Cientos de cormoranes regresan cada tarde al pantano de Alfonso XIII para descansar. Un paseo por el embalse del Quípar, entre tarays, bajo las sierras de la Albarda y la Palera.
Una nube de cormoranes cae cada tarde sobre el pantano de Alfonso XIII. Las aparatosas aves acuáticas llegan desde el Segura, desde el Argos, incluso desde el Alhárabe, después de una esforzada jornada de pesca en los cauces de estos ríos, que sobrevuelan a ras de agua como aviones de combate atentos a cualquier pez que se mueva cerca de la superficie.
El embalse del río Quípar -que inauguró el abuelo del rey Juan Carlos I en 1918- es el dormidero predilecto de los cormoranes que pescan en los cursos fluviales del Noroeste, aunque observar a estos espectaculares pajarracos no es el único aliciente para conocer este ecosistema húmedo donde anidan las garzas reales y se zambulle el colorido martín pescador.
Podemos dejar el coche junto a las casas del pantano y saludar, si nos lo encontramos, al guarda del embalse, Paco Puente, que nos informará con amabilidad sobre cualquier duda que podamos plantearle. Lo mejor es dejar el asfalto en cuanto nos encontremos con la primera pista de tierra, que baja hasta la orilla.
Las sendas de pescadores nos conducen por las riberas de la masa de agua, abrigadas por carrizos donde se cobijan las anátidas. En ocasiones se hace difícil progresar a lo largo de la ribera a causa del barro y la vegetación, por lo que conviene cortar el camino a través de las lomas; así también tendremos una mejor perspectiva del entorno y podremos divisar a lo lejos las aves acuáticas. En una primera aproximación a este espacio natural estaría bien llegar hasta el bosquete de tarays donde crían las garzas reales.
Quien se vea con fuerzas puede intentar la vuelta completa al pantano, pero ya sabe que le esperan 18 kilómetros y no menos de cinco horas de marcha.
LA EXCURSIÓN
Dónde. Pantano de Alfonso XIII (Calasparra).
Cómo llegar. Desde Murcia, por la autovía del Noroeste. Después de pasar Mula hay que tomar el salida de Cieza-Calasparra. Una vez en esta carretera, hay que ir atento para desviarnos a la izquierda en dirección a Calasparra por el Campo de Cajitán. Siete kilómetros antes de llegar al núcleo urbano de Calasparra, un desvío a la derecha nos conduce al pantano en 8 km.
Dificultad. Baja.
Cartografía. Mapa 890-IV de Almadenes en escala 1:25.000 (Instituto Geográfico Nacional).
Cobertura de móvil. Escasa.
Caminata por la Sierra de Quibas (Abanilla), la 'esponja' de la que bebe el río Chícamo.
Vértice geodésico de la sierra.
El Noreste de la Región guarda rincones donde la actividad humana aún mantiene una relación armoniosa con el medio natural. Donde los cultivos de secano y las casas de labor tradicionales se relacionan con respeto con las montañas y la masa forestal. Uno de estos lugares es la Sierra de Quibas y su entorno, en Abanilla, donde podemos hacer una excursión de media jornada para conocer una zona de la geografía regional que está aún por descubrir.
Desde las ruinas de la Venta Casa del Pino, en La Zarza, tomamos un camino asfaltado que sube hacia la sierra en línea recta, cruzando la carretera principal. Atravesamos campos de vides, de almendros y de olivos ganados al monte hasta llegar al fin del camino; ahora giramos a la izquierda para bordear la montaña por una senda, y abordamos la subida a la cuerda de la sierra por el este, buscando la pendiente más suave posible. Lo cerrado de la vegetación nos indica lo poco transitadas que están estas elevaciones, donde la coscoja cubre casi todas las laderas que dan al norte. Una vez situados en el lomo de la sierra, ascendemos hasta el vértice geodésico (966 metros), desde donde podemos disfrutar de unas vistas excepcionales: al sur, el valle de Balonga, al norte la Sierra del Carche, al oeste La Pila, y al este el desagradable impacto visual de unas canteras que se comen la montaña. Para descender, cresteamos en dirección oeste a través de auténticos túneles vegetales, pasamos por la cumbre de la sierra (971 m.) y sorteamos -¡precaución!- una sima con dos entradas.
Un senderista junto a las paredes del Piñonico.
Después rodeamos la mole del Piñonico (969 m.) y bajamos atravesando una selva de pinos, sabinas, zarzaparrillas, esparragueras, madroños y aladiernos. En esta zona hay que tener cuidado porque la pendiente es muy acusada, aunque enseguida llegamos hasta los campos de secano que se extienden junto a la base de la sierra. Girando a la derecha, un cómodo camino nos devuelve a La Zarza.
En la fotografía se aprecia cómo penetran en la Sierra de Quibas los cultivos de secano ganados al monte.
En este último tramo de la caminata comprobamos que las viviendas de recreo están surgiendo como setas junto a la falda del monte, en cuyas entrañas se localiza el acuífero que alimenta el río Chícamo, un curso de agua que aflora unos kilómetros más abajo, cerca de Macisvenda.
LA EXCURSIÓN
Dónde. Sierra de Quibas (Abanilla).
Cómo llegar. Desde Fortuna, por la carretera de Pinoso. Pasado el cruce del Algarrobo hay que girar por la izquierda hacia Cañada del Trigo. Y un kilómetro antes de Cañada del Trigo hay que tomar un desvío por la izquierda hacia La Zarza.
Dificultad. Media: ruta circular de 5 kilómetros por terreno muy abrupto. Entre dos y tres horas.
Cobertura de móvil. Buena.
Cartografía. Mapa 892-I de Barinas en 1:25.000 (Instituto Geográfico Nacional).
De Bajil a Rincón de los Huertos (Moratalla) a través de un inmenso chaparral.
Un senderista atraviesa el chaparral de Bajil camino del Rincón de los Huertos en uno de los tramos donde la vegetación es más cerrada.
Atención, senderistas: una excursión en la que estaremos rodeados de árboles de principio a fin pero en la que no veremos ni un pino. ¿Imposible? De eso nada, siempre que nos dé por recorrer el chaparral de Bajil, un gran altiplano calizo situado a casi 1.300 metros de altura y forrado exclusivamente por encinas de bajo porte y sabinas.
La excursión une las aldeas de Bajil y Rincón de los Huertos atravesando la selva de encinas, y más o menos a mitad de camino tendremos la opción de desviarnos -izqda.- para conocer dos cuevas en cuyas grandes salas se encierra ahora ganado esporádicamente.
Nuestro recorrido comienza en Bajil del Cenajo, las casas-cueva situadas frente al caserío de Bajil, al otro lado de la cañada. Camino del chaparral pasamos junto a una balsa que retiene el agua de un manantial; junto a este bonito rincón, presidido por una gran noguera, alcanzamos una pista que nos conduce sin apenas esfuerzo hasta la superficie boscosa, por donde podemos caminar con comodidad a través de una compleja red de sendas en la que hay que tratar de orientarse, lo que no es fácil cuando hay niebla: tenemos que tratar de progresar en línea recta, desviándonos a veces por la derecha en los cruces, para avanzar en paralelo a la carretera El Sabinar-Benizar.
El chaparral parece no terminarse nunca y a cada momento nos saldrán otros caminos a derecha e izquierda, pero nosotros debemos fijarnos en el Puntal de Cárdenas (1.435 metros), una elevación que será un buen punto de referencia para no perdernos. Una vez alcanzado este vértice, en el kilómetro 3 de la excursión, tomamos un camino que gira a la izquierda bajo la antena, en dirección norte, y que lleva hasta Rincón de los Huertos.
Bajamos con cuidado por los Toriles y la Balsa Grande, un entorno fresco y agradable donde cantan las fuentes y crecen nogales, almeces y chopos. Silencio, vegetación y agua en abundancia.
Si no hemos podido dejar un coche en el final de la ruta tenemos la posibilidad de continuar hacia el punto de destino por el Collado Blanco: basta con seguir el camino principal y tomar después la Cañada de Bajil en sentido descendente, aunque al final nos saldrán casi diez kilómetros. Que valen la pena.
LA EXCURSIÓN
Dónde. De Bajil a Rincón de los Huertos por el chaparral (Campo de San Juan, Moratalla).
Cómo llegar. Desde Caravaca, hacia Barranda, donde se toma un desvío a la derecha que conduce hasta El Sabinar. A partir de El Sabinar, por la carretera que lleva a Benizar, a unos 10 kilómetros, tomando un desvío a la izquierda (señalizado).
Dificultad. Media (5 kilómetros).
Cobertura de móvil. Muy escasa.
Cartografía. Mapa 889 de Moratalla (SGE).
Entre cuatro y seis millones de personas fueron exterminadas por los nazis en el campo de concentración polaco.
El 27 de enero de 2010 se cumple el 65º aniversario de la liberación del campo de exterminio de Auschwitz, fecha que en 2005 la ONU declaró Día Internacional para Honrar la Memoria de las Víctimas del Holocausto.
Polonia conmemora el 27 de enero el 65 aniversario de la liberación por el Ejército Soviético del campo de exterminio de Auschwitz-Birkenau (Oswiecim, en polaco y en ruso), que en 1947 fue convertido en museo y treinta años más tarde declarado por la UNESCO patrimonio de la Humanidad.
Según los archivos del FSB, a Auschwitz, desde su creación en 1940, cada día llegaban de los países ocupados por los nazis una media de diez convoyes ferroviarios con presos.
Según los historiadores, el 90 por ciento de las víctimas de Auschwitz, a las que los nazis asesinaban con gas Zyklon B e incineraban sus cuerpos, eran judíos procedentes de toda Europa y el resto partisanos polacos, gitanos, homosexuales y presos soviéticos.
Fotografía de archivo con fecha desconocida que muestra a prisioneros judíos en el campo de concentración nazi de Auschwitz, en Polonia.
El 26 de enero de 2007 la Asamblea General de la ONU adoptó la resolución 61/255 que condenaba la negación del Holocausto y proclamó el 27 de enero como Día internacional de recordación de las víctimas del Holocausto.
Niños, mujeres y ancianos
Entre cuatro y seis millones de personas fueron exterminadas por los nazis en el campo de concentración polaco de Auschwitz, según documentos de archivo revelados por el Servicio Federal de Seguridad de Rusia (FSB, ex KGB de la URSS).
Entre cuatro y seis millones de personas fueron exterminados por los nazis en el campo de concentración polaco.
"Los fascistas no lograron destruir toda la documentación sobre Auschwitz. La Comisión Extraordinaria que interrogó a testigos y verdugos llegó a la conclusión de que en Auschwitz murieron más de cuatro millones de personas", explicó el historiador ruso Vladímir Makárov, experto del Archivo Central del FSB, a la agencia Interfax.
Los nazis acababan con sus víctimas con gas Zyklon B y después incineraban sus cuerpos.
Al tiempo, el obrero polaco Anton Honkish, obligado por los nazis a trabajar en la construcción de Auschwitz, testificó que "en este campo durante su funcionamiento fueron exterminados como mínimo seis millones de personas, incluidos niños, mujeres y ancianos".
El 90 por ciento de las víctimas de Auschwitz eran judíos procedentes de toda Europa y el resto partisanos polacos, gitanos, homosexuales y presos soviéticos.
270.000 cadáveres al mes
Makárov indicó que, según los archivos del FSB, a Auschwitz, desde su creación en 1940, cada día llegaban de los países ocupados por los nazis una media de diez convoyes ferroviarios con presos.
Cada tren contenía entre 40 y 50 vagones, en cada uno de los cuales había entre cincuenta y cien personas.
Polonia conmemora el 27 de enero el 65 aniversario de la liberación por el Ejército Soviético del campo de exterminio de Auschwitz-Birkenau (Oswiecim, en polaco y en ruso).
El 70 por ciento de los recién llegados eran exterminados inmediatamente, y solo a los físicamente más fuertes les aplazaban provisionalmente la muerte para que trabajaran en fábricas militares nazis o bien fueran empleados para macabros experimentos médicos.
La llegada del Ejército Soviético el 27 de Enero de 1945 puso fin a cinco años de exterminio.
La Comisión Extraordinaria soviética, que investigó los crímenes de Auschwitz, constató que desde 1940 y hasta enero de 1945 en este campo "funcionaron cinco crematorios con una capacidad de incineración de unos 270.000 cadáveres al mes".
Una rosa descansa sobre una vía de tren en Auschwitz.
Según cálculos de los historiadores, en estos cinco crematorios pudieron haber sido incinerados los cadáveres de más de cinco millones de presos muertos.
El rojo de sus pétalos y el verde de sus hojas aportan las únicas notas de color a una fotografía mortecina. Triste. Melancólica. La rosa parece querer abrazar la línea férrea, dotar de algo de humanidad al frío metal, sumirlo en su ternura. No es cualquier vía. Por ella transitaron centenares de trenes cargados de muertos en vida: vagones repletos de judíos, de intelectuales, de prisioneros de guerra, de seres humanos al fin y al cabo, en su infausta ruta hacia el campo de concentración de Auschwitz-Birkenau, el mayor de la barbarie nazi y donde se calcula que fueron asesinadas dos millones y medio de personas. Hoy se cumple el 65 aniversario de la liberación del lugar por el ejército soviético, fecha fijada por la ONU como Día Internacional para honrar la Memoria de las Víctimas del Holocausto.
«Arbeit macht frei», «el trabajo os hará libres», podían leer los confinados a su paso por una de las entradas al campo. El cruel juego de los nazis con la esperanza de los pobres infelices que acabarían gaseados, colgados o incluso encerrados hasta morir de hambre bajo el exterminio ideado por el 'reichsfürer' Heinrich Himmler. Una infamia para no olvidar. Pero el hombre es de memoria corta. Y la historia no ha parado de repetirse. La ex Yugoslavia, Ruanda, Somalia, Palestina... Nuevas limpiezas étnicas. Hombres convertidos en lobos para otros hombres. Aunque el verde y rojo de las rosas siempre logra abrirse camino. Como escribió Ana Frank:
No veo la miseria que hay, sino la belleza que aún queda.
Estimadas y estimados seguidores hace tiempo que no os dedico un articulo de los míos pero aprovechando este Horrible Aniversario quiero recordaros. Que hoy más que nunca vivimos en una época de Fascismo de Avaricia, Despacho y Poder. Por lo tanto deciros que no os dormías, hoy más que nunca se cometen genocidios de gran calado en la Humanidad, lo único que no os lo sirven en cuotas de mayor audiencia. Solo os puedo decir que ahora mismo en nuestro Planeta Tierra existen más de 60 conflictos bélicos. Por supuesto las Armas no están Fabricadas en Cuesta Blanca.
Solo deciros que os cuidéis de los Lobos que las Ovejas siempre estamos en el corral.
La Federación Española de Sociedades de Nutrición, Alimentación y Dietética (FESNAD) ha invitado al municipio de Molina de Segura a participar en su II Congreso, en Barcelona, para que dé a conocer el Programa de Prevención de Obesidad Infantil y Juvenil. En el programa participan 21 de los 22 centros educativos con comedor de la localidad, en los que se sirve a diario menús que constan básicamente de ensalada, guiso tradicional como plato único, pan y fruta. La experiencia ha supuesto que el 100 % de los 4.000 niños que acuden a los comedores coman a diario fruta y verduras, sin que se registren casos de resistencia a los tres meses de comenzar el programa. El coordinador del centro de salud Jesús Marín, Juan Francisco Menárguez, será el encargado de exponer la experiencia de Molina de Segura.
- ¿Cuáles son las claves del éxito del programa contra la obesidad infantil?
- Lo más novedoso es el espíritu de colaboración entre el Ayuntamiento y los profesionales sanitarios y de los centros docentes, que se han sentado juntos para diseñar un plan de actuaciones de carácter intervencionista.
- Llama la atención que, al poco de iniciarse el programa, 4.000 niños coman fruta y verdura sin apenas resistencia...
- Es sorprendente, al pensar que los niños iban a ser reticentes, pero la receptividad ha sido alta. Al principio, pudo costar más trabajo porque había que sacarlos de ciertos hábitos, pero la aceptación ha aumentado progresivamente. A los padres se les ofrecen menús complementarios.
-¿Pretenden ampliar este programa a los alumnos de Secundaria?
- Pretendemos introducir un cambio cultural y global en el municipio. En este caso es más complicado, pero hay otras alternativas como el ejercicio físico o los paseos saludables.
- Por tanto, ¿los menús saludables sólo son una parte del programa?
- La modificación de menús ha sido un proceso y es una parte. La idea es promover actividades sanitarias que pretenden potenciar ese cambio cultural cuyo objetivo final es acabar con el sedentarismo y esta lacra social que es la obesidad.
- Como ponente, ¿cuál será su aportación en el congreso de Barcelona?
-Para que algo tenga un impacto real hay que hacer un trabajo de seguimiento y por ello nosotros valoramos el punto de partida y cuáles eran los hábitos de los niños, todo ello relacionado con la nutrición, ejercicio físico. Es fundamental que el programa aborde todos los apartados e implique a todos los profesionales. Es lo más novedoso por su carácter multidisciplinar.
Coladas a pedales.
A pico y pala. Así labra Diego su conciencia ecológica. En su cueva de Murcia tiene una 'bicilavadora' y una moto que conduce en punto muerto.
Diego Noguera y 'Valentina', con su 'bicilavadora' y la radio solar sobre ella, junto a la cueva.
Con sólo un pico, una pala y una carretilla con la que él y su compañera extrajeron 250 metros cúbicos de arena de las profundidades de la tierra, este «troglodita del siglo XXI», como el mismo Diego Noguera se define, construyó su morada. Una cueva de 90 metros cuadrados, 2,5 metros de altura media, tres habitaciones, un salón, una cocina, un trastero y un cuarto de baño en plena montaña alberqueña (Murcia). La envidia de cualquier buscador de piso, vaya. Son siete los años que esta pareja lleva viviendo en la gruta. Sin otra presencia humana en cuatro kilómetros a la redonda. Es su forma de protestar contra la especulación urbanística: «Es un disparate lo que están haciendo».
«Me estresé de la ciudad, del ruido, del follón...». Y menudo cambio. Entre olivos, higueras, azufaifos, madroños, almendros y «los pinos del Estado» están ahora Diego y Encarna en su parcela de 10.000 metros cuadrados. El respeto al medio ambiente es su vida. Cómo si no se explica su 'bicilavadora', el artilugio estrella de su cueva. El electrodoméstico se lo regalaron hace años. El murciano lo destripó, desconectó la correa que va del motor al tambor y le adaptó una biela de bicicleta con un pedal. ¡Voilà! «La gente pone la colada y se va al gimnasio. Yo meto la ropa, le doy a la manivela y veo los pajarillos. Y hasta cambio impresiones con Valentina», su burra. Cinco cubos de agua por lavadora, unos 45 litros, casi la mitad del consumo de los electrodomésticos comunes «del otro mundo», como él lo llama.
Diego recita el gasto mensual en su hogar. 336 litros en fregar platos, 144 en ducharse, 280 en el váter..., «1.120 litros al mes entre mi compañera y yo». Hasta 15.000 litros tira en ese periodo una pareja española en «el otro mundo», según Greenpeace. En la cueva de Diego, el agua no procede ni de desalinidora, ni de trasvase ni de explotación de acuíferos. «Tengo la que me manda la naturaleza del cielo». Recoge la lluvia en un aljibe de 24 metros cúbicos, deja que se sedimente y la depura. Cada dos coladas (con detergente biodegradable, claro), el agua se destina a regar las plantas. El mismo camino desde el fregadero y la ducha. Bueno, ducha... Un cubo con un grifo en su base colgado por encima de sus cabezas permite el aseo diario de Diego y su pareja. Con nueve litros de capacidad y aún les sobran: «La presión del agua es la principal culpable de que la gente la derroche».
La lavadora a pedales no es el único ingenio ecológico con el que ahorran energía. Su veredicto es rotundo: «O inventan más cosas que no gasten o el desastre ecológico no lo para nadie». Sin tele, una radio solar les mantiene informados. Un par de linternas que se cargan con manivelas alumbran a la pareja en sus movimientos por la cueva. Pero el grueso de la electricidad lo logra una placa solar de 50 por 80. Una vieja batería de camión de 12 años se encarga de acumular la energía y distribuirla al punto de luz que hay en cada una de las estancias de la casa, además de que todas se iluminan con una puerta al exterior. Se levantan y acuestan «con el sol».
Palomas para las rapaces
Diego ha construido su cueva basándose en el 'Feng-Shui' (viento y agua). Está milimétricamente encarada a los cuatro puntos cardinales. Idóneo para que la energía circule correctamente. Los tres metros de pasillo entre cada habitación logran un 'efecto radiador' que mantienen todo el año la temperatura entre 14 y 25 grados. Más ahorro. Albañil de profesión, el murciano se gana la vida con reparaciones a particulares. Se desplaza a un máximo de cuatro o cinco kilómetros de distancia con su moto de 28 años y 50 centímetros cúbicos. Y la mayoría del camino en punto muerto. «Sólo la enciendo en alguna cuestecilla». Son las ventajas de las pendientes de la zona montañosa en la que vive: dos litros de gasolina como mucho a la semana.
HJunto a la burra Valentina, la 'familia' de Diego se completa con las perras Jara y Dina y un palomar. Las aves no son para la cazuela («somos prevegetarianos, la carne casi no nos entra ya...»), sino para las rapaces de la zona. Gavilanes y águilas perdiceras. «Tenía unas 30 palomas y apenas me quedan 9». La pareja no piensa en tener hijos. Miedo a la responsabilidad, confiesa. Aunque hay alguna otra razón: «También le hacemos un favor al planeta. La densidad de población va a acabar con él. Igual pronto sólo sobreviven algunos de los trogloditas del siglo XXI».
La Luna viaja en bicicleta.
El asturiano Ramón Fernández, fundador de una de las primeras mensajerías en bici de España, reivindica este vehículo que «integra y hace ciudad»
Ramón Fernández, pedaleando por las calles de Gijón.
Hace quince años, cuatro socios fundaron La Luna, una de las primeras empresas de bicimensajería de España, y se lanzaron a repartir paquetes por Gijón y Oviedo con un ímpetu propio de una contrarreloj. «Al principio nos miraban como un elemento un poco folclórico, resultaba llamativo que hubiésemos apostado por esa forma de trabajo -recuerda Ramón Fernández, un asturiano de Porcia que ahora se ocupa de la atención al cliente-. Pero la cosa cuajó enseguida, pronto hubo instituciones y empresas que apostaron con convencimiento por nosotros». Su cooperativa da trabajo hoy a catorce personas y lleva pedaleados 860.000 kilómetros: vamos, de sobra para viajar hasta esa Luna que les da nombre, dejar allí algún envío y regresar.
Algo de extraterrestres tenían los bicimensajeros allá por los 90, cuando se presentaban en los polígonos industriales dispuestos a llevar la carga a base de piernas. España no se había acostumbrado -seguramente no lo ha hecho todavía- a ver la bicicleta como un medio de transporte eficiente. «En otros países, la bici es algo natural. Se utiliza haga bueno o malo, haya cuestas o no, para el ocio y para el trabajo. Aquí, aún nos preguntan alguna vez si también repartimos los días de lluvia». El germen de La Luna está en una estancia de Ramón en Holanda: fue allí con el programa europeo Leonardo, para trabajar en una empresa de investigación de mercados, y se conmovió su corazón de aficionado a la bicicleta. «Lo que vi me determinó a usarla más conscientemente. Los Países Bajos siguen teniendo la primacía en este campo: se implicaron muy pronto y ven la bici como un vehículo que integra y hace ciudad».
La Luna nació con inquietud medioambiental y, según los cálculos de sus responsables, ha ahorrado a la atmósfera más de cien toneladas de dióxido de carbono en estos años. Pero los ideales difícilmente bastarán para triunfar en el mundo empresarial: la cooperativa, que se define como «más competente que competitiva», ha organizado varias carreras para demostrar que, además de limpia y silenciosa, la bicicleta es rápida, inmune a los atascos de la hora punta. Un mensajero puede llevar hasta quince kilos en el portabultos, con carga extra en la bolsa ergonómica, y también existen remolques que permiten trasladar treinta kilos de mercancía.
Dos medidas básicas
Aquella iniciativa de cuatro visionarios que utilizaban como oficina un local de Los Verdes es hoy una compañía de 'shipping' que también realiza envíos nacionales e internacionales de forma «medioambientalmente responsable», aunque, lógicamente, las grandes distancias obligan a emplear transportes a motor. Pero la bicicleta sigue siendo su seña de identidad y, siempre que resulta posible, trabajan con empresas similares en la ciudad de destino. Madrid, Barcelona, Euskadi, Pamplona o Palma de Mallorca ya cuentan con servicios de bicimensajería, y Ramón contempla con optimismo el futuro del sector: «Hubo un momento álgido en los 90 y ahora tal vez se produzca una nueva eclosión. Recibimos muchas solicitudes de información de emprendedores de distintas ciudades».
En lo que queda mucho por hacer es en la promoción del transporte sostenible. «Niveles como el de Holanda los dan la enseñanza y el tiempo, que crean hábitos. Es un asunto de conocimiento del medio, como se dice en Primaria. Aquí, seguramente, nos veremos obligados a seguir esa senda cuando falte el petróleo». A juicio de Ramón, una apuesta decidida por la bicicleta pasaría por dos medidas básicas: «Las normativas de tráfico urbano restringen mucho la circulación de las bicis. Por un lado, habría que habilitar zonas peatonales compatibles con el uso de la bicicleta. Por otro, habría que permitir el paso por calles de sentido prohibido para los coches: hay muchas en las que eso no supondría ningún peligro. Bruselas y París lo han hecho, y la única inversión que se precisa es un cartel que diga 'excepto bicicletas', para ponerlo debajo de la señal».
¿Y cómo ve la Cumbre de Copenhague un ciclista que ni siquiera tiene coche propio? «Buf, no puedo evitar ese sentimiento de pensar 'qué más da'. De Estados Unidos y Europa pasaremos a India y China, pero van a seguir contaminando. Yo soy bastante individualista, me interesan los grandes movimientos que surgen a partir de pequeñas acciones. ¡Llevemos una vida que nos permita tener tranquila la conciencia ecológica!».
A Adolfo le importa el rábano.
Calabazas, coles, pimientos... Adolfo Chautón consume productos de la tierra y de temporada para contaminar lo mínimo.
Adolfo Chautón, en el huerto ecológico de Cáceres que le provee de verduras de temporada.
Adolfo Chautón, madrileño de 34 años y residente en Cáceres desde hace quince, es un geógrafo con una intensa conciencia medioambiental, que lleva a la práctica en su vida personal y profesional. Adolfo dirige la empresa Exterrae, que promueve un modelo sostenible para Extremadura, y en su día a día adopta hábitos ecológicos sencillos. Su compromiso con el medio ambiente empieza en la cesta de la compra. Consume alimentos locales y de temporada y evita la compra de productos sobreenvasados, esos que vienen en bandejas cubiertas de plástico. Así pone su granito de arena en el recorte de las emisiones de CO2 a la atmósfera. Es de los que cree que la ecología empieza por pequeñas acciones cotidianas, gestos que no figuran en las agendas de los responsables institucionales que están en Copenhague, pero que seguramente hacen más por el planeta que la verborrea política. No sabemos el menú que se servirá hoy en la cumbre del clima, pero poco tendrá que ver con el de este ex jugador de rugby que procura proveerse de coles, berzas, calabazas, apios, escarolas, pimientos, rábanos o cualquier otra verdura de temporada que adquiere en un huerto urbano cercano a su casa, en la ciudad vieja de Cáceres. A eso le llama consumo responsable, «que en absoluto significa consumir menos», aclara. Lo ilustra con el siguiente ejemplo: «En un supermercado se pueden comprar manzanas locales o de Nueva Zelanda, que vienen envasadas. El impacto ecológico de esa manzana de Nueva Zelanda es enorme. Ha emitido a la atmósfera CO2 derivado de su transporte, de las cámaras frigoríficas y de la generación de plásticos para el envase. El consumidor no va a dejar de comerse una manzana, pero depende de si se come una u otra lo hará de una forma más o menos responsable».
El pan, en una ecotahona
Adolfo no piensa en términos de globalidad, prefiere hacerlo desde planteamientos locales. «Cambiando nuestro entorno cambiamos el mundo, así de sencillo». Por eso adopta actitudes modestas que ayudan a cuidar el medio ambiente. Todos los electrodomésticos de su hogar, así como las bombillas, son de bajo consumo; usa el lavavajillas y la lavadora sólo si están llenos; no deja el grifo abierto cuando se cepilla los dientes, y las cisternas de los cuartos de baño son de doble pulsador para no derrochar agua innecesariamente. Le habría gustado emplear energías alternativas en su casa, pero al estar enclavada en una zona protegida del casco antiguo tiene prohibida la instalación de paneles solares.
Su pareja, Cristina, es otra convencida de que el ecologismo empieza por uno mismo. De hecho, fue ella la que rehabilitó el viejo caserón donde viven, recuperando las bóvedas y otros elementos arquitectónicos tradicionales de Extremadura y empleando para los cerramientos materiales aislantes de última generación. Son más caros que los normales, pero a la larga resultan rentables por su ahorro energético. Fieles a un modo de vida sostenible, la pareja compra el pan en una ecotahona de Hervás, que lo elabora ecológicamente. Cristina no come carne, uno de los alimentos que más huella ecológica produce; Adolfo apenas la consume un par de veces a la semana, lo mismo que el pescado. Huevos sí, pero siempre de granjeros locales. Los desplazamientos los realizan a pie y en bicicleta, y el coche, lo imprescindible. En su cocina hay cuatro cubos para el reciclaje: uno para los envases de plástico, otro para el vidrio, otro para el papel y un cuarto para la materia orgánica, que también separa minuciosamente porque con los restos de frutas y verduras generan compost que reutilizan en el huerto urbano que les suministra las verduras de temporada que consumen. Así cierran un círculo perfecto. Pequeños gestos desde el corazón de Cáceres para los pulmones de todo el planeta. Naturalmente que sí.
Una foca en Internet.
Ángel Zafra es el padre de 'Focax', una red social sobre medio ambiente. Cumple su primer año con mil seguidores.
Ángel Zafra, en su almacén de Alhaurín de la Torre (Málaga). La foca es el símbolo de la red.
Vegetariano desde hace veinte años, Ángel Zafra no sólo pone en su mesa productos verdes. Sus negocios y tiempo de ocio también están impregnados de este color. Fundaciones, asociaciones, ONG... se suceden sin parar en la vida de este «ciudadano global» nacido en Barcelona, pero afincado en Málaga. Hasta vivió un año en una favela de Sao Paulo (Brasil). «A lo único que aspiro es a dejar el planeta como me lo he encontrado», sentencia este empresario de 51 años dedicado a la construcción de casas con madera ecológica. Lo último que ha añadido a sus 'quehaceres' medioambientales: Focax, una especie de Facebook verde en internet o, como a él le gusta llamarla, «la red social de la comunidad consciente».
Una foca sobre una placa de hielo en el Ártico da la bienvenida a esta red. «¡Qué mejor que el símbolo del calentamiento de los polos para ser la imagen de este portal!», exclama su promotor escondido entre los tablones de los que saca tiempo para dar vida a su pequeña criatura cibernética.
La versión en pruebas de Focax levantó su persiana virtual hace un año en una nave industrial en Alhaurín de la Torre. Apenas se ha publicitado. El boca a boca ha sido muy efectivo: más de mil usuarios y organizaciones de todo el mundo ya se han registrado y comparten experiencias, proyectos medioambientales, acciones sociales... «Es mucho más que subir fotos y mantener el contacto con los amigos», matiza Ángel. Así, desde Villa Mercedes (Cazuca, Colombia) han solicitado voluntarios para construir 62 viviendas de emergencia durante las vacaciones de Semana Santa, mientras que Corredores con Causa -vinculada a Save the Children- han pedido deportistas interesados en el proyecto. Tampoco faltan los consejos medioambientales para reducir las emisiones de CO2 mientras se celebra la cumbre de Copenhague o convocatorias de manifestaciones verdes. «La ciberacción será la herramienta democrática del futuro», vaticina este ecologista tomando como base el presupuesto que los servicios de inteligencia de los países desarrollados destinan al rastreo de información por las distintas redes sociales.
Sin beneficios
Focax sólo es un «granito de arena más en un mundo cada vez más concienciado con el medio ambiente». De este proyecto no espera -ni quiere para sí- un euro de beneficios. «Sueño con que esta red social sea sostenible económicamente por sí misma, como sucede en Estados Unidos, donde es todo un fenómeno de masas con más de doce millones de usuarios». Por ahora su negocio de madera respalda la iniciativa y de él han salido los 600.000 euros de inversión. Hasta comparten oficina. Quizás sea paradójico que este material pueda financiar un portal verde. «Mi madera procede de bosques en los que se plantan siete árboles por cada ejemplar que se tala», se excusa Ángel recordando todas las certificaciones necesarias para una empresa de este tipo.
Si en su vida profesional domina el tema medioambiental, en su casa no iba a ser menos. Lleva a rajatabla el lema de que un hogar puede hacer tanto como un gobierno por el medio ambiente. Recicla todo lo que está en su mano, controla al máximo el gasto de agua y luz, sus electrodomésticos son de bajo consumo... Aunque no es perfecto. El coche se le resiste. Lo necesita para ir a trabajar al estar sus oficinas en un polígono industrial. Otra falta: en su vegetariana mesa tampoco aparecen muchos productos ecológicos. «Siempre como fuera y no puedo exigir el certificado de origen de todos los alimentos, porque si no no almorzaría». Los extremismos no van con él.
En su cartera de proyectos, más bien en el congelador, guarda un proyecto para crear una granja biodinámica en Cazorla. Algo así como el siguiente paso a la agricultura ecológica. La teoría es sencilla: un espacio rural que sea autosuficiente. Nada de excedentes. «Por ejemplo, no podría existir más de una vaca lechera por hectárea», explica quien en sus años mozos también fuera vaquero en Madrid. Pero el dinero manda y el lema de 'pensar global, actuar local' tiene su coste. Y Focax no sólo se ha llevado todo su presupuesto medioambiental. También el personal. «Todo sea porque las nuevas generaciones disfruten de la Tierra como nosotros».
Verde entre verdes.
En la explotación de Xabier Almandoz las cabras se curan con homeopatía y las plagas, con remedios de hierbas.
Almandoz, en el establo de su rebaño de cabras. La hierba se seca con energía solar.
Aldaba Zahar es una explotación rural que se alza en las alturas de Tolosaldea, una comarca del interior de Guipúzcoa. Como en cualquier otra granja en ella se cría ganado (cabras en este caso), se cultivan hortalizas, se elaboran quesos e incluso se hacen panes y productos de repostería. Lo que diferencia a esta pequeña cooperativa de otras explotaciones similares es que todo lo hace con arreglo a criterios de sostenibilidad medioambiental. Si una cabra cae enferma no se le administran antibióticos sino remedios homeopáticos. Si se detecta una plaga en los tomates se recurre a preparados inspirados en viejos tratados de herboristería y no a productos químicos de síntesis.
La cabeza visible del experimento es Xabier Almandoz, un donostiarra de 52 años que se trasladó al campo hace ya un par de décadas atraído por los cantos de sirena de los movimientos que reivindicaban la vuelta a la naturaleza. «Pusimos un anuncio en la revista 'Integral' y terminamos aquí», resume. Almandoz y sus cuatro socios han luchado desde entonces contra viento y marea para sacar adelante el proyecto sin desviarse de los criterios de respeto al medio ambiente que lo inspiraron.
Esos criterios no sólo están vigentes en los productos que cultivan y venden bajo el sello ecológico. Las calderas que calientan sus viviendas se alimentan de biomasa procedente de los bosques cercanos. «Es cierto que la calefacción de gasóleo que tienen todos los caseríos de los alrededores es más cómoda, pero nosotros preferimos hacer un esfuerzo y recurrir a la madera de los alrededores», confiesa. Incluso la hierba de la que se nutren las cabras se seca con aire caliente procedente de la energía que proporciona el sol. «Al principio nos tomaban el pelo porque decían que aquí nunca iba a haber sol suficiente para calentar nada, pero ahora tenemos un secadero de hierba que va de maravilla y que tiene un gasto mínimo de energía», sonríe.
En la rehabilitación de las casas -el pequeño núcleo rural estaba en ruinas cuando la cooperativa echó a andar- se utilizan también soluciones 'verdes'. El aislamiento de las paredes se realiza con balas de paja y los tejados se recubren con tierra vegetal. «La paja es un aislante natural extraordinario siempre que se mantenga alejada de la humedad», explica. En cuanto a las 'tejas' vegetales, se trata de un sistema cada vez más utilizado. «Se pone una lámina de caucho impermeabilizante y se echan encima entre 10 y 12 centímetros de tierra. A las pocas semanas tienes un tejado poblado de hierba con unas propiedades aislantes muy superiores a cualquier solución tradicional».
La cooperativa busca diversificar al máximo su producción. La piedra angular de su economía es de momento una planta en la que elaboran quesos con sello ecológico. Tanto los quesos como el resto de los alimentos que producen (desde pan integral hasta mermeladas o sidra) los venden en mercados de los pueblos de los alrededores sin dar la espalda a otros canales como Internet. Tienen incluso una distribuidora especializada en productos ecológicos. Almandoz no descarta incorporar a medio plazo unas habitaciones para un turismo con inquietudes 'verdes' y piensa incluso en recibir visitas para que las gentes de ciudad vean cómo funciona una explotación rural.
El relevo
La cooperativa forma parte de Biolur, la asociación que agrupa a los productores de agricultura ecológica en Guipúzcoa. Aunque nadie pone en duda que los productos orgánicos representan el futuro del sector primario, hoy en día la producción es casi testimonial (en torno al 3% del total en el País Vasco). Almandoz es consciente de que la creciente sensibilidad medioambiental juega a su favor pero le gustaría que las cosas fueran más deprisa. «Suscitamos simpatía pero falta que la gente dé un paso más y vea normal pagar algo más por unos alimentos cultivados sin productos químicos y que ofrecen todas las garantías».
Aldaba Zahar (vieja aldaba) luce hoy más verde que nunca entre los rabiosos verdes de los prados que la rodean. Los socios de la cooperativa están de enhorabuena. El hijo de uno de ellos, un joven de 26 años, ha decidido regresar después de haber vivido dos años en el exterior. «Era un mecánico de camiones muy competente y se lo rifaban los talleres pero ha preferido volver aquí arriba y trabajar el campo con nosotros», dice Almandoz con gesto alegre. La cooperativa tiene el relevo asegurado.
La ingeniera pastora.
María Valbuena pastorea sin aditivos ni colorantes en Valladolid. No volverá a trabajar en una fábrica.
María Valbuena alimenta a sus ovejas entre pastos y rastrojeras en La Seca.
Cambió un buen puesto de ingeniera técnica agrícola en una fábrica de piensos en expansión por el cuidado de 1.070 ovejas a las que quería alimentar entre pastos y rastrojeras. María Valbuena (Laguna de Duero, Valladolid), hija de profesores y amante de la vida natural, intenta cumplir su sueño en la pequeña localidad vallisoletana de La Seca, donde pastorea el ganado por pequeñas tierras atrapadas entre el mar de viñedos que caracteriza el paisaje de la localidad, integrada en los caldos blancos de la Denominación de Origen Rueda.
Con un rostro digno de ser inmortalizado por una paleta clásica, esta joven de 26 años ha optado por un modo de vida del que huyen decenas de muchachos del medio rural, que buscan en la ciudad las oportunidades que les niega el campo. María tiene tan claro su empeño, compartido por su marido, José Román García, 16 años mayor que ella, que habla con ternura de las ovejas y de su interdependencia con el ser humano.
Ambos iniciaron su aventura comprando cabezas de la raza assaf, más productoras de leche que de lechazo, pero la idea de estabular al ganado y engordarlo con piensos y jeringas comerciales no casaba con sus convicciones. Así que apostaron por la raza castellana, carne de mayor calidad pero exigente en el método alimenticio. Los pastos y rastrojos, «que no tienen aprovechamiento agrícola», cubren el 80% de su ingesta. El resto son patatas y zanahorias que, al mínimo defecto, desechan las fábricas del entorno. «Es otra manera de reciclar, ¿por qué no lo vamos a aprovechar si su destino es la basura?», se pregunta María.
Concienciada con el medio ambiente, lamenta los efectos dañinos de la explotación intensiva de la agricultura y la ganadería, la plantación de viñedos, la roturación de montes y pastizales y el excesivo uso de herbicidas «que están acabando con el alimento natural del ganado, de la flora autóctona y de los productos típicos de la tierra».
Contrarios a los implantes de melatonina que inyectan muchas explotaciones a sus animales para que entren en celo, María y José prefieren poner los carneros a su disposición y una dieta natural adecuada durante los meses de noviembre y diciembre. Porque ellas, las ovejas, saben que van a parir en marzo y que en primavera habrá pasto abundante para alimentar a sus crías.
Un gran rebaño que cada quince días cambian de lugar en busca de comida y que guardan entre verjas escondidas entre pinos. Pero las cosas no son como antes. Con pocas ovejas ahora no se puede sobrevivir, se necesitan muchas cabezas para que la actividad sea rentable. Eso exige instalaciones, naves, máquinas de ordeño, vacunaciones y desinfecciones. Un trabajo esclavo, sin días libres, que, ante todo, «exige vocación», dice José. María lo ilustra con lo complicado que fue su boda por la falta de tiempo y «la movida familiar que montamos para escaparnos una semana de luna de miel». Todo por la calidad de la leche, que venden a las queserías, y del lechazo, que varias carnicerías se disputan.
No comen congelados
En casa, también productos naturales. «No usamos nada congelado. Creo que la gente en los pueblos vive más años, aquí hay muchos ancianos de 80 y 90, tal vez porque los alimentos son más naturales y por la falta de contaminación», sostiene esta pastora que reivindica su oficio con orgullo. «Antes, el pastor era el más tonto del pueblo, ahora hay que saber».
«Podría tener futuro en una empresa, pero lo importante es ser feliz y disfrutar de las cosas que nos pasan desapercibidas en la ciudad por el estrés y las prisas». José, su marido, que abandonó los estudios de Derecho para heredar el oficio de su padre, se emociona y comenta que hay días, cuando él pastorea, que llama por teléfono a su esposa para que salga de la casa y contemple «la inmensa puesta de sol».
Ahora sueñan con un huerto, una vaca y unas gallinas. «Creo que nosotros sí aportamos nuestro granito de arena para mejorar el planeta», concluye María.
Y las ovejas de tontas, nada. «No sé por qué las llaman borregas», se apresura a explicar José. «Cuando se ponen nerviosas o brincan es que va a llover. Predicen el tiempo mejor que Maldonado».
De la sartén al Mercedes.
Roberto Sánchez carga el depósito de su coche con aceite de los bares. Ahora se ha propuesto arrancarlo con agua.
Roberto Sánchez, subido a su 'Merceditas', en la costa santanderina.
Roberto no puede parar quieto. Y como tampoco le va demasiado eso de trabajar de lunes a viernes a cambio de un sueldo fijo, ha dado con la fórmula para atravesar España con sus tablas de surf sin gastar apenas unos euros en combustible. Lo coge gratis de las freidoras de los restaurantes, salvo cuando el tasquero de turno se pone terco y debe poner rumbo a la gasolinera más cercana. Porque su 'Merceditas' anda con todo. Incluso se ha propuesto arrancarlo con el hidrógeno que le roba al mar. Se trata de un Mercedes 300 TD familiar de 1982, con una bomba de inyección prodigiosa, en manos de un peculiar surfero empeñado en vivir en un mundo más limpio y justo.
Santanderino, de 38 años, pasa los días solo en un semisótano con vistas al Sardinero donde sueña con recorrer 100 kilómetros con un litro de agua. «La investigación es cara. El hidrógeno es muy inflamable, pero en cuanto tenga dinero... lo conseguiré».
Roberto Sánchez no es ingeniero ni científico. Ahora sólo diseña y arregla tablas para cabalgar sobre las olas. Pero esconde un currículo tan extenso como sorprendente. Se estrenó a los 17 años como camarero. Luego estudió Artes y Oficios y empezó a ilustrar guías de naturaleza hasta que se cansó de dibujar pájaros y flores. A los 29, hizo el petate y se plantó en Estados Unidos. Trabajó de albañil, encofrador, electricista y carpintero. A ratos. Sin mucho estrés. «En veinte días hacíamos una chalé de un millón de dólares. Yo sacaba unos 3.000 euros, y en dos meses juntaba 6.000. Bajaba a México, donde ese dinero daba para mucho». Allí montó tirolinas en la jungla, aprendió a construir palapas -chozas de palmas secas y madera- y pintó muchos murales. Cuando el presupuesto ya no daba ni para un trago de tequila en condiciones, regresaba a California, Hawai o Colorado a levantar casas para familias acomodadas. Se aburrió a los cuatro años y volvió a Santander empapado de ecologismo.
En Estados Unidos alguien le había hablado de coches movidos con aceite y en Internet confirmó que el mejor turismo para conseguirlo era ese tipo de Mercedes. «Empecé a tunearlo por enredar, porque me encanta la mecánica, por contaminar menos, por ser antisistema».
Por su tubo de escape sale ahora algo de humo, «pero he logrado reducir mucho las emisiones».
Roberto lo mide y calcula todo. Resulta increíble que de crío no se le dieran los números. «En Santander tengo el suministro garantizado. La freidora de un restaurante necesita entre 25 y 30 litros y la suelen cambiar una vez a la semana, si no son muy guarros. Me apaño con cuatro o cinco suministradores fijos».
Como el de la botella
Ya en casa, limpia el aceite con un equipo doble. «Fuera del coche utilizo una serie de filtros para decantar el agua. Otro de turbina de barco me lo deja en dos micras. Me queda como el de la botella, de color oro». En el adaptador colocado en las entrañas de 'Merceditas', el más ecológico de los carburantes se vuelve a filtrar y se calienta a 90 grados para evitar su coagulación.
Parece sencillo, el principio del fin de los surtidores. Cuestión de manitas y bastante paciencia. Pero no sueñen. El sistema sólo funciona con esta bomba de inyección 'made in Germany', «la mejor del planeta».
Mientras mejora el sistema, pule tablas y coge olas en el Cantábrico, Roberto sueña con los mares que bañan África. Quiere cruzar el continente a bordo de un todoterreno propulsado por agua. El proyecto, que ha tomado el nombre de sus orígenes -'Free-tanga'-, está pendiente de que alguna marca de surf capee de una vez el temporal de la crisis y lo financie.
Para los padres, es un modo de acceso rápido a los hijos; para éstos, sin embargo, el móvil es una herramienta de liberación.
Juan Miguel Aguado Terrón, profesor de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Murcia, es un pozo de sabiduría. Especializado en Filosofía y Sociología en la Academia de las Ciencias en Polonia, cumple diez años dedicados a la investigación, casi en exclusiva, de los teléfonos móviles como medios de comunicación. Madrileño de pura cepa, su bisabuelo ya se encargaba en la capital del reino de poner a punto el reloj de bolsillo de Pérez Galdós. Ha participado en la Semana de la Ciencia y la Tecnología con la conferencia La comunicación móvil en el ecosistema mediático.
- ¿Qué ha supuesto de cambio en la comunicación humana la aparición de los teléfonos móviles?
- Una aceleración de los procesos de comunicación. En el desarrollo de la comunicación, desde las tablillas de piedra hasta hoy, han existido dos grandes problemas: la distancia y el movimiento. Las tecnologías de la comunicación han solventado la distancia pero no el movimiento. Hasta la llegada del teléfono móvil las conexiones entre personas en unos lugares muy determinados: se llamaba a casa, al despacho o con la cabina telefónica. La principal característica del móvil está en que conectamos entre personas, no entre lugares; por ello, las primeras frases suelen ser: '¿Molesto?', '¿dónde estás?', '¿qué haces?'. Con el teléfono móvil es la comunicación la que se adapta a la situación, no al contrario. También han modificado los procesos de toma de decisiones. Ya no hace falta ir al despacho del jefe o sentarse en la sala de reuniones para debatir un tema y llegar a conclusiones. Los procesos de toma de decisiones se pueden hacer más rápidamente y sin una presencia física de los sujetos en un lugar determinado.
- ¿Qué elementos positivos y negativos tiene en la relación familiar?
- El teléfono móvil forma parte de la vida cotidiana. Se ha convertido en el elemento que vincula a toda la familia, es un regalo habitual, todos están en una misma operadora para acumular puntos o premios, etcétera. Pero también es cierto que hay que aprender a utilizarlos en momentos adecuados y dentro de criterios razonables. Tienen una implicación emocional, pues ofrecen la sensación de no estar solos: puedes transmitir sms, hacer una llamada perdida. Ofrecen seguridad de contacto en un viaje. Como negativo señalaría que también producen adición, situaciones de estar siempre pendientes de una llamada. También roban tiempo para la introspección individual. En la vida cotidiana de cada persona se precisa de unos minutos de reflexión y este tipo de tecnología puede anular dichos espacios.
-¿Realmente se puede 'controlar' a los hijos por el hecho de que porten el teléfono móvil?
- Los padres ven el móvil como un sistema de vínculo o de acceso rápido con sus hijos, lo que puede darles una sensación de control. Para los hijos es una herramienta de liberación, pues ya no tienen que ir al teléfono fijo que está situado en la pared de la cocina y es la madre quien lo coge cuando, por ejemplo, un joven llama a su hija. El número de teléfono móvil de la joven, en este caso concreto, filtra eficazmente todas las llamadas que recibe, pues está vinculado a la persona, no al entorno por lo que le ofrece una privacidad ante sus padres.
-¿Hasta dónde podremos llegar con este pequeño aparato?
- A un acceso de contenidos cada vez mayor. Cada vez más se producirá la interacción entre el ordenador con internet y móvil. Es curioso que ahora, en época de crisis las compras de móviles con sistemas avanzados hayan crecido un treinta por ciento y se espera que el 2012 dispongan de ellos el 50% de la población.
De Murcia a Molina sobre el nuevocarril-bici y la ribera del Segura.
Una mujer hace deporte sobre el carril de tierra compactada, junto a un cartel señalizador.
La prolongación del carril-bici de Murcia hasta el azud de la Contraparada anima a agarrar la bicicleta y dar pedales para conocer el corredor verde del Segura y comprobar -¡por fin una buena noticia!- el buen estado general del río en la Vega Media.
El panorama es el siguiente: doce kilómetros y medio desde el mismo centro de Murcia -Plano de San Francisco, junto al Malecón- hasta la pedanía de Javalí Nuevo por un firme de asfalto fino en muy buen estado, que corre en paralelo a otro carril de tierra compactada destinado a los peatones.
Cartel señalizador en la Contraparada, donde termina el carril-bici.
La señalización es muy buena, aunque no se entiende que a lo largo de todo el trazado no haya ni una sola papelera, ni una fuente, ni un banco donde descansar, ni una mínima zona de sombra; o sea, que de mayo a septiembre ciclistas y peatones pueden caer como moscas. ¿No reparó en este detalle el alcalde de Murcia cuando acudió a hacerse la foto con dos de sus concejales el día de la inauguración? Otra idea: el kilómetro cero del carril-bici pide a gritos un punto de préstamo de bicicletas.
Un pescador prueba suerte en el río, cerca del viaducto de la autovía del Mediterráneo (al fondo).
El recorrido completo, ida y vuelta, supone un paseo de 25 kilómetros que podemos prolongar si decidimos continuar más allá de la Contraparada, por ejemplo hasta Molina de Segura. No hay forma de perderse porque el río es nuestro guía.
Km 0
Plano de San Francisco, junto al Malecón.
Km 0.5
Circulamos bajo la Ronda Este y pasamos junto a la pista de BMX y el circuito de gerontogimnasia, donde hay un poste telefónico de emergencia para llamar a la Policía Local.
Km 4
Vemos un pequeño puente que nos permite cruzar a la otra orilla.
Km. 5.5
Ojo al Stop. Cruzamos una carreterilla local en Rincón de Beniscornia
Km 6.5
Otro Stop.
Km 7
Superamos Javalí Viejo y La Ñora.
Km 8.5
Llegamos a Alcantarilla y pasamos bajo la carretera.
Km 10
Javalí Nuevo. Pequeña interrupción del carril-bici. Cuidado con los coches.
Km 12.5
La Contraparada, fin del carril-bici. Nos encontramos con una pequeña explanada circular para dar la vuelta. Seguimos adelante saltando unos escalones con la bici al hombro y giramos a la derecha, comenzamos a subir una pequeña cuesta y enseguida bajamos de nuevo al cauce por la izquierda. Accedemos de nuevo a la mota del río.
Km 13.20
Pasamos bajo la autovía del Mediterráneo.
Km 14.40
Nos salimos de la pista de tierra durante unos metros, pisamos asfalto y cogemos el camino de nuevo por la izquierda. Comenzamos a ver pequeños huertos familiares.
Km 16.55
La Ribera de Molina. Se acaba el camino por la mota del río, así que nos salimos a la derecha por un bancal, y subimos a la carretera por la izquierda. Giramos de nuevo a la izquierda y, al cabo de 50 metros, otra vez a la izquierda por la esquina de un supermercado para tomar otra vez el camino del río.
Km 17.57
Breve tramo asfaltado.
Km 17.90
Regresamos a la pista por la izquierda, dejando el asfalto a la derecha.
Los más aprensivos echarán en falta una mascarilla de vez en cuando, por las nubes de mosquitos que tenemos que atravesar.
Km 21.42
Molina de Segura. Cruzamos por un pequeño puente sobre el río, para saltar a la otra orilla junto al Centro Municipal de Medio Ambiente. Salimos al casco urbano y giramos a la izquierda, durante unos pocos metros, para tomar de nuevo el camino junto al río.
Km 22.65
Paraje del Barco, ahora sustituido por un puente metálico verde, que cruzamos para volver a Murcia por la otra orilla. Si seguimos recto podemos llegar hasta Archena (pasando antes por Ceutí, Lorquí y La Algaida). Hace décadas, el río se cruzaba en este punto mediante una plataforma flotante guiada por un cable. Comenzamos a desandar el camino y pasamos por el Soto de Pardos, donde el río Mula desemboca su escaso caudal en el Segura.
Km 25.40
Cruzamos el río Mula por un pequeño puente y giramos a la izquierda buscando de nuevo la ribera del Segura.
Los pequeños ánades que se cruzan en el camino -fochas, por lo general- nos alegran la vista. También los pescadores, que prueban suerte en algunos playazos.
Km 26.14
Dejamos el asfalto y volvemos a la mota del río.
Km 31
El camino nos desvía momentaneamente hacia la derecha, pasamos junto a unos bancos, volvemos a girar a la izquierda y nos situamos otra vez junto al río.
Km 33.20
Pasamos de nuevo bajo la autovía del Mediterráneo.
Km 34.35
Contraparada. En este punto podemos seguir por la misma ribera (camino de tierra en buen estado) o cruzar al otro lado para regresar por el carril-bici.
Km 46.87
Plano de San Francisco. Los más fuertes habrán completado el recorrido en poco más de dos horas -no hay desnivel-
LA EXCURSIÓN
Dónde: Corredor verde del Segura (de Murcia a Molina de Segura).
Dificultad: Media (47 kilómetros, ida y vuelta, por carril-bici de cemento y pistas de tierra, sin desnivel).
Cobertura de móvil: Buena.
Río Zumeta.
El fin de semana del 7 y 8 de Noviembre realizaremos un viaje a la sierra del Segura en el que se realizarán actividades para todas las personas que quieran asistir.
Se han diseñado tres actividades diferentes para que todo el mundo pueda disfrutar de un magnífico fin de semana en lo más profundo de la sierra del Segura.
Tendremos como centro de operaciones el hostal de Venta Ticiano. Unas personas saldrán desde Lorca el sábado por la mañana y así realizar una ruta el mismo sábado por la tarde. Otros saldrán de Lorca después de comer para así poder esperar a aquellas personas que trabajen hasta mediodía.
El domingo hay planteadas dos actividades, una más difícil y otra más suave, de esa forma se atiende a la diversidad de practicantes que hay en nuestro club.
Una actividad diseñada con esfuerzo que ha permitido plantear un viaje económico para que todos podamos disfrutar.
Información de las rutas:
'El cura obrero' presenta su último libro, 'La fuerza de la esperanza en un enfermo', con su experiencia de cómo afronta el cáncer.
José Tornel, el cura obrero, como es conocido por todos, es un guerrillero en pleno campo de batalla. Siempre en beneficio y luchando por el bienestar de los demás, por su feligresía, y por todos los murcianos. «Yo soy ante todo muy plural, respetando a todo y a todos», se define así mismo Tornel. Ha promocionado equipos de fútbol, fue consiliario de la Hermandad Obrera de Acción Católica y ahora cumple cuarenta años de sacerdocio. Ha escrito tres libros, el último se presentó anoche, en el Barrio del Progreso, y lleva por título La fuerza de la esperanza en un enfermo.
- A usted no hay nada que le aminore, ni la enfermedad a la que más terror le tiene hoy la sociedad como es el cáncer. ¿Por qué ha escrito este libro? ¿Qué quiere transmitir?
- Es mi experiencia personal ante el cáncer y también aportaciones de otras personas que lo han padecido. En él expreso que este tema, socialmente visto como tabú, puede tratarse desde un punto de vista humano, con los apoyos de la ciencia, de quienes te rodean, y ante todo con la fuerza personal y energía que cada uno tiene dentro de sí para luchar y llegar a mejorar y mantenerse incluso donde los médicos no se lo explican. Transmito la fuerza de la energía mental, la que uno tiene. El libro no habla de religiosidad porque yo sea sacerdote, sino de la respuesta que el enfermo puede dar partiendo de una realidad concreta que de pronto tiene que afrontar. Puede responder con la fuerza de la fe y con esperanza, indistintamente de saber cuál puede ser el final. Partir siempre de las energías positivas interiores de cada uno, pero jamás tenerle miedo.
- ¿Qué ocurre si tienes miedo?
- Tienes que redescubrir la alegría y la esperanza. No puedes vivir resentido y atemorizado por una situación en la que la persona está desprotegida. Aunque quieran echarte el salvavidas con la medicina o apoyo de otras personas, tú no lo ves. En esta situación no eres capaz de creerte que puedas cambiar y mejorar. La persona se despersonaliza según sea la intensidad de ese miedo que puede incluso llegar a convertirla en su peor enemigo. Si tiene esperanza en las energías positivas que él mismo lleva dentro de sí, tiene mayor porcentaje para salir adelante o, por el contrario, sumergirse en un crack y caer en la derrota; no sólo ante la enfermedad del cáncer, sino incluso ante cualquier situación adversa de la vida.
- ¿Tan importante es apoyarse en esas energías positivas internas de cada uno?
- Por supuesto. Las personas ante un problema puede acobardarse y llegar incluso a intentar quitarse la vida, o afrontarla con plenas energías, con las que él mismo posee.
- Ante el cáncer, ¿quién afronta mejor la enfermedad, el cristiano o quien no lo es?
- Por principios, el cristiano tiene unos valores más objetivos. Mantiene una referencia en lo trascendente. El agnóstico -y pido disculpas a las personas no creyentes-, primero acuden a otros valores, tienen que tener otros referentes. El creyente, además de los valores que tiene en sí como persona, tiene otros por añadidura, siempre piensa en aquello de 'Dios me ayudará'.
- ¿Hay que ir entonces mucho a misa?
- No por ir a misa se cura antes el cáncer si la eucaristía no la personaliza el enfermo. Cuando él se hace cuerpo con Cristo y lo interioriza entonces cobra la fuerza más suprema. Mucha gente va a misa por el ritual y por el cumplido social. Es una satisfacción de conciencia religiosa cuando uno se introduce en ella, diríamos que recarga las pilas. En definitiva Dios está dentro de uno mismo.
- ¿Qué valores serían entonces los más curativos para afrontar el cáncer según su experiencia personal?
- El descubrimiento que uno es más persona. Los sentimientos de bondad, los gestos de solidaridad a la vida y a la naturaleza y a todo ser viviente facilita el profundizar en todo lo que tenemos dentro de nosotros mismos como personas. Echar una mirada hacia el interior de uno mismo y redescubrirnos en aquello que tenemos de positivo para reforzarlo. Alegrarnos de disfrutar de la experiencia de que ante todo, somos personas. Tener la certeza que Dios está en uno mismo y él intervendrá con uno cuando sea conveniente, es el 'Dios rogando, y con el mazo dando'.
Hay casos en que la familia biológica no quiere saber nada y en otros te buscan y te quieren absorber. Son sentimientos complicados de asimilar.
A principios de este año comenzó a funcionar en España una organización de jóvenes que nació con el objetivo de crear un espacio de debate e intercambio entre personas adoptadas, de acompañar y preparar a quienes decidan emprender la búsqueda de sus orígenes, pero también de sensibilizar sobre las especificidades de la adopción. La Voz de los Adoptados toma su nombre de la asociación francesa La Voix des Adoptés, que en los últimos dos años ha colaborado con las asociaciones de familias adoptantes españolas en numerosas ocasiones. La coordinadora de La Voz de los Adoptados Murcia, Flavia Guardiola, una chica argentina afincada en Molina de Segura, también pone su empeño en compartir su experiencia.
- Esta organización también debe ser importante para las familias que han adoptado o quieren adoptar.
- Cuando yo encontré esta organización, leí muchas historias que también me habían pasado en mi adolescencia y en mi niñez. Me pareció buenísimo ver que no solo me había pasado a mí. Tanto para los padres adoptivos como para futuros padres adoptantes es una gran ayuda que nosotros les contemos las cosas que nos pasan porque los que ya tienen a sus hijos ven que no es nada raro. Se sienten más seguros. Quien quiera contactar puede dirigirse a la dirección flaviaguardiola@hotmail.com
- ¿Cómo explicaría las sensaciones de las personas que han sido adoptadas?
- Tenemos emociones que, seguramente, un hijo no adoptado no tiene. Ves que hay cosas que vos no las vas a escuchar nunca y por ello te dan ganas de conocer a tu mama biológica para que te cuente esas cosas.
- ¿Resulta traumático el momento de conocer la verdad?
- Resulta traumático, según la edad en que te lo dicen y depende cómo lo maneje la familia. Cuando te mienten te da bronca y cuando te dicen la verdad te da más bronca porque te estuvieron mintiendo y hay una desilusión muy grande. Entonces puede resultar muy traumático. En cambio, si en tu familia te lo hacen ver como algo muy natural y lindo, al adoptado le resulta mucho más fácil.
- Cuando se da el paso de buscar a la familia biológica, ¿se suele mantener contacto con ella?
- Por lo que yo voy viendo si, la mayoría mantiene contacto. Hay casos en que la familia biológica no quiere saber nada y hay que estar preparado para todo. En otros casos también te han estado buscando y es como que te quieren absorber y contarte muchas cosas. Eso te afecta en tu vida cotidiana y, entonces, tienes que saber tomarte tus tiempos para ir asimilando poco a poco. Así poder decirle a la familia adoptiva que te contenga porque son sentimientos muy complicados de asimilar.
- ¿No cree que falta más comprensión social e información sobre la adopción?
- Si falta mucha comprensión e información sobre la adopción, por eso queremos que nos empiecen a escuchar y vean que no es nada anormal y es un derecho que tienen los niños. La mayoría cree que es un acto de caridad.
- ¿Qué razonas daría para recomendar la adopción?
- Porque es algo tan maravilloso como el proceso del embarazo. Cuando vas a presentar los papeles, la familia y los amigos te van preguntando como va todo; cuando te dan una foto se la muestras a todo el mundo y los nervios del día que te dicen que te vas a encontrar con tu hijo es una locura, hasta que ves que está al lado tuyo y es algo maravilloso.
