Tumbas de renombre.
11/02/2009 | Author:

El turismo necrológiico tiene en el Día de Todos los Santos un perfecto aliado.- Ilustres como Alfonso X, Isaac Peral o Salzillo están enterrados en la Región.

M7-654556555--300x180

La Armada rinde tributo a los soldados caídos frente al sepulcro de Isaac Peral, en Cartagena.

Que los cementerios y camposantos causan una extraña atracción entre los mortales es tan cierto como esa especie de turismo necrológico que se despierta cada año llegado el día de Todos los Santos. La visita de rigor para regar de flores, semblanzas y oraciones el sepulcro del familiar o amigo perdido se acompaña, sin llegar a la obsesión que existe en Europa, por la búsqueda de las tumbas ilustres que se levantan durante el trayecto, a veces tímidamente, otras por curiosidad, incluso para rendir culto u homenaje al personaje allí enterrado.

Muchos son los murcianos ilustres que descansan en la Región y otros tantos los que lo hacen fuera por el expreso deseo que mostraron en su momento sus familiares. Sin embargo, son muy diferentes los escenarios en los que podemos encontrar las tumbas y panteones de estos emblemáticos personajes, entre los que no sólo se encuentran los cementerios.

La Catedral de Murcia acoge en un sepulcro el corazón y las entrañas de Alfonso X El Sabio -el resto de sus restos mortales están en la catedral de Sevilla-, pero también los cuerpos de los Cuatro Santos de Cartagena: San Fulgencio (545-621), San Isidoro (560-636), Santa Florentina (545-620) y San Leandro (534-601). En una de las capillas de la catedral de Murcia también descansan los restos de Diego Saavedra Fajardo (1584-1648), un diplomático y pensador político que actuó de embajador para Felipe IV. Además, también están enterrados Andrés Ibernón, copatrono de la ciudad de Murcia, el juriconsulto Jacobo de las Leyes o el sacerdrote Juan Sáez.

Para visitar los restos del célebre escultor Francisco Salzillo, el más representativo imaginero español del siglo XVIII, hay que acercarse al Convento de Capuchinos de Murcia, en el Paseo del Malecón. La Universidad Complutense de Madrid se encargó recientemente de identificar los restos óseos de Salzillo.

El cementerio municipal de Espinardo cuenta entre sus ilustres con el pintor y escritor de la generación del 27 Ramón Gaya (1910-2005), quien falleciera en Valencia a la edad de 95 años. En este cementerio también fue enterrado el poeta Jara Carrillo. Curiosamente, bajo la calle que lleva su nombre se descubrió un cementerio árabe en 2007. Cosas del destino.

Uno de los personajes ilustres que más visitas reciben estos días es el actor Francisco Rabal (1926-2001), cuyas cenizas descansan en el cementerio de Águilas, aunque durante un tiempo estuvieron en la Cuesta de Gor, junto a una escultura de este artista universal.

Y si de intérpretes hablamos habría que citar al actor de teatro romántico Juan Romea (1813-1868), que está enterrado en la iglesia Sacramental de San Lorenzo y San José (Madrid). Otro actor, éste cartagenero, Isidoro Máiquez (1768-1820), murió en Granada. Fue enterrado bajo una simple cruz por unos amigos, pero posteriormente sus restos no pudieron identificarse.

Y aunque son muchos los ilustres murcianos que descansan fuera de la Región, afortunadamente en algunos casos se consiguió recuperar sus restos mortales. Uno de los casos más excepcionales es el de Isaac Peral (1851-1895), ingeniero y marinero de profesión, inventor del submarino, el acumulador electrónico, un varadero de torpedos o una ametralladora eléctrica. Sus restos descansan actualmente en el cementerio de Nuesta Señora de los Remedios de Cartagena, a los que llegaron procedentes de Madrid en 1911 tras ser exhumado su cadáver. En este mismo cementerio se encuentran las tumbas del pintor Wssell de Guimbarda (1833-1907), el poeta romántico José Martínez Monroy (1837-1861) o el torero Enrique Cano Iribarme Gavira (1893-1927).

Otro de los casos más llamativos es el de Juan de la Cierva (1895-1936), inventor del autogiro y precursor del helicóptero, quien curiosamente murió en un accidente aéreo al estrellarse el avión comercial en el que viajaba, cerca de Londres. Diez años después fueron inhumados sus restos en Madrid, recibido el cuerpo con honores civiles y militares. Actualmente sus restos mortales descansan en el cementerio de La Almudena (Madrid).

Un caso excepcional

Aunque para excepcional el caso de la cartagenera Úrsula Micaela Morata (1628-1703), fundadora del convento de Clarisas Capuchinas. Su cuerpo se conserva incorrupto en el Monasterio de Clarisas de Alicante.

En Madrid, concretamente en la iglesia Sacramental de San Justo, descansan los restos de la escritora Carmen Conde (1907-1996), Premio Nacional de Literatrura en 1967, académica de la Real Academia Española de la Lengua y miembro de la generación del 36. Su cuerpo está enterrado junto al de su marido, el también escritor cartagenero Oliver Belmás (1903-1968).

Quienes quieran saber donde fueron depositadas las cenizas del cuerpo incinerado del músico lorquino Narciso Yepes (1927-1997), un genio interpretando piezas renacentistas y barrocas e inventor de la guitarra de diez cuerdas, tendrán que viajar hata el monasterio cisterciense Buenaventura del Costal, en Guadalajara.

Fuera de España

Nacido en Motril, pero murciano de adopción, Luis Belluga Moncada (1662-1743), nombrado obispo de la diócesis de Cartagena-Murcia y después cardenal, dando actualmente nombre a la plaza principal de la catedral de Murcia, está enterrado en la iglesia Santa María in Vallicella (Roma).

Más lejos aún está enterrado el escritor archenero Vicente Medina (1866-1937), autor de obras tan emblemáticas como Aires murcinos, concretamente en el camposanto de La Piedad, en Rosario de Santa Fe (Argentina).

Fisgoneado en La Verdad.

Muertos ilustres.
10/28/2009 | Author:

El Cementerio Viejo alberga en sus calles las tumbas de más de una treintena de destacados ilicitanos, cuyos monumentos funerarios podrían ser visitados en una ruta cultural e histórica.

2009-11-04_IMG_2009-10-28_01.31.33__X1804ELCHE.jpg

El Cementerio Viejo de Elche es un camposanto singular desde el punto de vista arquitectónico y cultural. Su historia arranca en 1811, cuando la fiebre amarilla obligó a abrir zanjas a las afueras de lo que entonces era la ciudad para poder sepultar a quienes morían masivamente a diario. Casi doscientos años después, el Ayuntamiento trabaja en el acondicionamiento no sólo del recinto, sino también de nichos y panteones de ilicitanos ilustres, cuyo recuerdo permanece silencioso en letra grabada sobre lápidas de mármol.

El concejal de Servicios, Carlos Ávila, se convierte por un día en cicerone improvisado por el Cementerio Viejo, descubriendo la última morada de 33 nombres destacados de la historia de la ciudad. El recorrido bien podría ser una ruta de personas ilustres y no se descarta que en el futuro se puedan editar folletos en los que señalizar dónde están las tumbas de personalidades locales como el historiador Pedro Ibarra Ruiz, a la entrada, a la izquierda, o Luis Gonzaga Llorente, alcalde de Elche, fallecido en 1895.

A estos nombres se suman los de Blas Valero, en la calle San Salvador, hijo ilustre de Elche; o el de Sor Josefa Alcorta y Uranga, fallecida en 1925, superiora durante 49 años en el Hospital de la Caridad. El camposanto cuenta con su héroe particular, Ramón Lagier, el capitán Lagier, medalla de plata de Francia por sus servicios y distinguido por Guillermo de Prusia por su heroísmo marítimo.

El músico Alfredo Javaloyes descansa en un nicho de la calle Santa María en el que no hay referencia alguna a su composición del Abanico, algo similar a lo que sucede con el conocido anarquista "Germinal", Domingo Miguel, cuyos restos también reposan en Elche. Estando vivos forjaron la historia contemporánea de la ciudad, muertos son un testigo mudo para todos aquellos que quieran recordarles.

Fisgoneado en el Diario Información.

He cavado mi propia tumba.
11/05/2008 | Author:

Juan Giner Blázquez, el enterrador más veterano del cementerio de San Clemente, asegura que ya tiene previsto el lugar donde reposarán sus restos en un futuro.

007D4LORP1_1 enterradores

SEPULTUREROS. José Martínez, Antonio García, Juan Giner Blázquez y Cayetano Ramos.

Estos días es difícil verlos parar. Su jornada laboral comienza apenas despunta el día, y su final lo marca el oscurecer. Sus labores habituales de remozar viejos pabellones, construir nuevos nichos y enlosar las calles del camposanto, son sustituidas por las de ornato y limpieza. Y es que, apenas quedan unos días para que llegue la celebración del Día de los Difuntos, fecha en que la mayor parte de los lorquinos acuden al cementerio para honrar a sus fallecidos.

Los protagonistas de este reportaje son cuatro, los cuatro sepultureros del cementerio de San Clemente: José Martínez, Antonio García, Juan Giner Blázquez y Cayetano Ramos. El más veterano es Juan Giner que lleva ejerciendo su labor de «enterrador», como asegura, la friolera de 30 años. Casi recién llegado está Antonio, que trabaja en el camposanto desde hace poco más de dos años.

Los otros dos, Cayetano y José, llevan 29 y 13 años, respectivamente. Dicen que su trabajo es «de los más seguros que hay», y que al comienzo los conocidos solían bromear con ellos sobre su profesión. «Los amigos me decían que si no tenía otro sitio donde trabajar», cuenta José Martínez. Ahora, añade, «algunos vienen a pedir trabajo, porque aquí, trabajo, no falta».
Pese a lo que pudiera pensarse, afirman, en el cementerio de San Clemente no se ha producido nunca ningún hecho destacable. «Eso sólo ocurre en las películas. Aquí, lo único que se escucha es el aire cuando sopla», relata José Martínez. Y Cayetano Ramos, añade, que «algún susto si te llevas cuando algún jarrón se cae, pero por efecto del viento. Aquí no pasa nada raro nunca».

El trabajo no falta. Todo el año están sin parar, aunque estos días son especialmente duros. «Hay más gente, se procura que todo esté mucho más ordenado y limpio. Además, hay que atender las necesidades de las personas que vienen...», cuentan. Miles de personas acuden estos días al cementerio. Colocarán flores a sus difuntos, que deberán ser retiradas en el plazo de unos días. «Entonces, también habrá que recoger las marchitas. Eso también lleva su tiempo», explican.

Tantos años trabajando en el camposanto dan para conocer cada una de sus calles y hasta determinadas tumbas. «Hay muchas curiosas, como la de un aficionado a las motos al que sus padres le colocaron una en su lápida», relata uno de ellos. Otro, afirma que «lo habitual es poner la imagen de la Virgen del Carmen, aunque ahora, también se coloca cada vez más a la Virgen de la Amargura o de los Dolores, por aquello del color al que perteneció el difunto». José tiene claro lo que pondrá en la suya. «Soy aficionado a las motos, por lo que pondré el circuito de Jerez».

Alguno de ellos hasta sabe dónde reposarán sus restos en un futuro. «Claro que lo sé, como que he cavado mi propia tumba». Dice que «me la construí yo mismo. Yo si que sé dónde iré». Acerca de las visitas cuentan que «algunos vienen todos los días. Son padres que han perdido algún hijo. Otros hacen promesa de venir durante los primeros seis meses andando desde Lorca», concluyen.

Fisgoneado en La Verdad.