Este carpintero de 72 años, de Bullas, ha creado la vagoneta aérea, la escalera escamoteada y unas 'machacaolivas', y no deja de «darle a la cabeza»

1848216

Alfonso Jiménez parece un hombre surgido del mundo de las ideas y de pronto trasplantado al mundo real y con un montón de maquinaria a su alrededor. Dice reiteradamente que con él se han equivocado de época de nacimiento, que su mundo es el del Renacimiento, pero que no sabe el porqué de pronto su madre lo parió en el paraje más alto de Bullas, y además con tan sólo una vara para pasturar ganado. Decidió despedirse del maestro a los diez años de edad. La inmigración era lo que se llevaba, y él no quiso estar fuera de modas. A la vuelta al pueblo pensó que podía formar familia y, por qué no, también un trabajo estable. Se lanzó a montar una carpintería en el paraje de La cuerda. Sus vecinos le dijeron que la cosa era perfecta, ya estaba hasta el nombre de la carpintería. Sólo faltaban las maderas.

- ¿Y llegaron maderas?

- Todas las que hicieron falta, y más. Me convertí en un carpintero totalmente artesano. A los doce años ya empecé a darle vueltas para ver cómo trabajaban otros. De mi taller, totalmente manual, incluso torneando a mano, salieron no sólo camas, y mesas con agujero para el brasero, y sillas. Yo me adaptaba a todo lo que me pedían, ¡bueno era yo!. Mi cabeza daba muchas vueltas por la noche para ver cómo sacarle punta a lo que me pedían y por el día martillazo va y púa clavada. Y ya ve usted. Tengo tres hijas y todas con carrera, incluso mi nieta me pide alguna cosa, y si puedo, pues se la hago en el taller, pues ya con 72 años merece la pena hacer cosas más tranquilas, dándole a la cabeza, que producir bastantes trabajos para ganar un buen jornal. Éste ya está asegurado.

- Pero creo que usted es un carpintero atípico, ¿cuántos dedos lleva cortados?

- Lo que son dedos, dedos, ninguno. Siempre me ha gustado ser muy respetuoso con las maquinas o las herramientas. Algunas se han descuidado y sólo me dieron un pellizco en la punta del dedo índice de la mano derecha, pero como tengo la sangre espesa, se me corta pronto, y no pasó nada.

- Lo que sí tiene fama es de ser inventor. ¿Qué cosas ha patentado?

- Ninguna. Sólo son cosas que invento para hacer más llevadero el trabajo en mi casa, a los vecinos o para agradar a mi nieta.

- ¿Por ejemplo?

-Mire aquí tengo la vagoneta aérea. Era un problema imposible de resolver, pues tenía que sacar los escombros de mi casa para hacer otra nueva y allí no podía entrar ninguna grúa. Yo a través de poleas y maderas construí esta caja que es como una vagoneta que podía bajarla hasta el fondo, donde estaba el escombro, tirándole de estos hilos se abría y se llenaba de escombros y luego al tirar de los otros subirla llena hacia arriba, hasta controlarla con la mano y depositarlos donde podía entrar la camionetas.

- ¿Y esta escalera tan plegada?

- Es la escalera escamoteada. Tenía un vecino un reducidísimo espacio en su casa para poder subir a un primer piso, de tal forma que le hice la escalera a tramos y luego la fui enlazando varios peldaños unos con otros hasta hacerla como un acordeón. Está toda plegada en el techo, sólo hay que tirar de estos hilos y la escalera se despliega y sin peligro alguno él sube al piso de arriba. Luego tira de estos otros hilos y se pliega por completo. Y aquí si ha pasado algo, yo n lo he visto.

-¿Para qué sirven estas paletas? ¿Va usted detrás de la Virgen del Rosario el día de la procesión haciendo música?

-¡Qué va! ¡Que va!, Para música tengo yo el cuerpo. Estas paletas son unas machacaolivas.

- Pero usted está cuerdo ¿No esperará una riada y que llegue hasta aquí el agua, antes debe desaparecer Lorca, Murcia y Cartagena? ¿Para qué es esa barca?

- Es una simple barca para secano. Mi nieta estaba empeñada en un cochecito de choque y yo le he preparado esta barca que con el pie se va guiando como un timón y a golpes de mano se va moviendo la rueda para coger velocidad. Sólo hay que tener ganas de jugar.

Fisgoneado en La Verdad.

El escritor critica que el Museo Naval haya reducido el espacio dedicado al marino y lamenta que su vida aún sea desconocida.

007D7CTGP1_1

Javier Sanmateo Isaac-Peral quizá es una de las personas que mejor conoce la historia y la intrahistoria del marino Isaac Peral y Caballero (Cartagena, 1851-Berlín, 1895). No en vano es bisnieto del inventor del primer submarino propulsado eléctricamente. Cien años después de su muerte Sanmateo, economista madrileño, intenta despejar las dudas de los que afirman que su antepasado no fue el inventor del artilugio que revolucionó la Armada española durante el siglo XIX. Lo ha hecho con el libro El submarino Peral. La gran conjunta (Áglaya).

- ¿En qué se ha basado para escribir esa obra?

- Tenía mucha documentación sobre Isaac Peral. Mi abuelo ya escribió sobre él en un libro que no tuvo mucho éxito. Me he basado en su recopilación y, además, he añadido documentación nueva que yo he encontrado. Hay cosas curiosas como que al inventor le llamaban el profundo Isaac, porque le gustaba mucho estudiar.

- ¿Por qué decidió escribirlo?

- Un día fui a visitar el Museo Naval de Cartagena y vi que la parte dedicada a mi bisabuelo se había reducido. Hablé con su directo, [Luis Delgado] quien me dijo que Peral no era el inventor del submarino. Me cogí un rebote y quise demostrarlo con documentación. No entiendo cómo un señor con ese cargo pudo decirme eso. Le he demostrado que está equivocado. Fue Peral la persona que inventó el submarino, no Marcís Monturiol.

- ¿Por qué cree que algunos no le atribuyeron el invento?

- Isaac Peral se ganó la enemistad de gente de la Armada porque había muchos intereses. Los enemigos de Peral estaban aliados con los partidos políticos de la época y así hubo gente que dudó de que hubiera hecho el invento. El gobierno lo desautorizó e hizo una campaña de desprestigio contra él. Por eso abandonó la Marina.

- ¿Qué reivindica con el libro?

- Nadie había hecho una investigación en profundidad y yo sí para conocer quiénes estaban detrás de la conspiración contra él. El libro aporta información que no se conocía. El resto de libros que se han ido escribiendo sobre su vida no detallaban la realidad de lo que realmente pasó.

- ¿Cuánto tiempo ha tardado en escribirlo?

- La parte documental me ha llevado tres años. Creo que es poco tiempo porque casi todo lo que he encontrado estaba informatizado y eso me ha facilitado las cosas. En este tiempo he comprobado archivos de la Marina, de la Hemeroteca Nacional y he completado cosas que mi abuelo no descubrió.

- ¿Qué representa para usted el nombre de Isaac Peral?

- Es uno de los grandes inventores de la historia de España. En Cádiz y Madrid, y por supuesto en Cartagena, tiene un gran reconocimiento. No en vano hay una televisión que está grabando un documental sobre Peral. En los próximos días vendrán a Cartagena a tomar imágenes sobre la ciudad y los lugares donde estuvo él.

- ¿Qué siente cuando ve el submarino en el Muelle?

- Es una maravilla. Yo vivo en Madrid pero cada vez que voy a Cartagena tengo que visitarlo. Vamos toda la familia y lo miramos durante varios minutos. Es el pasado de la familia.

Fisgoneado en La Verdad.

El magnate e inventor Alfred Nobel se lamentó por las consecuencias funestas de su principal hallazgo y decidió, como redención, legar su fortuna para premiar a bienhechores de la humanidad.

nobel1--253x350

Estocolmo y Oslo reviven una vez más la ronda de ganadores de los premios Nobel, la tradición que desde 1901 reconoce la excelencia intelectual a través de los galardones instituidos por el magnate sueco Alfred Nobel.

De acuerdo con la tradición es el premio en Medicina y Fisiología el primero en otorgarse, y le siguen por este orden los de Física, Química, Literatura, de la Paz y Economía.

El origen de los premios está ligado a las circunstancias personales de Alfred Nobel (1833-1896), quien acumuló una fortuna gracias a su talento como inventor, pero a quien atormentaban las consecuencias funestas de su principal hallazgo: la dinamita.

Nobel legó su fortuna para premiar a bienhechores de la humanidad, sin importar su nacionalidad, y así quedó fijado en su testamento: el dinero se invirtió en valores inmobiliarios y los intereses se dividieron en cinco partes iguales, tantas como premios.

El Nobel de Economía no fue creado hasta más de medio siglo después por el Banco de Suecia y se otorga desde 1969.

Interés por las categorías científicas

La institución de tres categorías científicas refleja el interés personal del industrial sueco por este campo y la confianza en sus posibles beneficios para el progreso de la humanidad; en la creación de las otras dos jugaron un papel importante el escritor noruego Bjørnstjerne Bjørnson y la pacifista austríaca Berta von Suttner.

Bjørnson llegó a ser luego miembro del Comité del Premio de la Paz y ganó el de Literatura en 1903, y Von Suttner se convirtió dos años después en la primera mujer en recibir el Nobel de la Paz.

Las discusiones sobre el testamento y la dispersión de los bienes del magnate acarrearon retrasos, hasta que el rey Oscar II de Suecia promulgó en 1901 los estatutos de la Fundación Nobel.

El de la Paz, en Noruega

Los respectivos comités Nobel envían cada año miles de invitaciones individuales a miembros de academias, científicos, profesores de universidad, antiguos premiados y parlamentarios para que propongan candidatos en las distintas categorías. Los comités valoran sus méritos y realizan cribas hasta elegir a uno o varios ganadores, pues hasta tres pueden compartir el premio.

La Real Academia de Ciencias de Suecia otorga los de Física, Química y Economía; el Instituto Karolinska de Estocolmo, el de Medicina y Fisiología; la Academia Sueca, el de Literatura. Un comité elegido por el Parlamento noruego, el de la Paz, el único que se anuncia y entrega allí, en el Ayuntamiento de Oslo el 10 de diciembre. Los otros cinco galardones se reparten en un acto equivalente el mismo día en la Sala de Conciertos de Estocolmo.

Todos los premiados reciben un diploma, una medalla de oro y una dotación económica de unos 10 millones de coronas suecas (1,1 millones de euros o 1,5 millones de dólares), cantidad que se reparte si hay más de un ganador en la misma categoría.

La Cruz Roja, la única triple galardonada

En la centenaria historia del premio ha habido hasta ahora 777 galardonados, de ellos 34 mujeres, y 20 organizaciones.

El británico Lawrence Bragg, que se llevó el Nobel de Física a los 25 años en 1915, y el estadounidense de origen ruso Leonid Hurwicz, que recibió el de Economía a los 90 años en 2007, son respectivamente los ganadores más joven y más anciano.

Seis personas y organizaciones han repetido premio, pero ninguno por encima del Comité Internacional de la Cruz Roja, ganador tres veces del de la Paz (1917, 1944, 1963), y cuatro si se considera que su fundador, Henry Dunant, se llevó el mismo galardón en 1901.

Pero sólo una persona ha obtenido el Nobel en más de una ocasión sin compartirlo con otra: el bioquímico estadounidense Linus Pauling, premiado con el de Química (1954) y el de la Paz (1962).

Curioso es el caso de la familia Curie: Marie ganó el de Física en 1903, compartido con su esposo Pierre y Henri Becquerel, y el de Química en solitario en 1911; Irène Joliot-Curie, su hija, se hizo con el de Química en 1935, junto con su esposo, Fredéric Joliot.

Veintidós personas de origen hispano -de ellas siete españoles- han ganado el Nobel , pero ninguno en Economía y Física.

Premios desiertos y rechazos

Los premios pueden quedar desiertos, como ha pasado 49 veces: 19 en el de la Paz, 9 en Literatura, 8 en Química, 7 en Literatura y 6 en Física; y desde 1974 no se pueden otorgar de forma póstuma, a menos que la muerte haya ocurrido tras el anuncio del premio.

Ha habido dos casos de rechazo: Jean Paul Sartre, que rehusó el de Literatura en 1964 por su desprecio a las distinciones oficiales, y Le Duc Tho, premiado junto al secretario de Estado de EEUU Henry Kissinger en 1973 con el de la Paz por lograr un acuerdo que acabó con la guerra de Vietnam y que se amparó en la situación de su país.

Otros cuatro galardonados fueron forzados por sus gobiernos a rechazar el premio: los alemanes Richard Kuhn (Química), Adolf Butenandt (Química) y Gerhard Domagk (Fisiología o Medicina), por Adolf Hitler; y el escritor ruso Boris Pasternak en 1958.

Ojeado en La Verdad.