El Alcalde de Puerto Lumbreras y Diputado Regional, Pedro Antonio Sánchez y la concejal de Igualdad de Oportunidades, Lina Gázquez presentaron en la tarde de ayer 'Comer en el Puerto', una obra de la escritora lumbrerense Isabel Navarro, que recoge 50 recetas de cocina de 50 mujeres lumbrerenses.
La publicación de este libro está enmarcada en las actividades conmemorativas al Cincuentenario de la Independencia del municipio. 'Comer en el Puerto' es una obra, que se ha editado desde el Ayuntamiento de Puerto Lumbreras, donde se recopilan 50 recetas de 50 mujeres lumbrerenses donde se recoge la tradición culinaria de Puerto Lumbreras durante estos 50 años de independencia.
La obra que fue presentada ayer, por el periodista Eduardo Carrasco, ante más de 400 personas está prologada por el periodista Ismael Galiana y cuenta con ilustraciones de la artista lumbrerense Teresa Navarro. Tras la presentación del libro el periodista Ismael Galiana ofreció a los presentes una conferencia sobre 'Nuestra Gastronomía'.
La presentación de este libro forma parte de la celebración del Cincuentenario de Puerto Lumbreras, pero también un homenaje a todas las mujeres lumbrerenses que han sidog grandes artífices del desarrollo de Puerto Lumbreras, impulsando desde el ámbito de cada lugar.
Sánchez explicaba que 'Comer en el Puerto nos permitirá conservar una buena parte de nuestra rica gastronomía, que muchas veces se pone en peligro debido a estos tiempos acelerados que vivimos –concluía Sánchez agradeciendo a- todas las mujeres participantes en esta obra que han puesto su buen hacer, su cariño, su tiempo y los secretos de su cocina a disposición de este proyecto'.
ISABEL NAVARRO LÓPEZ
Nace en Puerto Lumbreras en 1953. Cursa estudios de Magisterio y Pedagogía en Murcia. Ya trabajando como maestra obtiene la Licenciatura en Filología Románica por la Universidad de Murcia.
En los últimos años ha colaborado en los programas de radio 'Las cosas del Puerto' y 'El puente' junto a su hijo el periodista Adrián Buenaventura. Así mismo ha participado también en diversas publicaciones con algunos de sus escritos.
Cuatro cocineras levantinas desvelan cómo las habilidades femeninas ligadas a la ternura y la capacidad de organización abren nuevos tiempos para la cocina.
En el Norte, junto al Cantábrico, los nombres de los mejores cocineros retumban con los graves timbres de la masculinidad: Pedro Subijana, Juan Mari Arzak, Andoni Luis Aduriz, Hilario Arbelaitz, Fernando Canales, Aitor Elizegui, Daniel García, Patxi Eceiza, Eneko Atxa... En el Mediterráneo, tierra de culturas maternales, el metal de los pucheros es más femenino: a Carme Ruscalleda, la catalana tres estrellas Michelin, pueden sumarse los nombres de estas otras cuatro mujeres levantinas: Pepa Romans, Susi Díaz, María José San Román y Mari Carmen Vélez. La Verdad las ha reunido para hablar sobre el papel de la mujer en la alta cocina moderna, un universo, por lo visto, demasiado masculino. Una tendencia que, en tierras atlánticas rompería también la gallega Toñi Vicente, y en los altos de Ezcaray,a la riojana Marisa Sánchez.
De las habilidades de Pepa Romans con los arroces, las gambas y el bacalao que ofrece en Casa Pepa (Ondara, Alicante), viven quince personas, toda una familia. «Desde los cuatro años -recuerda- andaba por la cocina de mi madre oliéndolo todo. Mi padre, que era albañil, me llevaba a las casas de familias ricas; yo siempre me metía en las cuadras y entre los fogones. El primer olor que recuerdo es el de coliflor, unas pelotas de esa verdura con bechamel», rememora entre carcajadas Pepa como si estuviera viendo de nuevo las pelotas de coliflor rodando delante de sus narices.
Pepa, cocinera tranquila y paciente, viste en tonos dorados y púrpuras (aunque dado su oficio mejor sería decir tonos azafrán y canela). Esta seguidora del budismo, madre con 16 años, regresa a las piedras de Jávea y narra los días en que su madre salía de casa con un capazo vacío a la búsqueda de comida. Una aventura terrible y cotidiana en los tiempos de postguerra y subsistencia que le tocó vivir. «Había muy poco, pero lo curioso es que cada día volvía con algo distinto. Si traía unos caracoles, hacía un plato con ellos, hinojo, cuatro puerros y patatas. Otro día decía: 'hoy, farinetes': harina de maíz a la sartén; un sofrito de tocino, pimentón, harina y agua. Ya había qué comer. Formaba el pan los domingos; los lunes, tocaban croquetas de puchero y los miércoles comíamos pan duro puesto a remojo con agua y pimentón y metido al horno... Esos olores todavía los tengo aquí. Esa fue mi primera escuela. Había mucha imaginación, había mucha hambre».
Ladrillos contra pulpo
Ahora Pepa aparece en las guías gastronómicas y su restaurante, con una estrella Michelin, es uno de esos templos donde los que lo tienen casi todo tratan de recuperar sabores que nacieron con la necesidad. Casa Pepa asoma a las afueras de Ondara, entre un huerto de olivos, naranjos, jacarandas, higueras, acacias y buganvillas. Un lujo. Pero la cocina de Pepa viene de la pobreza, del tiempo en que se criaban y se sacrificaban gallinas en casa, se hacía jabón y embutidos con las camisas remangadas, se amasaba el pan y se hablaba junto a un fuego. «Era pura supervivencia. Hoy el género se toca demasiado. No hay nada como un buen producto de temporada, unas habitas, unas alcachofas... ¿Qué hay más bello que los colores naturales de las verduras? Eso te inspira. Yo soy de las que se van antes a un mercado que a un cine», pregona al mundo, decidida. «Mire, no hay nada como el tiempo en que salen las flores del azahar. Se te abre el espíritu».
Ella se mueve entre cosas que, a los no levantinos, suenan algo extrañas: pulpo seco, capellanes (como llaman en Levante a los bacalaos desecados), tomates deshidratados al sol... «Pero los ladrillos de los constructores han matado esa cultura. Imagine unas habitas repeladas y unas alcachofas puestas en aceite, unas cebollitas tiernas pochadas con tacos de huevo duro, unas lonchas de tocino ibérico y un poco de yerbabuena. ¿Imagina algo mejor? Piense en un pollo críado en casa. Pero cuando se lo pongo a algunos clientes, se piensan que es cordero. La carne es oscura, no la conocen. ¿A dónde hemos llegado?», se pregunta la cocinera.
La sirena de Petrer
Mari Carmen Vélez, de La Sirena, en Petrer (Alicante), también ha conocido la cocina por supervivencia que retrataba Pepa. Ahora disfruta entre pucheros, dando carpetazo al tiempo en que a las mujeres les estaba vetado «cocinar por placer». «Creo que la cocina es la parcela más propia de la sensibilidad femenina. Ahí comunicamos nuestras necesidades y sentimientos. Con los platos, emocionamos, volcamos toda nuestra pasión. Es algo muy intuitivo», reflexiona.
Ella habla de perfeccionismo femenino, de su habilidad para dirigir las partidas de cocineros con la eficiencia con que las mujeres gestionan las casas, de pulcritud, organización y sentido de la economía. «Además asociamos la comida a la felicidad, al equilibrio, a la armonía... Para mí, la armonía está en una picadita de almendras y en los caldos que hacía mi abuelo. Simple, rico, imaginativo. Creo que en el hombre todo es más inmediato», apunta Vélez.
Hace unos años, a María José San Román habría que haberla presentado como la esposa del Papitu Perramón, el antiguo portero de la selección española de balonmano. Hoy tiene su propio espacio. Es la patrona del Monastrell, en Alicante. Casi nada. «Venimos de una región muy rica en recursos y eso se nota en la cocina que hacemos», presume. San Román se detiene en la morralla, que para muchos (hasta para el diccionario) es sinónimo de algo de poco valor, despreciable, pero que en Alicante sirve para nombrar al menudo pescado de la bahía con que arman sus arroces. También nos descubre María José otras maravillas secretas como el modo de salr el turrón para llevarlo a la alta cocina y el gusto por maridar gustos casi 'imposibles' como uvas y cigalas.
Cabeza pensante
Esta asturiana, hija de un industrial que fundó la fábrica de galletas Mariluz, en Murcia, estudiante en un pensionado suizo, trabajó en el Neichel de Barcelona (dos estrellas Michelin). Allí conoció a Jean Louis Neichel, el fundador del primer El Bulli. Hoy gestiona junto a su familia media docena de locales. Ella es la cabeza pensante. «No ha sido fácil para las mujeres de mi generación entrar en las cocinas de los grandes restaurantes. No hemos tenido las mismas oportunidades que los hombres. Y las aprovechamos todas», sentencia.
Susi Díaz tiene el pelo rubio y un programa de televisión donde explica un puñado de cosas sencillas con las proteínas de los pescados. También cocina en una casa en el campo, ésta, pintada del color de los melocotones. Antes el negocio lo llevaba su marido mientras ella atendía al público. Era la imagen de La Finca. Pero un buen día decidió meterse en la cocina. «No he pisado jamás una escuela de cocina ni me muevo como un cocinero... Pero la imaginación no se enseña», protesta.
Hubo un tiempo en que los secretos culinarios pasaban de madres a hijas, como dones preciosos. Con 7 años Susi amasaba cocas, escaldaba y molía almendras. Luego llegaron los arroces tostados, las sopas, los pescados preñados de yerbas... Hoy lleva una vida de empresaria, mujer de negocios y creativa. La cercanía de su restaurante con la Ciudad de la Luz y sus estudios cinematográficos le ha lanzado a un nuevo mundo. Así conoció a Gerard Depardieu. «Vino a rodar con su cocinero y una cocina móvil instalada en su roulotte. Hasta que un día vino a comer a casa. Luego no falló ni un día. Ahora nos avisa cada vez que va a venir. Es un sibarita. Nos encarga gambas, cigalas, atún rojo, ortiguillas de mar... Y se vuelve a París cargado con sus jamones, sus latas de atún y de anchoas para su restaurante. Gerard es superdivertido y come como un desesperado. Luego se señala el estómago y se ríe», desvela la cocinera. «Eso es vivir la vida, ¿no?».
Por segundo año consecutivo, Andrés Mármol ha conseguido hacerse un hueco entre los maestros chocolateros de todo el país. La cita tuvo lugar la semana pasada en Barcelona, coincidiendo con la Muestra del Chocolate y el Cacao. El tradicional campeonato al mejor maestro chocolatero de España contó con la participación de once profesionales de toda la geografía nacional.
Por segunda vez, Andrés Mármol, gerente y maestro confitero de la pastelería La Gloria de El Palmar, se hace con un galardón. Andrés Mármol Martínez ganó en el 2006 un concurso para ponerle el nombre de la Infanta Leonor a un postre. Mármol se impuso en la elección decisiva a once pasteleros españoles, en el concurso organizado por la Confederación Española de Empresarios de Pastelería.
Andrés se inició en la pastelería por auténtica vocación. A los trece años decidió no continuar el negocio familiar, vinculado a la construcción, y entró como aprendiz en una pastelería de El Palmar. Actualmente está al frente de La Gloria, en la calle Muñoz Barberán de El Palmar.
El postre ganador en el 2006, Madagascar, rebautizado con el nombre de Infanta Leonor, es una tarta a base de esponjoso de vainilla, mousse de chocolate, base de bizcocho y glacaje de chocolate. El secreto está en el chocolate puro, guanaja con especias chinas y la vainilla de Haití. muestra inspiraciones exóticas en su postre y una interesante combinación de sabores. Incluye chocolate procedente de Madagascar y especias chinas.
INGREDIENTES 4/5 PERSONAS.
550 gramos de arroz.
un cuarto de aceite de oliva.
4 ñoras.
6 dientes de ajo.
450 gramos de tomate maduro.
4/5 ramas de perejil.
pescado de roca.
dorada del Mar Menor, morralla, (Gallina).
ELABORACION
1º.- ponemos a freír en un caldero(olla de hierro colado) (o recipiente como muestra la foto) las ñoras, ( las apartamos) los ajos y la dorada, o mujol (lo apartamos)y cuando esté sofrito añadimos las ñoras y el tomate.
2º.-recuperamos las ñoras y los ajos y hacemos un picado con el perejil.
3º.- Se hierve el pescado (Morralla) con el majado durante unos 30 minutos, pasado este tiempo colamos el caldo y añadimos la dorada o mujol y lo dejamos cocer todo junto durante 20 minutos.
4º,. Sacamos el pescado y al caldo le añadimos el arroz, el que acompañaremos con un buen Ali-oli.
Comprobar la sal y añadir un poco de azafrán o pimentón dulce.
INGREDIENTES PARA 4 PERSONAS
2 kilos de patatas peladas y con un corte profundo en el centro.
1 cabeza de ajos pelados y cortados a láminas.
un poco de perejil.
50 gramos de piñones.
pimienta.
4 hojas de laurel.
el zumo de 1/2 limón.
la mitad del cuarto litro de aceite.
sal.
1/2 litro de agua.
ELABORACION
Se ponen todos los ingredientes en crudo y juntos, se dejan hervir 25 minutos.
Nota: Este plato se puede comer tanto frío como caliente y con unas sardinas asadas ( frescas o saladas ) al gusto.
Un kilo de caracoles de los llamados BURGAO; PETI GRIS, GALAPATONES, MOROS etc.etc.
un poco de sal y pimienta
un chorrito de aceite
6 dientes de ajo
un vasito de vino rosado
tes ramitas de perejil
100 gramos de paté a las finas hierbas
100 gramos de tocino de jabugo
ELABORACION
Lavar los caracoles y poner en la sarten con el aceite a fuego lento
una vez muertos ponerlos en un escurre frutas y agitar energicamente para que suelten la baba ( No lavar)
ponerlos de nuevo en la sartén con otro poquito de aceite el tocino de jabugo cortado en tacos gruesos y añadir sal y pimienta y dejar freír unos 20 minutos a fuego lento, removiendolos con frecuencia, pasado este tiempo
añadir los ajos picados con el perejil y el vino y el paté, dejar de nuevo unos minutos mas.
QUE APROVECHE. JUAN MORENO GÓMEZ.
