Realicé una maqueta del Taj Mahal y la doné a La Arrixaca en agradecimiento al buen trato que recibí en el hospital.

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La madre de Alfonso Fernández se equivocó al bautizarle. Le debería haber puesto de nombre Job. Habla pausadamente, busca el mejor taburete de su carpintería para que te sientes y dialogues tranquilamente con él y tomes las notas que haga falta: «No se deje usted nada sin preguntar», dice. Pero ante todo quiere que disfrute todo el mundo con sus trabajos. Para él su labor cobra sentido sólo cuando el cliente, el vecino o un amigo que viene a ver sus trabajos se emociona contemplándolas. A los nueve años empezó de carpintero, y se instaló junto al cementerio de Bullas, aunque no ha confesado haber realizado ataúd alguno, Para él todo debe ser construido para la vida. Ahora, ya jubilado realiza obras arquitectónicas de madera en miniatura. Acaba de empezar con la maqueta del templo de la Sagrada Familia, de Barcelona; y está en previsiones que el Ayuntamiento organice un museo con sus trabajos.

- ¿Cuánto tiempo lleva trabajando como maquetista?

- Esto no es un trabajo, si no una afición, un entretenimiento. Dispongo de todas las horas del mundo y me gusta ser minucioso y realizar los trabajos con la máxima precisión. Llevo un año dedicándome a realizar maquetas. Todo surgió como un reto conmigo mismo de que iba a ser capaz de hacer en la realidad aquello que veía en distintos libros.

- Con lo cual no fue a la Escuela de Artes y Oficios...

-En absoluto, yo sólo fui a la escuela del pueblo, y apenas unas horas al día. Cuando ya era capaz de dirigir el rebaño me dijeron que se me daba mejor este segundo trabajo. Aunque eso sí, dibujar me ha gustado siempre, y no me han salido mal todo lo que he realizado.

- Tengo una curiosidad, ¿Cuáles son esos libros tan especiales que usted contempla y lee?

- Principalmente son dos las colecciones que llevo en danza, los libros de Nacional Geographic y el Atlas Universal del Patrimonio de la Humanidad. Reproducen fotografías a grandes dimensiones que me permiten incluso ir midiendo sobre la fotografía y obtener proporciones.

- ¿Cómo ha aprendido entonces a realizar maquetas?

- Simplemente viendo las fotografías que se reproducen en los libros que le he mencionado. En algunos casos he tenido suerte por que han introducido también dibujos e incluso han facilitado información sobre el número y la cantidad de las torres que tiene ese palacio o cómo son en concreto las cúpulas. Pero sobre todo leyendo cosas de los palacios que posteriormente he reproducido a escala.

- ¡Vamos que se ha tirado usted a lo grande! Ni más ni menos que a los palacios, y además clasificados como Patrimonio de la Humanidad.

- Si te pones, te pones. Y como tengo paciencia y tranquilidad, y, además, me gusta aprovecharlo todo pues las pequeñas maderas de la carpintería aquí están metidas.

- ¿Qué trabajo ha sido el primero que ha realizado?

El palacio de Taj Mahal de un metro de ancho por otro de altura. Pasé un tiempo muy enfermo en la Arrixaca, Me trataron tan bien que, en agradecimiento, mis mismos hijos me dijeron que la maqueta que había terminado merecía ser contemplada por más personas, la doné al hospital y allí está expuesta.

Fisgoneado en La Verdad.

Este carpintero de 72 años, de Bullas, ha creado la vagoneta aérea, la escalera escamoteada y unas 'machacaolivas', y no deja de «darle a la cabeza»

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Alfonso Jiménez parece un hombre surgido del mundo de las ideas y de pronto trasplantado al mundo real y con un montón de maquinaria a su alrededor. Dice reiteradamente que con él se han equivocado de época de nacimiento, que su mundo es el del Renacimiento, pero que no sabe el porqué de pronto su madre lo parió en el paraje más alto de Bullas, y además con tan sólo una vara para pasturar ganado. Decidió despedirse del maestro a los diez años de edad. La inmigración era lo que se llevaba, y él no quiso estar fuera de modas. A la vuelta al pueblo pensó que podía formar familia y, por qué no, también un trabajo estable. Se lanzó a montar una carpintería en el paraje de La cuerda. Sus vecinos le dijeron que la cosa era perfecta, ya estaba hasta el nombre de la carpintería. Sólo faltaban las maderas.

- ¿Y llegaron maderas?

- Todas las que hicieron falta, y más. Me convertí en un carpintero totalmente artesano. A los doce años ya empecé a darle vueltas para ver cómo trabajaban otros. De mi taller, totalmente manual, incluso torneando a mano, salieron no sólo camas, y mesas con agujero para el brasero, y sillas. Yo me adaptaba a todo lo que me pedían, ¡bueno era yo!. Mi cabeza daba muchas vueltas por la noche para ver cómo sacarle punta a lo que me pedían y por el día martillazo va y púa clavada. Y ya ve usted. Tengo tres hijas y todas con carrera, incluso mi nieta me pide alguna cosa, y si puedo, pues se la hago en el taller, pues ya con 72 años merece la pena hacer cosas más tranquilas, dándole a la cabeza, que producir bastantes trabajos para ganar un buen jornal. Éste ya está asegurado.

- Pero creo que usted es un carpintero atípico, ¿cuántos dedos lleva cortados?

- Lo que son dedos, dedos, ninguno. Siempre me ha gustado ser muy respetuoso con las maquinas o las herramientas. Algunas se han descuidado y sólo me dieron un pellizco en la punta del dedo índice de la mano derecha, pero como tengo la sangre espesa, se me corta pronto, y no pasó nada.

- Lo que sí tiene fama es de ser inventor. ¿Qué cosas ha patentado?

- Ninguna. Sólo son cosas que invento para hacer más llevadero el trabajo en mi casa, a los vecinos o para agradar a mi nieta.

- ¿Por ejemplo?

-Mire aquí tengo la vagoneta aérea. Era un problema imposible de resolver, pues tenía que sacar los escombros de mi casa para hacer otra nueva y allí no podía entrar ninguna grúa. Yo a través de poleas y maderas construí esta caja que es como una vagoneta que podía bajarla hasta el fondo, donde estaba el escombro, tirándole de estos hilos se abría y se llenaba de escombros y luego al tirar de los otros subirla llena hacia arriba, hasta controlarla con la mano y depositarlos donde podía entrar la camionetas.

- ¿Y esta escalera tan plegada?

- Es la escalera escamoteada. Tenía un vecino un reducidísimo espacio en su casa para poder subir a un primer piso, de tal forma que le hice la escalera a tramos y luego la fui enlazando varios peldaños unos con otros hasta hacerla como un acordeón. Está toda plegada en el techo, sólo hay que tirar de estos hilos y la escalera se despliega y sin peligro alguno él sube al piso de arriba. Luego tira de estos otros hilos y se pliega por completo. Y aquí si ha pasado algo, yo n lo he visto.

-¿Para qué sirven estas paletas? ¿Va usted detrás de la Virgen del Rosario el día de la procesión haciendo música?

-¡Qué va! ¡Que va!, Para música tengo yo el cuerpo. Estas paletas son unas machacaolivas.

- Pero usted está cuerdo ¿No esperará una riada y que llegue hasta aquí el agua, antes debe desaparecer Lorca, Murcia y Cartagena? ¿Para qué es esa barca?

- Es una simple barca para secano. Mi nieta estaba empeñada en un cochecito de choque y yo le he preparado esta barca que con el pie se va guiando como un timón y a golpes de mano se va moviendo la rueda para coger velocidad. Sólo hay que tener ganas de jugar.

Fisgoneado en La Verdad.