrizales de Elche", por Juan Miguel Montaner; "Transformaciones recientes en las pequeñas huertas de los afluentes del río Segura, espacios de tradición y de gran valor paisajístico" a cargo de Ramón García; "La gestión de los paisajes ecoculturales" por Luis Alfonso Hortelano; "La relación espacio rural-urbano" por Pablo Martí;

"S.O.S. la huerta en peligro", por José Ruiz; "La defensa de la huerta como lucha contra la corrupción" por José Sanmartín, y "Huerta, agua y poder político" por Antonio Martínez Marín. Los coordinadores del ciclo son Jorge Serna y Gregorio Canales ambos. En la anterior edición de las Jornadas de Defensa de la Huerta se hizo público un manifiesto donde se pedía la conservación y puesta en valor del regadío tradicional.

Olisqueado en el Diario Información.

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La Federación Española de Sociedades de Nutrición, Alimentación y Dietética (FESNAD) ha invitado al municipio de Molina de Segura a participar en su II Congreso, en Barcelona, para que dé a conocer el Programa de Prevención de Obesidad Infantil y Juvenil. En el programa participan 21 de los 22 centros educativos con comedor de la localidad, en los que se sirve a diario menús que constan básicamente de ensalada, guiso tradicional como plato único, pan y fruta. La experiencia ha supuesto que el 100 % de los 4.000 niños que acuden a los comedores coman a diario fruta y verduras, sin que se registren casos de resistencia a los tres meses de comenzar el programa. El coordinador del centro de salud Jesús Marín, Juan Francisco Menárguez, será el encargado de exponer la experiencia de Molina de Segura.

- ¿Cuáles son las claves del éxito del programa contra la obesidad infantil?

- Lo más novedoso es el espíritu de colaboración entre el Ayuntamiento y los profesionales sanitarios y de los centros docentes, que se han sentado juntos para diseñar un plan de actuaciones de carácter intervencionista.

- Llama la atención que, al poco de iniciarse el programa, 4.000 niños coman fruta y verdura sin apenas resistencia...

- Es sorprendente, al pensar que los niños iban a ser reticentes, pero la receptividad ha sido alta. Al principio, pudo costar más trabajo porque había que sacarlos de ciertos hábitos, pero la aceptación ha aumentado progresivamente. A los padres se les ofrecen menús complementarios.

-¿Pretenden ampliar este programa a los alumnos de Secundaria?

- Pretendemos introducir un cambio cultural y global en el municipio. En este caso es más complicado, pero hay otras alternativas como el ejercicio físico o los paseos saludables.

- Por tanto, ¿los menús saludables sólo son una parte del programa?

- La modificación de menús ha sido un proceso y es una parte. La idea es promover actividades sanitarias que pretenden potenciar ese cambio cultural cuyo objetivo final es acabar con el sedentarismo y esta lacra social que es la obesidad.

- Como ponente, ¿cuál será su aportación en el congreso de Barcelona?

-Para que algo tenga un impacto real hay que hacer un trabajo de seguimiento y por ello nosotros valoramos el punto de partida y cuáles eran los hábitos de los niños, todo ello relacionado con la nutrición, ejercicio físico. Es fundamental que el programa aborde todos los apartados e implique a todos los profesionales. Es lo más novedoso por su carácter multidisciplinar.

Olisqueado en La Verdad.

David vuelve a vencer a Goliat. El Tribunal Supremo da la razón a un pastor de Jumilla y paraliza un ambicioso proyecto urbanístico.

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Hasta el GPS enloquece en la Herrada del Tollo. Como los sentidos. A los pies de los montes de la Umbría del Acebuchal te envuelve la quietud, la brisa, el sol... y los balidos de las 500 ovejas, cabras, corderos y carneros del rebaño de Pascual Carrión Guardiola. Entre las cabriolas de sus cabritos y dos montañas de estiércol de tres metros, el pastor sale al encuentro de los visitantes pisando con sus botas verdes de goma el suelo enfangado. Pascual se cala su gorra azul de visera corta, se sube un ceñido cinturón de gastado cuero marrón, otea sus tierras con sus ojos verdes bajo pobladas cejas negras y reflexiona unos segundos antes de responder al interrogante. Respira hondo. «¿Que por qué lo he hecho? Porque esto es mi vida. Soy pastor desde que nací. Y no estoy dispuesto a que partan mis campos por la mitad. Si pensara que no llevo la razón no habría movido ni un esparto. Pero no hacer nada... Me habría muerto de sentimiento».

Y vaya si ha hecho. Poco ha importado que de zagal apenas pisara la escuela 20 días, entre zurrones y cayados. La sabiduría rural y empeño del murciano (y el trabajo de su abogado) le han bastado para frenar dos campos de golf de 18 hoyos cada uno y 2.285 chalés que se iban a levantar en 30 de sus 80 hectáreas. Lleva peleando por ello desde 2006. La suspensión cautelar del plan parcial Santa Ana del Monte-Jumilla Golf ordenada por el Tribunal Supremo da la razón a Pascual (Jumilla, 1953). La escasez de agua en la Herrada del Tollo, seca y pedregosa, y el uso pastoril que el cabrero da a sus tierras detienen por el momento el proyecto de la promotora San José.

Hijo de Jesús, pastor, y nieto de Pascual, pastor también, el jumillano se crió entre los muros de la hacienda de medio siglo que levantó su abuelo y que ahora él defiende contra el voraz ladrillo. Allá en los 50, su madre, Josefa, ni lo había peinado aún cuando Pascualín asomaba la nariz al frío de la madrugada murciana para ver pasar los ganados desde el quicio de la puerta. Corría tras el arado de su tío Juan antes que trastear con un caballo de juguete y un camión que le regalaron sus padres. A los cuatro años ya sacaba a pastar a tres ovejas y dos cabras atadas con cabezones. «Yo nací pastor», repite con sonrisa mellada.

56 años después, Pascual tampoco amanece en la cama. No usa reloj, pero abre un ojo no más tarde de las cinco de la mañana. Un vaso de leche y dos magdalenas en el 'Gémina', el bar de Martín, es todo lo que se entretiene antes de subirse a su 'Fiat Fiorino' blanca. Seis kilómetros por la N-344 y unos cuantos zigzags por caminos polvorientos al volante de su furgoneta lo separan de su rebaño. «A veces se me hace medianoche aquí...».

La amenaza de los 'greens' y la urbanización de lujo no ha pasado. El pastor lo sabe. «Estos aún van a dar guerra». Una desvencijada caseta de vigilancia con los cristales rotos se lo recuerda cada día. Es el acceso a la zona de obra de la residencia Santa Ana del Monte, cerca de los lindes de sus parcelas. Los primeros chalés piloto levantados por la constructora aguardan a medio terminar, con torreones color crema, a los pies de dos paralizadas grúas verdes y cerca de un mástil en el que ondea una raída pancarta en la que apenas se lee «Res... Sa... D...».

Gigantes en sus campos

Desde hace unos meses es Jorge quien saca el ganado a pastar, un boliviano que ayuda en época de sementera. Llega el tiempo de sembrar sus campos con cebada y avena que luego se comerán sus animales. Ahora que la tierra está «ni muy pesada ni floja de jugo». 1.000 euros es el jornal de Jorge. «Yo no los gano», jura Pascual. Las páginas de sus tres libretas bancarias lo atestiguan. Juntas arrojan un saldo de 757 euros. Lo suyo no es un negocio, «es un sentimiento». «Si yo le regalo esto a alguien, no es que dure un día, es que a la tarde se ha ido», ironiza. La lana ovina no la vende ni regalada. «Desde el 95 no la compra nadie». Y a él le cuesta 700 euros esquilar a sus ovejas. Una miseria es lo que saca por cada cordero. Se comen sus ganancias. Los 50 euros que le pagan por animal se van casi íntegros en cebarlos: saco y medio de pienso por cría, alimentar a la madre... no menos de 40 euros.

Como Don Quijote con los molinos, Pascual también ve gigantes en sus tierras. Pero no olvida que David pudo con Goliat. Una mastodóntica torre de alta tensión se levanta a unos metros de su casa. Es otra de las batallas del murciano. Los tribunales aún deben pronunciarse sobre la legalidad de esta línea eléctrica, denunciada por Pascual en 2002 por el riesgo para su rebaño y su vivienda. Rubén visita al jumillano durante la visita de V. Es de Ecologistas en Acción. Ambos se abrazan. «Es un tío único. Lo ha logrado todo por sí sólo. La lucha ecologista se ha socializado».

Pascual mira las torres eléctricas con recelo mientras sortea aperos de labranza y lanza alguna caricia a sus cuatro perros junto a los muros de su hacienda. Toca dar de comer a las 80 ovejas que están criando. Carga tres espuertas de pienso y paja en una carretilla y las lleva hasta la taina en la que se cobijan las hembras preñadas o recién paridas, corderos y cabritos. La estampida de los clientes cuando abren los grandes almacenes en rebajas se queda corta al lado del momento en el que el pastor abre la valla y las segureñas se lanzan ávidas sobre las tolvas. Hasta trepan unas sobre otras.

En una desnuda mesa del comedor de su hacienda, Pascual repasa las escrituras de sus terrenos. Recorre los renglones con sus uñas amarillentas. «De mi casa no me pueden echar...», reflexiona. Niega con la cabeza. Se cala la gorra. De su padre heredó apenas una docena de hectáreas. Desde 1996, peseta a peseta, euro a euro, el murciano ha ido comprando campos a familiares y vecinos. «Estoy entrampado con los bancos». Tierras blancas para que pasten sus ovejas, 11 hectáreas de almendros («ni a 50 pesetas me pagan el kilo»), 80 olivos con unos 4.000 kilos de aceituna («me costaría menos comprar el aceite»)..., todo amenazado por 'greens' y chalés de lujo. Los abogados no le han cobrado hasta ahora nada al cabrero: «Se han puesto en mi lugar. Igual cuando todo acabe tengo que vender mis tierras para pagarles».

Pero Pascual habrá luchado. Aunque sólo con una piedra no se tumba a este Goliat. El Ayuntamiento de Jumilla ya ha pedido la nulidad del dictamen del Supremo. Alegan que no fueron citados para el procedimiento. «Que venga el alcalde y diga dónde está el agua. Aquí sólo hay dos pozos de agua salada y contaminada por la balsa de Jumilla», se queja el pastor. La promotora mantiene la espada en alto. «Vamos a seguir trabajando para demostrar que sí existen recursos hídricos y que hay previstas una desaladora y una potabilizadora», anuncia una portavoz del grupo San José. Pascual asegura que ya han vendido «muchísimas» viviendas. La empresa no se pronuncia.

Mientras, el David del siglo XXI sigue subiendo al cielo cada día. Con un chusco de pan y un embutido o una conserva en el morral. Botella de agua envuelta en esparto al hombro. «¡Arriiaa, tomaaaa, arriaaa!», arrea el cabrero a sus ovejas al tiempo que chasca su lengua. «Me voy con ellas al monte y eso es la gloria». La silueta de Pascual se pierde bajo la Umbría del Acebuchal, donde ni el zumbido de las torres de alta tensión lo logran alcanzar.

Olisqueado en La Verdad.

Ginés Gallego es único en todo. Desde su forma de vestir con el pelo bien trenzado hasta casi media espalda y el mandil sin una gota de mancha. Cada producto o alimento lo trata con un mimo como si fuese un huevo que se le va a caer al suelo. Dentro de su establecimiento, situado en el castizo barrio murciano del Carmen, sólo caben dos personas. Bueno, y él, detrás de la barra por la que sólo se le ve la cabeza, y las manos, como si estuviese embuchado en una cámara fotográfica de los años cincuenta. Fuera, en la acera, el personal espera su turno. La venta se centra en alimentos ecológicos.

-Para llevarme una guía, ¿qué productos son los que más compra el personal?

-Huevos, verduras y arroz.

-¿Dispone de algunos más?

-¡Por supuesto! Legumbres, mermeladas, zumos, vinos, azúcar, soja, sidra, cuscús, plantas para hacer infusiones, trigo, pan, harina, aceite, gofio de trigo y de maíz, galletas de algarrobas, galletas de cereales. También nueces de Nerpio, que, aunque no tienen la clasificación de producto ecológico podríamos considerarlas como tales.

-¿Qué es necesario para que un producto sea declarado ecológico?

-Existe una normativa de la Consejería según la cual el producto que pretenda conseguir esta clasificación, durante un tiempo determinado el terreno o el árbol del que se va a obtener dicho producto no debe ser tratado con ningún sistema químico.

-Tengo interés por vari0s productos de los que ofrece; así, por ejemplo, ¿qué tiene de especial la galleta de algarrobas?

-Su sabor te puede recordar cuando eras niño y si vivías o viajabas al campo te las comías acompañado de tus abuelos y les sacabas un sabor especial. Posteriormente pasaron a ser comida predilecta para engordar a los cerdos y desde entonces se le quitó esa riqueza que tenía para el consumo humano. Pero afortunadamente ahora la hemos recuperado y hay gente que las consume muy a menudo elaboradas en galletas.

-Le sea sincero, pero es la primera vez que he escuchado hablar del gofio de trigo o de maíz.

-Es una harina de cultivo ecológico, que en otras épocas se elaboraba tras un ligero tueste de la harina y se molía en molino de piedra. El gofio que así obtenemos contiene todos los componentes del grano y en sus proporciones naturales. Al estar ligeramente tostado se puede añadir a caldos vegetales, a la leche o también hacer papillas o cremas.

-¿Cómo le salen las puntillas al huevo ecológico?

-Pues, hasta las puntillas son totalmente artesanales y con más agujeros. El sabor es su principal diferencia, y por supuesto uno no pierde los decoros ante este huevo y mete la mano al plato para soparlo. Además, como usted sabe el huevo lo ponen las gallinas; pues bien, éstas tienen que estar declaradas también como ecológicas. No pueden sufrir estrés estando encerradas en un espacio limitado, sino picoteando en pleno campo, alimentándose de las plantas que encuentren y con cereales ecológicos.

-Y para verduras, imagino que las de la huerta de Murcia no tienen igual.

-Pues siento en el alma tener que defraudarle. Si quiere verduras ecológicas tiene que irse al Campo de Cartagena. Y, quien quiera comer verduras de este tipo, siempre deberán ser de temporada, nada de tratamientos bajo plásticos para comerse una alcachofa fresca en pleno agosto.

-¿A qué nivel esta nuestra Región de consumo de este tipo de alimentos?

-Murcia ocupa el primer lugar de cultivo ecológico de toda España. Un total de 43.187 hectáreas de terreno tienen la certificación de ecológico, mucho más que incluso la región andaluza.

Agricultura ecológica pero pobre.

Pese al recorte de la subvención agroambiental, la provincia suma este año 1.032 nuevas hectáreas y crece más la vid, el olivo y el almendro. Los productores alicantinos reciben la mitad de ayudas que los de Murcia.

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Almendros en flor tras una nevada en el 2004.

«No se apuesta por la agricultura ecológica en Alicante». Así de contundente se manifiesta el secretario provincial del sindicato agrícola La Unió, Juan Pastor. Tanto es así que la Generalitat Valenciana destina a este cultivo no contaminante la mitad de ayudas que el Gobierno de Murcia. Pese al fuerte recorte de subvenciones agroambientales, la provincia suma ya este año 1.032 nuevas hectáreas de cultivos 'sostenibles'.

Viña para vino ecológico, almendras para turrones integrados y olivas para aceite de primera calidad y respetuoso con el medio ambiente. Son los tres productos agrícolas que más crecen en la provincia en los últimos meses, pese a la crisis económica y a pesar del escaso apoyo que le presta la Administración autonómica, en opinión de Juan Pastor.

Mientras que por una hectárea de cítricos la Conselleria de Agricultura abona de ayuda agroambiental 468,89 euros, en la vecina provincia de Murcia ese mismo productor recibe 900 euros.

En el caso del olivar, las cantidades son de 266,8 euros por hectárea y 500, en el caso de la almendra las cantidades oscilan entre 119 y 300 euros por hectárea según se cultive en Alicante o en Murcia. Se da la circunstancia, en este caso, de que hay muchos productores del Alto Vinalopó que tienen parcelas en una y otra demarcación provincial, destaca Juan Pastor. La diferencia de la ayuda en la uva de mesa también es abismal. Va de los 496 euros aquí a los 900 en Murcia. En el caso de la uva de vino, oscila entre 228,3 y 700 euros.

La diferencia no sólo es notable entre la Comunidad Valenciana y Murcia. Pastor asegura que en esta región es donde menos ayudas se dan a los productores de cultivos ecológicos. «No se quiere potenciar ni cuidar, eso pese a que por cada cincuenta pesetas que se generan, llegan 60 por otras vías e impuestos», afirma Pastor.

El delegado provincial de La Unió, que es productor de frutos secos ecológicos, asegura que la Conselleria se basa en que no puede comprobar de forma fehaciente que un determinado cultivo ha pasado del sistema tradicional al ecológico, es decir, «dice que no puede demostrar la merma de producción que se registra en esa adaptación».

Pastor asegura que «el poco interés de la Agricultura es más grave si se tiene en cuenta que los precios de la agricultura tradicional están muy por debajo de los precios de coste y la agricultura ecológica será una buena alternativa».

Las ayudas agroambientales están confinanciadas por la UE y el Ministerio con un 40% y un 20%. El 40% restante lo ponen las autonomías con el fin de contribuir al sostenimiento de la agricultura de interior y población de los municipios más desfavorecidos. «Si se sacaran las cuentas, se vería que se ingresa mucho más dinero de forma indirecta del que se da a los agricultores».

Pese a la mala coyuntura del sector ecológico, por la menor demanda a causa de la crisis y la menor ayuda oficial de la autonomía, este cultivo no deja de crecer. La provincia registra este año 1.032 hectáreas más de producción integrada. En Valencia hay 3.000 más y en Castellón se reduce la superficie en 300 hectáreas. Lo que más crece son frutales (265 hectáreas en total), olivar (1.230), vid (1.541) y almendro (2.710). También crece el cultivo ecológico de plantas aromáticas, cereales y pastos y forrajes para la cabaña ganadera respetuosa con el medio ambiente.

EN SU CONTEXTO

468 euros por hectárea reciben los productores de cítricos ecológicos de Alicante, frente a 900 los de Murcia, 510 de Andalucía o 500 de Cataluña. Pasa lo mismo con olivos, almendros y vid.

10% más de hectáreas de cultivo ecológico en la provincia, lo que se traduce en 1.032 hectáreas. En la provincia ya hay 11.026 hectáreas de cultivos ecológicos. Hay 4 industrias ecológicas más.

El Ministerio de Medio Ambiente galardona a Coato por su producción ecológica.

El delegado del Gobierno, Rafael González Tovar, anunció hoy que el Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino (MARM) ha concedido el Premio Alimentos de España a la Producción Ecológica a Coato Sociedad Cooperativa por su «probada trayectoria y su contribución a la consolidación de la agricultura ecológica, tratándose de la entidad europea con mayor superficie dedicada a este tipo de producción».

Además, el Ministerio hizo especial hincapié en el «esfuerzo comercializador, la implantación de técnicas respetuosas con el medio ambiente, la diversificación de productos, los exigentes protocolos de calidad y el aumento constante de superficie dedicada a este tipo de cultivo» por parte de Coato.

Fisgoneado en La Verdad.

Pascual Carrión, un pastor, ha conseguido que el Supremo suspenda un plan parcial en Jumilla.

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Llegar hasta Pascual Carrión Guardiola es casi imposible. Sus amigos dicen de él que es un solitario, casi un ermitaño. Pasa la mayor parte del tiempo junto a su rebaño en el paraje de la Herrada del Tollo, y allí, rodeado de un manso silencio y de sus animales, lo encuentra 'La Verdad'. Pascual, pastor por vocación, está trabajando, afanado en lo suyo aunque ya haya anochecido. Desde hace cuarenta años se levanta cada mañana pensando en cuidar a sus cabras y ovejas, y hoy no ha hecho una excepción pese a que tiene mucho que celebrar. «Llevo siete años luchando para que la Justicia me dé la razón, y por fin lo he conseguido», cuenta orgulloso. Como un nuevo David frente al gigante Goliat, Pascual Carrión ha logrado que el Tribunal Supremo paralice las 2.285 viviendas y el campo de golf previsto en la urbanización Santa Ana del Monte Jumilla Golf.

Por eso, este pastor se ha convertido, aun sin buscarlo, en un héroe para muchos. Su lucha comenzó en el 2002, cuando le notificaron que por su finca iba a pasar una línea eléctrica de alta tensión. «Suponía una ruina total para mí, por el riesgo para el ganado». Acudió a la Justicia, pero no pudo evitar que la obra se llevase a cabo. El asunto está todavía en los tribunales. «Al principio, la línea iba a pasar por una finca rústica colindante a la mía, pero la desviaron», denuncia. Cuando conoció que una promotora quería construir miles de casas en la zona, ató cabos. El plan parcial, que aprobó el Ayuntamiento de Jumilla, suponía la expropiación de 30 hectáreas de terreno. «Era el fin de lo que he hecho toda mi vida, desde hace cuarenta años». Por eso, decidió plantar cara al proyecto. En su demanda, pidió la suspensión cautelar de la urbanización argumentando, entre otras cosas, que la promotora no había demostrado contar con recursos hídricos necesarios para el campo de golf y las viviendas. Ese posible déficit de agua ponía en riesgo la continuidad de su actividad pastoril. La Sala de lo Contencioso Administrativo del TSJ de la Región dictaminó hace dos años en su contra al entender que en la demanda «no se concreta ni acredita los posibles perjuicios que se derivarían de la no adopción de la medida cautelar». Además, los jueces recordaron que el plan parcial preveía la construcción de una planta desalinizadora y potabilizadora.

Sin embargo, el Tribunal Supremo ha tumbado ahora este dictamen y, en un auto conocido esta semana, ha ordenado la suspensión cautelar del proyecto hasta que «se acredite la suficiencia de los recursos hídricos necesarios».

Concurso de acreedores

Pascual Carrión no oculta su alegría. «Por fin se me ha escuchado, y sólo espero que la Justicia también me oiga en el caso de la línea de alta tensión». Promete, por tanto, seguir dando guerra. De momento, el Ayuntamiento ya ha acatado la decisión del Supremo. El alcalde, Francisco Abellán, apuntó el viernes que el Plan Parcial podría reducirse. De hecho, Pascual Carrión subraya que la empresa ha declarado concurso de acreedores. El proyecto no pasa por su mejor momento. Ayer, el alcalde volvió a referirse a la urbanización. «En el futuro los planes se deberán elaborar de forma más sostenible», explicó a la agencia Efe. La sentencia, añadió, crea «precedente en la futura construcciones de planes parciales urbanos si no se garantizan los recursos hídricos mínimos, y da prioridad al sector ganadero». Por su parte, Ecologistas en Acción aplaude al Supremo. «El auto viene a corroborar que durante los años de burbuja inmobiliaria se han aprobado proyectos sin tener ni siquiera agua garantizada», sostiene Rubén Vives, uno de los portavoces de la organización. De momento, lo que está claro es que Pascual Carrión ya ha ganado una batalla.

Fisgoneado en La Verdad.

Coladas a pedales.

A pico y pala. Así labra Diego su conciencia ecológica. En su cueva de Murcia tiene una 'bicilavadora' y una moto que conduce en punto muerto.

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Diego Noguera y 'Valentina', con su 'bicilavadora' y la radio solar sobre ella, junto a la cueva.

Con sólo un pico, una pala y una carretilla con la que él y su compañera extrajeron 250 metros cúbicos de arena de las profundidades de la tierra, este «troglodita del siglo XXI», como el mismo Diego Noguera se define, construyó su morada. Una cueva de 90 metros cuadrados, 2,5 metros de altura media, tres habitaciones, un salón, una cocina, un trastero y un cuarto de baño en plena montaña alberqueña (Murcia). La envidia de cualquier buscador de piso, vaya. Son siete los años que esta pareja lleva viviendo en la gruta. Sin otra presencia humana en cuatro kilómetros a la redonda. Es su forma de protestar contra la especulación urbanística: «Es un disparate lo que están haciendo».

«Me estresé de la ciudad, del ruido, del follón...». Y menudo cambio. Entre olivos, higueras, azufaifos, madroños, almendros y «los pinos del Estado» están ahora Diego y Encarna en su parcela de 10.000 metros cuadrados. El respeto al medio ambiente es su vida. Cómo si no se explica su 'bicilavadora', el artilugio estrella de su cueva. El electrodoméstico se lo regalaron hace años. El murciano lo destripó, desconectó la correa que va del motor al tambor y le adaptó una biela de bicicleta con un pedal. ¡Voilà! «La gente pone la colada y se va al gimnasio. Yo meto la ropa, le doy a la manivela y veo los pajarillos. Y hasta cambio impresiones con Valentina», su burra. Cinco cubos de agua por lavadora, unos 45 litros, casi la mitad del consumo de los electrodomésticos comunes «del otro mundo», como él lo llama.

Diego recita el gasto mensual en su hogar. 336 litros en fregar platos, 144 en ducharse, 280 en el váter..., «1.120 litros al mes entre mi compañera y yo». Hasta 15.000 litros tira en ese periodo una pareja española en «el otro mundo», según Greenpeace. En la cueva de Diego, el agua no procede ni de desalinidora, ni de trasvase ni de explotación de acuíferos. «Tengo la que me manda la naturaleza del cielo». Recoge la lluvia en un aljibe de 24 metros cúbicos, deja que se sedimente y la depura. Cada dos coladas (con detergente biodegradable, claro), el agua se destina a regar las plantas. El mismo camino desde el fregadero y la ducha. Bueno, ducha... Un cubo con un grifo en su base colgado por encima de sus cabezas permite el aseo diario de Diego y su pareja. Con nueve litros de capacidad y aún les sobran: «La presión del agua es la principal culpable de que la gente la derroche».

La lavadora a pedales no es el único ingenio ecológico con el que ahorran energía. Su veredicto es rotundo: «O inventan más cosas que no gasten o el desastre ecológico no lo para nadie». Sin tele, una radio solar les mantiene informados. Un par de linternas que se cargan con manivelas alumbran a la pareja en sus movimientos por la cueva. Pero el grueso de la electricidad lo logra una placa solar de 50 por 80. Una vieja batería de camión de 12 años se encarga de acumular la energía y distribuirla al punto de luz que hay en cada una de las estancias de la casa, además de que todas se iluminan con una puerta al exterior. Se levantan y acuestan «con el sol».

Palomas para las rapaces

Diego ha construido su cueva basándose en el 'Feng-Shui' (viento y agua). Está milimétricamente encarada a los cuatro puntos cardinales. Idóneo para que la energía circule correctamente. Los tres metros de pasillo entre cada habitación logran un 'efecto radiador' que mantienen todo el año la temperatura entre 14 y 25 grados. Más ahorro. Albañil de profesión, el murciano se gana la vida con reparaciones a particulares. Se desplaza a un máximo de cuatro o cinco kilómetros de distancia con su moto de 28 años y 50 centímetros cúbicos. Y la mayoría del camino en punto muerto. «Sólo la enciendo en alguna cuestecilla». Son las ventajas de las pendientes de la zona montañosa en la que vive: dos litros de gasolina como mucho a la semana.

HJunto a la burra Valentina, la 'familia' de Diego se completa con las perras Jara y Dina y un palomar. Las aves no son para la cazuela («somos prevegetarianos, la carne casi no nos entra ya...»), sino para las rapaces de la zona. Gavilanes y águilas perdiceras. «Tenía unas 30 palomas y apenas me quedan 9». La pareja no piensa en tener hijos. Miedo a la responsabilidad, confiesa. Aunque hay alguna otra razón: «También le hacemos un favor al planeta. La densidad de población va a acabar con él. Igual pronto sólo sobreviven algunos de los trogloditas del siglo XXI».

La Luna viaja en bicicleta.

El asturiano Ramón Fernández, fundador de una de las primeras mensajerías en bici de España, reivindica este vehículo que «integra y hace ciudad»

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Ramón Fernández, pedaleando por las calles de Gijón.

Hace quince años, cuatro socios fundaron La Luna, una de las primeras empresas de bicimensajería de España, y se lanzaron a repartir paquetes por Gijón y Oviedo con un ímpetu propio de una contrarreloj. «Al principio nos miraban como un elemento un poco folclórico, resultaba llamativo que hubiésemos apostado por esa forma de trabajo -recuerda Ramón Fernández, un asturiano de Porcia que ahora se ocupa de la atención al cliente-. Pero la cosa cuajó enseguida, pronto hubo instituciones y empresas que apostaron con convencimiento por nosotros». Su cooperativa da trabajo hoy a catorce personas y lleva pedaleados 860.000 kilómetros: vamos, de sobra para viajar hasta esa Luna que les da nombre, dejar allí algún envío y regresar.

Algo de extraterrestres tenían los bicimensajeros allá por los 90, cuando se presentaban en los polígonos industriales dispuestos a llevar la carga a base de piernas. España no se había acostumbrado -seguramente no lo ha hecho todavía- a ver la bicicleta como un medio de transporte eficiente. «En otros países, la bici es algo natural. Se utiliza haga bueno o malo, haya cuestas o no, para el ocio y para el trabajo. Aquí, aún nos preguntan alguna vez si también repartimos los días de lluvia». El germen de La Luna está en una estancia de Ramón en Holanda: fue allí con el programa europeo Leonardo, para trabajar en una empresa de investigación de mercados, y se conmovió su corazón de aficionado a la bicicleta. «Lo que vi me determinó a usarla más conscientemente. Los Países Bajos siguen teniendo la primacía en este campo: se implicaron muy pronto y ven la bici como un vehículo que integra y hace ciudad».

La Luna nació con inquietud medioambiental y, según los cálculos de sus responsables, ha ahorrado a la atmósfera más de cien toneladas de dióxido de carbono en estos años. Pero los ideales difícilmente bastarán para triunfar en el mundo empresarial: la cooperativa, que se define como «más competente que competitiva», ha organizado varias carreras para demostrar que, además de limpia y silenciosa, la bicicleta es rápida, inmune a los atascos de la hora punta. Un mensajero puede llevar hasta quince kilos en el portabultos, con carga extra en la bolsa ergonómica, y también existen remolques que permiten trasladar treinta kilos de mercancía.

Dos medidas básicas

Aquella iniciativa de cuatro visionarios que utilizaban como oficina un local de Los Verdes es hoy una compañía de 'shipping' que también realiza envíos nacionales e internacionales de forma «medioambientalmente responsable», aunque, lógicamente, las grandes distancias obligan a emplear transportes a motor. Pero la bicicleta sigue siendo su seña de identidad y, siempre que resulta posible, trabajan con empresas similares en la ciudad de destino. Madrid, Barcelona, Euskadi, Pamplona o Palma de Mallorca ya cuentan con servicios de bicimensajería, y Ramón contempla con optimismo el futuro del sector: «Hubo un momento álgido en los 90 y ahora tal vez se produzca una nueva eclosión. Recibimos muchas solicitudes de información de emprendedores de distintas ciudades».

En lo que queda mucho por hacer es en la promoción del transporte sostenible. «Niveles como el de Holanda los dan la enseñanza y el tiempo, que crean hábitos. Es un asunto de conocimiento del medio, como se dice en Primaria. Aquí, seguramente, nos veremos obligados a seguir esa senda cuando falte el petróleo». A juicio de Ramón, una apuesta decidida por la bicicleta pasaría por dos medidas básicas: «Las normativas de tráfico urbano restringen mucho la circulación de las bicis. Por un lado, habría que habilitar zonas peatonales compatibles con el uso de la bicicleta. Por otro, habría que permitir el paso por calles de sentido prohibido para los coches: hay muchas en las que eso no supondría ningún peligro. Bruselas y París lo han hecho, y la única inversión que se precisa es un cartel que diga 'excepto bicicletas', para ponerlo debajo de la señal».

¿Y cómo ve la Cumbre de Copenhague un ciclista que ni siquiera tiene coche propio? «Buf, no puedo evitar ese sentimiento de pensar 'qué más da'. De Estados Unidos y Europa pasaremos a India y China, pero van a seguir contaminando. Yo soy bastante individualista, me interesan los grandes movimientos que surgen a partir de pequeñas acciones. ¡Llevemos una vida que nos permita tener tranquila la conciencia ecológica!».

A Adolfo le importa el rábano.

Calabazas, coles, pimientos... Adolfo Chautón consume productos de la tierra y de temporada para contaminar lo mínimo.

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Adolfo Chautón, en el huerto ecológico de Cáceres que le provee de verduras de temporada.

Adolfo Chautón, madrileño de 34 años y residente en Cáceres desde hace quince, es un geógrafo con una intensa conciencia medioambiental, que lleva a la práctica en su vida personal y profesional. Adolfo dirige la empresa Exterrae, que promueve un modelo sostenible para Extremadura, y en su día a día adopta hábitos ecológicos sencillos. Su compromiso con el medio ambiente empieza en la cesta de la compra. Consume alimentos locales y de temporada y evita la compra de productos sobreenvasados, esos que vienen en bandejas cubiertas de plástico. Así pone su granito de arena en el recorte de las emisiones de CO2 a la atmósfera. Es de los que cree que la ecología empieza por pequeñas acciones cotidianas, gestos que no figuran en las agendas de los responsables institucionales que están en Copenhague, pero que seguramente hacen más por el planeta que la verborrea política. No sabemos el menú que se servirá hoy en la cumbre del clima, pero poco tendrá que ver con el de este ex jugador de rugby que procura proveerse de coles, berzas, calabazas, apios, escarolas, pimientos, rábanos o cualquier otra verdura de temporada que adquiere en un huerto urbano cercano a su casa, en la ciudad vieja de Cáceres. A eso le llama consumo responsable, «que en absoluto significa consumir menos», aclara. Lo ilustra con el siguiente ejemplo: «En un supermercado se pueden comprar manzanas locales o de Nueva Zelanda, que vienen envasadas. El impacto ecológico de esa manzana de Nueva Zelanda es enorme. Ha emitido a la atmósfera CO2 derivado de su transporte, de las cámaras frigoríficas y de la generación de plásticos para el envase. El consumidor no va a dejar de comerse una manzana, pero depende de si se come una u otra lo hará de una forma más o menos responsable».

El pan, en una ecotahona

Adolfo no piensa en términos de globalidad, prefiere hacerlo desde planteamientos locales. «Cambiando nuestro entorno cambiamos el mundo, así de sencillo». Por eso adopta actitudes modestas que ayudan a cuidar el medio ambiente. Todos los electrodomésticos de su hogar, así como las bombillas, son de bajo consumo; usa el lavavajillas y la lavadora sólo si están llenos; no deja el grifo abierto cuando se cepilla los dientes, y las cisternas de los cuartos de baño son de doble pulsador para no derrochar agua innecesariamente. Le habría gustado emplear energías alternativas en su casa, pero al estar enclavada en una zona protegida del casco antiguo tiene prohibida la instalación de paneles solares.

Su pareja, Cristina, es otra convencida de que el ecologismo empieza por uno mismo. De hecho, fue ella la que rehabilitó el viejo caserón donde viven, recuperando las bóvedas y otros elementos arquitectónicos tradicionales de Extremadura y empleando para los cerramientos materiales aislantes de última generación. Son más caros que los normales, pero a la larga resultan rentables por su ahorro energético. Fieles a un modo de vida sostenible, la pareja compra el pan en una ecotahona de Hervás, que lo elabora ecológicamente. Cristina no come carne, uno de los alimentos que más huella ecológica produce; Adolfo apenas la consume un par de veces a la semana, lo mismo que el pescado. Huevos sí, pero siempre de granjeros locales. Los desplazamientos los realizan a pie y en bicicleta, y el coche, lo imprescindible. En su cocina hay cuatro cubos para el reciclaje: uno para los envases de plástico, otro para el vidrio, otro para el papel y un cuarto para la materia orgánica, que también separa minuciosamente porque con los restos de frutas y verduras generan compost que reutilizan en el huerto urbano que les suministra las verduras de temporada que consumen. Así cierran un círculo perfecto. Pequeños gestos desde el corazón de Cáceres para los pulmones de todo el planeta. Naturalmente que sí.

Una foca en Internet.

Ángel Zafra es el padre de 'Focax', una red social sobre medio ambiente. Cumple su primer año con mil seguidores.

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Ángel Zafra, en su almacén de Alhaurín de la Torre (Málaga). La foca es el símbolo de la red.

Vegetariano desde hace veinte años, Ángel Zafra no sólo pone en su mesa productos verdes. Sus negocios y tiempo de ocio también están impregnados de este color. Fundaciones, asociaciones, ONG... se suceden sin parar en la vida de este «ciudadano global» nacido en Barcelona, pero afincado en Málaga. Hasta vivió un año en una favela de Sao Paulo (Brasil). «A lo único que aspiro es a dejar el planeta como me lo he encontrado», sentencia este empresario de 51 años dedicado a la construcción de casas con madera ecológica. Lo último que ha añadido a sus 'quehaceres' medioambientales: Focax, una especie de Facebook verde en internet o, como a él le gusta llamarla, «la red social de la comunidad consciente».

Una foca sobre una placa de hielo en el Ártico da la bienvenida a esta red. «¡Qué mejor que el símbolo del calentamiento de los polos para ser la imagen de este portal!», exclama su promotor escondido entre los tablones de los que saca tiempo para dar vida a su pequeña criatura cibernética.

La versión en pruebas de Focax levantó su persiana virtual hace un año en una nave industrial en Alhaurín de la Torre. Apenas se ha publicitado. El boca a boca ha sido muy efectivo: más de mil usuarios y organizaciones de todo el mundo ya se han registrado y comparten experiencias, proyectos medioambientales, acciones sociales... «Es mucho más que subir fotos y mantener el contacto con los amigos», matiza Ángel. Así, desde Villa Mercedes (Cazuca, Colombia) han solicitado voluntarios para construir 62 viviendas de emergencia durante las vacaciones de Semana Santa, mientras que Corredores con Causa -vinculada a Save the Children- han pedido deportistas interesados en el proyecto. Tampoco faltan los consejos medioambientales para reducir las emisiones de CO2 mientras se celebra la cumbre de Copenhague o convocatorias de manifestaciones verdes. «La ciberacción será la herramienta democrática del futuro», vaticina este ecologista tomando como base el presupuesto que los servicios de inteligencia de los países desarrollados destinan al rastreo de información por las distintas redes sociales.

Sin beneficios

Focax sólo es un «granito de arena más en un mundo cada vez más concienciado con el medio ambiente». De este proyecto no espera -ni quiere para sí- un euro de beneficios. «Sueño con que esta red social sea sostenible económicamente por sí misma, como sucede en Estados Unidos, donde es todo un fenómeno de masas con más de doce millones de usuarios». Por ahora su negocio de madera respalda la iniciativa y de él han salido los 600.000 euros de inversión. Hasta comparten oficina. Quizás sea paradójico que este material pueda financiar un portal verde. «Mi madera procede de bosques en los que se plantan siete árboles por cada ejemplar que se tala», se excusa Ángel recordando todas las certificaciones necesarias para una empresa de este tipo.

Si en su vida profesional domina el tema medioambiental, en su casa no iba a ser menos. Lleva a rajatabla el lema de que un hogar puede hacer tanto como un gobierno por el medio ambiente. Recicla todo lo que está en su mano, controla al máximo el gasto de agua y luz, sus electrodomésticos son de bajo consumo... Aunque no es perfecto. El coche se le resiste. Lo necesita para ir a trabajar al estar sus oficinas en un polígono industrial. Otra falta: en su vegetariana mesa tampoco aparecen muchos productos ecológicos. «Siempre como fuera y no puedo exigir el certificado de origen de todos los alimentos, porque si no no almorzaría». Los extremismos no van con él.

En su cartera de proyectos, más bien en el congelador, guarda un proyecto para crear una granja biodinámica en Cazorla. Algo así como el siguiente paso a la agricultura ecológica. La teoría es sencilla: un espacio rural que sea autosuficiente. Nada de excedentes. «Por ejemplo, no podría existir más de una vaca lechera por hectárea», explica quien en sus años mozos también fuera vaquero en Madrid. Pero el dinero manda y el lema de 'pensar global, actuar local' tiene su coste. Y Focax no sólo se ha llevado todo su presupuesto medioambiental. También el personal. «Todo sea porque las nuevas generaciones disfruten de la Tierra como nosotros».

Verde entre verdes.

En la explotación de Xabier Almandoz las cabras se curan con homeopatía y las plagas, con remedios de hierbas.

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Almandoz, en el establo de su rebaño de cabras. La hierba se seca con energía solar.

Aldaba Zahar es una explotación rural que se alza en las alturas de Tolosaldea, una comarca del interior de Guipúzcoa. Como en cualquier otra granja en ella se cría ganado (cabras en este caso), se cultivan hortalizas, se elaboran quesos e incluso se hacen panes y productos de repostería. Lo que diferencia a esta pequeña cooperativa de otras explotaciones similares es que todo lo hace con arreglo a criterios de sostenibilidad medioambiental. Si una cabra cae enferma no se le administran antibióticos sino remedios homeopáticos. Si se detecta una plaga en los tomates se recurre a preparados inspirados en viejos tratados de herboristería y no a productos químicos de síntesis.

La cabeza visible del experimento es Xabier Almandoz, un donostiarra de 52 años que se trasladó al campo hace ya un par de décadas atraído por los cantos de sirena de los movimientos que reivindicaban la vuelta a la naturaleza. «Pusimos un anuncio en la revista 'Integral' y terminamos aquí», resume. Almandoz y sus cuatro socios han luchado desde entonces contra viento y marea para sacar adelante el proyecto sin desviarse de los criterios de respeto al medio ambiente que lo inspiraron.

Esos criterios no sólo están vigentes en los productos que cultivan y venden bajo el sello ecológico. Las calderas que calientan sus viviendas se alimentan de biomasa procedente de los bosques cercanos. «Es cierto que la calefacción de gasóleo que tienen todos los caseríos de los alrededores es más cómoda, pero nosotros preferimos hacer un esfuerzo y recurrir a la madera de los alrededores», confiesa. Incluso la hierba de la que se nutren las cabras se seca con aire caliente procedente de la energía que proporciona el sol. «Al principio nos tomaban el pelo porque decían que aquí nunca iba a haber sol suficiente para calentar nada, pero ahora tenemos un secadero de hierba que va de maravilla y que tiene un gasto mínimo de energía», sonríe.

En la rehabilitación de las casas -el pequeño núcleo rural estaba en ruinas cuando la cooperativa echó a andar- se utilizan también soluciones 'verdes'. El aislamiento de las paredes se realiza con balas de paja y los tejados se recubren con tierra vegetal. «La paja es un aislante natural extraordinario siempre que se mantenga alejada de la humedad», explica. En cuanto a las 'tejas' vegetales, se trata de un sistema cada vez más utilizado. «Se pone una lámina de caucho impermeabilizante y se echan encima entre 10 y 12 centímetros de tierra. A las pocas semanas tienes un tejado poblado de hierba con unas propiedades aislantes muy superiores a cualquier solución tradicional».

La cooperativa busca diversificar al máximo su producción. La piedra angular de su economía es de momento una planta en la que elaboran quesos con sello ecológico. Tanto los quesos como el resto de los alimentos que producen (desde pan integral hasta mermeladas o sidra) los venden en mercados de los pueblos de los alrededores sin dar la espalda a otros canales como Internet. Tienen incluso una distribuidora especializada en productos ecológicos. Almandoz no descarta incorporar a medio plazo unas habitaciones para un turismo con inquietudes 'verdes' y piensa incluso en recibir visitas para que las gentes de ciudad vean cómo funciona una explotación rural.

El relevo

La cooperativa forma parte de Biolur, la asociación que agrupa a los productores de agricultura ecológica en Guipúzcoa. Aunque nadie pone en duda que los productos orgánicos representan el futuro del sector primario, hoy en día la producción es casi testimonial (en torno al 3% del total en el País Vasco). Almandoz es consciente de que la creciente sensibilidad medioambiental juega a su favor pero le gustaría que las cosas fueran más deprisa. «Suscitamos simpatía pero falta que la gente dé un paso más y vea normal pagar algo más por unos alimentos cultivados sin productos químicos y que ofrecen todas las garantías».

Aldaba Zahar (vieja aldaba) luce hoy más verde que nunca entre los rabiosos verdes de los prados que la rodean. Los socios de la cooperativa están de enhorabuena. El hijo de uno de ellos, un joven de 26 años, ha decidido regresar después de haber vivido dos años en el exterior. «Era un mecánico de camiones muy competente y se lo rifaban los talleres pero ha preferido volver aquí arriba y trabajar el campo con nosotros», dice Almandoz con gesto alegre. La cooperativa tiene el relevo asegurado.

La ingeniera pastora.

María Valbuena pastorea sin aditivos ni colorantes en Valladolid. No volverá a trabajar en una fábrica.

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María Valbuena alimenta a sus ovejas entre pastos y rastrojeras en La Seca.

Cambió un buen puesto de ingeniera técnica agrícola en una fábrica de piensos en expansión por el cuidado de 1.070 ovejas a las que quería alimentar entre pastos y rastrojeras. María Valbuena (Laguna de Duero, Valladolid), hija de profesores y amante de la vida natural, intenta cumplir su sueño en la pequeña localidad vallisoletana de La Seca, donde pastorea el ganado por pequeñas tierras atrapadas entre el mar de viñedos que caracteriza el paisaje de la localidad, integrada en los caldos blancos de la Denominación de Origen Rueda.

Con un rostro digno de ser inmortalizado por una paleta clásica, esta joven de 26 años ha optado por un modo de vida del que huyen decenas de muchachos del medio rural, que buscan en la ciudad las oportunidades que les niega el campo. María tiene tan claro su empeño, compartido por su marido, José Román García, 16 años mayor que ella, que habla con ternura de las ovejas y de su interdependencia con el ser humano.

Ambos iniciaron su aventura comprando cabezas de la raza assaf, más productoras de leche que de lechazo, pero la idea de estabular al ganado y engordarlo con piensos y jeringas comerciales no casaba con sus convicciones. Así que apostaron por la raza castellana, carne de mayor calidad pero exigente en el método alimenticio. Los pastos y rastrojos, «que no tienen aprovechamiento agrícola», cubren el 80% de su ingesta. El resto son patatas y zanahorias que, al mínimo defecto, desechan las fábricas del entorno. «Es otra manera de reciclar, ¿por qué no lo vamos a aprovechar si su destino es la basura?», se pregunta María.

Concienciada con el medio ambiente, lamenta los efectos dañinos de la explotación intensiva de la agricultura y la ganadería, la plantación de viñedos, la roturación de montes y pastizales y el excesivo uso de herbicidas «que están acabando con el alimento natural del ganado, de la flora autóctona y de los productos típicos de la tierra».

Contrarios a los implantes de melatonina que inyectan muchas explotaciones a sus animales para que entren en celo, María y José prefieren poner los carneros a su disposición y una dieta natural adecuada durante los meses de noviembre y diciembre. Porque ellas, las ovejas, saben que van a parir en marzo y que en primavera habrá pasto abundante para alimentar a sus crías.

Un gran rebaño que cada quince días cambian de lugar en busca de comida y que guardan entre verjas escondidas entre pinos. Pero las cosas no son como antes. Con pocas ovejas ahora no se puede sobrevivir, se necesitan muchas cabezas para que la actividad sea rentable. Eso exige instalaciones, naves, máquinas de ordeño, vacunaciones y desinfecciones. Un trabajo esclavo, sin días libres, que, ante todo, «exige vocación», dice José. María lo ilustra con lo complicado que fue su boda por la falta de tiempo y «la movida familiar que montamos para escaparnos una semana de luna de miel». Todo por la calidad de la leche, que venden a las queserías, y del lechazo, que varias carnicerías se disputan.

No comen congelados

En casa, también productos naturales. «No usamos nada congelado. Creo que la gente en los pueblos vive más años, aquí hay muchos ancianos de 80 y 90, tal vez porque los alimentos son más naturales y por la falta de contaminación», sostiene esta pastora que reivindica su oficio con orgullo. «Antes, el pastor era el más tonto del pueblo, ahora hay que saber».

«Podría tener futuro en una empresa, pero lo importante es ser feliz y disfrutar de las cosas que nos pasan desapercibidas en la ciudad por el estrés y las prisas». José, su marido, que abandonó los estudios de Derecho para heredar el oficio de su padre, se emociona y comenta que hay días, cuando él pastorea, que llama por teléfono a su esposa para que salga de la casa y contemple «la inmensa puesta de sol».

Ahora sueñan con un huerto, una vaca y unas gallinas. «Creo que nosotros sí aportamos nuestro granito de arena para mejorar el planeta», concluye María.

Y las ovejas de tontas, nada. «No sé por qué las llaman borregas», se apresura a explicar José. «Cuando se ponen nerviosas o brincan es que va a llover. Predicen el tiempo mejor que Maldonado».

De la sartén al Mercedes.

Roberto Sánchez carga el depósito de su coche con aceite de los bares. Ahora se ha propuesto arrancarlo con agua.

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Roberto Sánchez, subido a su 'Merceditas', en la costa santanderina.

Roberto no puede parar quieto. Y como tampoco le va demasiado eso de trabajar de lunes a viernes a cambio de un sueldo fijo, ha dado con la fórmula para atravesar España con sus tablas de surf sin gastar apenas unos euros en combustible. Lo coge gratis de las freidoras de los restaurantes, salvo cuando el tasquero de turno se pone terco y debe poner rumbo a la gasolinera más cercana. Porque su 'Merceditas' anda con todo. Incluso se ha propuesto arrancarlo con el hidrógeno que le roba al mar. Se trata de un Mercedes 300 TD familiar de 1982, con una bomba de inyección prodigiosa, en manos de un peculiar surfero empeñado en vivir en un mundo más limpio y justo.

Santanderino, de 38 años, pasa los días solo en un semisótano con vistas al Sardinero donde sueña con recorrer 100 kilómetros con un litro de agua. «La investigación es cara. El hidrógeno es muy inflamable, pero en cuanto tenga dinero... lo conseguiré».

Roberto Sánchez no es ingeniero ni científico. Ahora sólo diseña y arregla tablas para cabalgar sobre las olas. Pero esconde un currículo tan extenso como sorprendente. Se estrenó a los 17 años como camarero. Luego estudió Artes y Oficios y empezó a ilustrar guías de naturaleza hasta que se cansó de dibujar pájaros y flores. A los 29, hizo el petate y se plantó en Estados Unidos. Trabajó de albañil, encofrador, electricista y carpintero. A ratos. Sin mucho estrés. «En veinte días hacíamos una chalé de un millón de dólares. Yo sacaba unos 3.000 euros, y en dos meses juntaba 6.000. Bajaba a México, donde ese dinero daba para mucho». Allí montó tirolinas en la jungla, aprendió a construir palapas -chozas de palmas secas y madera- y pintó muchos murales. Cuando el presupuesto ya no daba ni para un trago de tequila en condiciones, regresaba a California, Hawai o Colorado a levantar casas para familias acomodadas. Se aburrió a los cuatro años y volvió a Santander empapado de ecologismo.

En Estados Unidos alguien le había hablado de coches movidos con aceite y en Internet confirmó que el mejor turismo para conseguirlo era ese tipo de Mercedes. «Empecé a tunearlo por enredar, porque me encanta la mecánica, por contaminar menos, por ser antisistema».

Por su tubo de escape sale ahora algo de humo, «pero he logrado reducir mucho las emisiones».

Roberto lo mide y calcula todo. Resulta increíble que de crío no se le dieran los números. «En Santander tengo el suministro garantizado. La freidora de un restaurante necesita entre 25 y 30 litros y la suelen cambiar una vez a la semana, si no son muy guarros. Me apaño con cuatro o cinco suministradores fijos».

Como el de la botella

Ya en casa, limpia el aceite con un equipo doble. «Fuera del coche utilizo una serie de filtros para decantar el agua. Otro de turbina de barco me lo deja en dos micras. Me queda como el de la botella, de color oro». En el adaptador colocado en las entrañas de 'Merceditas', el más ecológico de los carburantes se vuelve a filtrar y se calienta a 90 grados para evitar su coagulación.

Parece sencillo, el principio del fin de los surtidores. Cuestión de manitas y bastante paciencia. Pero no sueñen. El sistema sólo funciona con esta bomba de inyección 'made in Germany', «la mejor del planeta».

Mientras mejora el sistema, pule tablas y coge olas en el Cantábrico, Roberto sueña con los mares que bañan África. Quiere cruzar el continente a bordo de un todoterreno propulsado por agua. El proyecto, que ha tomado el nombre de sus orígenes -'Free-tanga'-, está pendiente de que alguna marca de surf capee de una vez el temporal de la crisis y lo financie.

Fisgoneado en La Verdad.

Retorno a la trashumancia.
12/09/2009 | Author:

Un ganadero de Archivel traslada 600 ovejas a Lorca por veredas y cañadas ante la falta de pastos en la zona.

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Trashumancia en pleno siglo XXI. La falta de pastos en las zonas cercanas y la necesidad de abaratar costes han obligado a Juan José Castillo, un joven ganadero de la pedanía caravaqueña de Archivel a recuperar una vieja tradición familiar. La nieve caída en las cercanas montañas y el frío reinante en la mañana de ayer no fueron obstáculo para que Juan José -acompañado por su ayudante Juanma y su perra Shakira- saliera desde la finca de Las Oicas para dirigir sus 600 ovejas a través de cañadas y veredas hasta la finca de los Alagueces en Lorca, cerca de la pedanía de Zarzadilla de Totana.

Tres largas jornadas se necesitan para completar el recorrido, pero con las bajas temperaturas que ya azotan las Tierras Altas de la Región de Murcia se harán mucho más largas. Estaba previsto que la primera noche, el rebaño y los pastores hicieran noche en un aprisco cercano a la Cuesta de Lorca, en la casa del Conde. El punto de descanso para segunda noche al raso será en Avilés.

Cañadas ocupadas

Juan José comenta que «otros años nos hemos ido apañando con los pastos de aquí cerca, pero la sequía de este otoño nos obliga a buscar otras zonas». Cuando se le pregunta sobre cómo va a realizar el traslado andando y no buscando medios de transporte afirma, sin titubear, que «estamos muy mal los ganaderos y tenemos que ahorrar todo lo que podamos, no podemos gastarnos más de 2.000 euros en un camión cuando podemos hacerlo andando como ya lo hacían nuestros abuelos».

El camino más corto sería una línea recta o bien utilizar las actuales vías de comunicación. Pero ninguna de las dos opciones es válida en este momento. La línea recta, porque obligaría a subir y bajar montañas; las carreteras porque sería necesaria la intervención de efectivos de la Guardia Civil para controlar el tráfico al paso del rebaño.

Quedan por tanto las cañadas, las veredas y los caminos de servicio, las tradicionales 'autopistas del ganado', aunque en muchos casos estas cañadas (que son espacios de dominio público) ya han sido ocupadas con nuevas roturaciones y por accesos particulares que hacen imposible que Juan José pueda utilizar el mismo recorrido que hace años utilizaban sus antepasados.

Fisgoneado en La Verdad.

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Agricultores e investigadores, el sábado, en la casa del Tío Picalé.

La red privada de custodia de la biodiversidad agraria suma nuevos apoyos. Otras seis fincas (y ya son nueve) se han apuntado a este proyecto pionero, que persigue conservar la riqueza natural de la huerta de Murcia. Investigadores de la Facultad de Biología de la Universidad de Murcia (UMU) y huertanos van de la mano en esta experiencia.

La iniciativa funciona de la siguiente manera. El banco de germoplasma (semillas) del Departamento de Biología Vegetal suministra simientes de variedades vegetales tradicionales a los huertanos. Éstos las plantan en sus fincas, que funcionan casi como laboratorios al aire libre. En estos huertos se observa el comportamiento de las distintas especies y se van seleccionando aquellas que más se adaptan al clima y al terreno y también que mejor soportan las plagas, sin la ayuda de tratamientos químicos, al mismo tiempo que se comprueba su rentabilidad. Esta colaboración entre botánicos y agricultores permite ir recuperando los cultivos autóctonos, la mayoría al borde de la desaparición, más resistentes y por tanto mejor dotados genéticamente para hacer frente al cambio climático.

Expertos y huertanos

A veces el proceso se invierte, y son los huertanos más mayores los que aportan semillas. Así ocurrió el pasado sábado, en un encuentro organizado por la Asociación para la protección de la huerta de Murcia (Huermur).

En la casa del Tío Picalé, en la Senda de Granada, se reunieron agricultores y expertos para compartir experiencias. A la invitación de Huermur respondieron unos veinticinco agricultores, que aportaron semillas de ajos, pimientos, judías, tomates, habas y cebollas, entre otras especies hortícolas. Estas simientes pasarán ahora al banco de semillas del departamento universitario de botánica. Huermur advierte de que la riqueza genética que atesoraba la huerta de Murcia se está perdiendo por el abandono de cultivos, debido a la falta de rentabilidad, y el avance del ladrillo.

En la Región de Murcia, de las 1.025 variedades vegetales que se cultivaban, la mitad ya han desaparecido de los campos, según ha explicado el catedrático de Botánica José María Egea Fernández. Ademas, otras 380 especies están en manos de agricultores mayores que las utilizan para autoconsumo «y que por tanto están en peligro de desaparición».

Los expertos explican que las variedades autóctonas gozan de una mayor variedad genética y por tanto presentan más armas para defenderse de las plagas y del calentamiento global.

Fisgoneado en La Verdad.

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Cele, como le llaman todos, te hace trizas los parámetros normales de la entrevista. Recuerda que en su infancia le decían que era la oveja negra de todos los hermanos, pero hoy es el timón de la tercera generación que se dedica exclusivamente al cultivo y exportación de melones de Torre Pacheco con el nombre empresarial de Procomel. Distribuyen treinta y ocho millones de kilógramos de melones por medio mundo con el nombre de El Abuelo. En el camino de los amores siguió las indicaciones de su abuela, ya que Cele decía que se quería casar con una vieja rica, si bien la sabia abuela le aconsejó que sólo le pidiese a Dios salud porque, según ella, con salud incluso se podía robar. Ahora, su esposa Inmaculada y sus tres hijos: Alejando, Esmeralda y Alba son su razón de vivir. Este año ha logrado la denominación de origen para el melón torrepachequero.

-Por fin melón oficial de Torre Pacheco ¿Cómo se siente?

-Ya era hora. Este año hemos logrado concluir el proceso de documentación en la Consejería de Agricultura de forma oficial la delimitación geográfica, y denominación de origen, del melón de Torre Pacheco. Hemos recuperado este producto atendiendo principalmente a los parámetros de sabor. La zona protegida para producir estos melones son Fuente Álamo, parte del municipio de Cartagena, Los Alcázares, San Javier y parte de la zona sur del término municipal de Murcia. En total son unas seis mil hectáreas de terreno.

-¿Qué cree que tiene de especial este terreno?

-Es un microclima con una diferencia de temperatura entre tres o cuatro grados respecto a otras zonas. Su producción puede alargarse más en el tiempo, desde el 15 de mayo hasta primeros de septiembre y, dado el alto grado de humedad, la mosca blanca no le ataca.

-¿Qué tipo de melones se acogen a esta denominación de origen?

-Existen cuatro variedades. El de piel de sapo, que es el autóctono, y según tengo entendido los primeros cultivos datan de los siglos XVI y XVII, procede de Turquía. Los latinos le llamaron cuanis melo. El melón galia, que procede de Sudamérica, se introdujo en los procesos colonizadores. También están otros melones como son el cantaloupe y el charentais, aunque estos son de origen francés.

-Le llaman piel de sapo, pero la verdad es que el sapo es un animal repulsivo.

-Lleva usted toda la razón. Utilizaron el nombre por el color verdoso; sin embargo gracias al sapo existen las ranas a las que protegemos.

-Una curiosidad, ¿mete mucho la gente en el frigorífico melones de piel de sapo?

-Su consumo es mayoritariamente nacional, y por supuesto fresco. El 80% de estos melones se consumen en España, y; sin ir más lejos, en la Copa Davis, la gente esperaba ansiosa los descansos para degustar gratuitamente los miles de trozos de melón fresquito del Abuelo que preparamos en cajitas. El melón galia se consume en un noventa por ciento detrás de los Pirineos

-Y además, este año creo que están de bautizo con melones.

-Sí, después de varios años con ensayos sin absoluta manipulación genética, de forma natural, el trabajo duro lo han realizado las abejas. Este año hemos bautizado al melón Sugar Baby Gold. Es un nombre ingles y su traducción es: pequeño, azucarado, extra. Mi abuelo me decía que «cuando un tonto toma una senda, o se acaba el tonto o la senda». Hay que renovarse, y así ha sido. Este melón es pequeño, adecuado a la actual estructura familiar. Es redondeado, amarillo fuerte anaranjado y la pulpa color naranja y de sabor, «sabor a buen melón», dice quien lo prueba.

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El negocio del capullo.
9/15/2009 | Author:

La perdida industria de la seda permitió levantar gran parte de nuestros tesoros.

Son edificios robustos; pero en sus cimientos aún palpitan los frágiles filamentos de la seda. Durante siglos, la riqueza que supuso esta industria sirvió para financiar gran parte de la obras arquitectónicas que hoy consideramos joyas históricas. Desde el Puente Viejo y el antiguo seminario de San Fulgencio, las contribuciones a la Catedral, hasta cinco fábricas activas en pleno siglo XIX, el Contraste o los tesoros de la Cofradía del Perdón.

El negocio de la seda ocupaba en la ciudad un triángulo invisible que une en sus extremos la plaza de Castilla y los barrios de San Antón y San Miguel. Aunque ya nadie recuerda que este sector determinó la balanza comercial de la Región, de aquel esplendor eclipsado sobreviven los nombres de muchas calles. Por ejemplo, de la Seda, del Desembojo o Hilanderas, todas en San Antón. La fábrica de Castilla exportó durante el último tercio del siglo XIX toneladas de capullos de seda en bruto al puerto de Valencia y Francia. En ese mismo periodo había en Murcia otras cinco fábricas sederas que, en su mayoría, se dedicaban a la producción de hijuela.

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Esta fotografía muestra la remota ceremonia del desembojo de los capullos de seda.

El periodista Martínez Tornel describió a las hilanderas de esta plaza, quienes, «con los primeros claros del día, alegres y pomposas, llenas sus cabezas de jazmines, pasan de la parte del Mediodía a las fábricas de la puerta de Castilla, con un rumor tan alegre y con un paso tan ligero que parecen pájaras de las nieves cuando saltan por los sembrados ». Acaso suene el párrafo un tanto cursi en estos tiempos apresurados; pero más de un vecino se detenía ver pasar por la plaza de Castilla a aquellas «pájaras de las nieves».

El jardín de la Seda debe su nombre a las industrias que lo ocupaban, conocidas con el sobrenombre de Mayor y Menor o también como Grande y Pequeña. De los edificios sólo queda una chimenea. Cerca, el colegio José Castaño atesora en su escudo un gusano que serpentea por la chimenea, como antes trepaba el humo. O como ahora asciende al cielo la humareda de sabores exquisitos en la hostería Palacete de la Seda. Fue construida en el siglo XVII por una familia mallorquina. Con el paso del tiempo, fue bodega de vinos hasta convertirse en ahogadero de gusanos de seda, dentro de sus capullos. Aunque en la época este vocablo era tenido por malsonante y en la huerta se le llamaba capillo. Al menos, cuando la abuela estaba presente.

Los impuestos de la seda todavía dieron para estirar los gastos en obras públicas. Como sucedió con el Seminario de San Fulgencio, situado en la plaza de los Apóstoles y convertido en Escuela de Arte Dramático. El seminario, fundado en 1592, se erigió con «treinta y cinco mil y trescientas y ochenta y quatro maravedís, que valieron veinte libras y siete onzas de seda joyante, y once libras y cinco onzas de seda redonda, que se cogió de limosnas en el año de noventa y quatro». En 1718, la construcción del Puente Viejo fue posible al establecerse un gravamen de un real en cada libra de seda joyante, la buena, y «medio real en la seda redonda».

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El antiguo edificio del Contraste, en la plaza de Santa Catalina, que fue derribado.

El auge del negocio pronto catapultó a la riqueza a sus promotores. Los tejedores y torcedores de seda fueron el único gremio que sacó, sin necesitar ni un maravedí de nadie, una cofradía a las calles: El Prendimiento, que cada Jueves Santo salía de San Antolín, barrio donde vivían estos artesanos. Herederos dignos de aquella tradición son los hermanos de la Cofradía del Perdón.

El Contraste, por último, concentró el pálpito del negocio sedero. Estaba en Santa Catalina, plaza mayor del siglo XVII, que acogió la proclamación de reyes, declaraciones de guerra, pregones a toque de trompeta, corridas de toros, juegos de cañas, castigos, autos de fe del Santo Oficio y sacramentales. La plaza tenía «porches de cornisas labradas de carpintería con poyos donde tomaban asiento los mercaderes y se celebraban las subastas con asistencia del corregidor». Allí estaba la lonja y la Audiencia, la casa del marqués de Espinardo y un pórtico gótico-mudéjar.

El Contraste, que revolucionó la concepción del entorno, sirvió para controlar la evasión de los gravámenes fiscales que se cometían en la compra y la venta. Una ordenanza de 1531 prescribió que «toda la seda se pese en el Contraste». La última fábrica de seda cerró sus puertas en los ochenta, dejando un legado que ya sorprendió en su día al Rey Alfonso XII, quien promulgó una ley para proteger el sector. Y hasta sentó sus reales posaderas en un corrillo de huertanos para participar en el desembojo, el proceso de retirar cuidadosamente el capullo, o capillo, de las hierbas aromáticas donde fue creado.

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