La joven Lorena Moreno (Murcia, 1992) ha ganado el V Premio de Literatura Jordi Sierra i Fabra para Jóvenes por su novela 'Las redes del infierno', una obra «muy madura con altas dosis de realismo», según señala el jurado. El premio tiene una dotación de 3.000 euros y conlleva la publicación de la obra premiada por parte de Ediciones SM. La vencedora reside en Molina de Segura, donde estudia segundo de Bachillerato, modalidad Ciencias de la Salud, y desde niña ha querido ser periodista. Comenzó a escribir 'Las redes del infierno', su primera novela, en el verano de 2009, con 16 años, tras leer una noticia periodística sobre la esclavitud en un pueblo de pescadores de Ghana que la impresionó vivamente. La novela muestra las condiciones de vida de los niños obligados a trabajar en la pesca, casi todos vendidos como esclavos por sus padres al no poder hacer frente a las deudas, a través de la relación entre una joven y una niña.

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SIGLO XVIII. Primera noticia impresa de los Servitas, el 30 de marzo de 1792, en El Correo Literario.

Quince segundos después de que los hermanos Patricio, Mateo y Gonzalo Barrera, hace más de 225 años, abandonaran la antigua Escuela de Cristo, construida a los pies de la parroquial de San Bartolomé, el techo de cañizo y adobe y las bóvedas de yeso, con sus diminutos nidos de polilla y salamandras verdes, se desplomaron convirtiendo la capilla de oración en un amasijo de escombros. Ocurrió el 10 de junio de 1778. Y si el Noticiario de la ciudad inmortalizó en sus frágiles páginas el suceso fue porque los hermanos Barrera, cuando a golpe de tila se recuperaron del susto, perjuraron que «una secreta voz» les había avisado del desplome.

Desde entonces fue costumbre que, de tanto en vez, cuando la iglesia amenazaba ruina, resonaran otras voces, más terrenales, pero tozudas y hasta impertinentes. Una de ellas fue la del sacristán Ferrer, cuyo nombre aún perdura en una lápida colocada en la fachada de la parroquia sin que nadie recuerde de quién se trataba.

José Ferrer llegó a San Bartolomé de sacristán, aunque pronto resultó evidente que podría acometer mayores empresas que despabilar lámparas. Por ejemplo, restaurar el templo, que amenazaba ruina en la segunda mitad del siglo XIX. En 1872, cuando aún no había sido ordenado, ante la portada maltrecha, Ferrer exclamó en presencia de unos amigos: «Si yo fuera no más que sacristán de esa iglesia, proyectaría la obra y realizaría uno de mis ensueños». Tres años después, el 27 de marzo de 1875 tomaba cuerpo su idea. Un año más tarde comenzaba la obra.

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MAGNA. Instantánea remota de la capilla de Las Angustias en San Bartolomé.

No imaginó el buen hombre que los trabajos se extenderían durante dos años y el proyecto, por falta de fondos, casi se abandona. Pero tenía Ferrer tal empuje y embrujo que las limosnas se sucedían. De hecho, incluso recibió la donación de un premio de la lotería, que una feligresa le entregó el mismo día en que el sacristán se disponía a anunciar el cese de la restauración. Entretanto, los fieles más pobres destinaban lo único que tenían, su tiempo libre, a trabajar como peones. Hasta cuentan los cronistas que don José «pidió un día 50 reales a la imagen de San Eloy. Y se los dio, bajo recibo». Y así fue tomando cuerpo la iglesia.

En este mismo templo se fundó en 1665 la Venerable Orden Tercera de los Servitas (o Siervos de María), que pronto gozó del aplauso y apoyo moral y económico de la feligresía. Fue el germen de la Real, muy Ilustre y Venerable Cofradía de Servitas de María Santísima de las Angustias.

De entre los muchos aciertos que celebraría la institución, ninguno superó -ni quizá haya superado- al encargo que realizara en 1740 al escultor Francisco Salzillo. Se trataba de la talla de la Virgen de las Angustias, que elevó de inmediato la devoción de los murcianos ante esta advocación y convirtió a los Servitas en custodios de una de las obras cumbre de la gubia del autor.

El paso de la Virgen de las Angustias protagonizó en su origen el desfile del Domingo de Ramos murciano, surcando las calles más nazarenas rodeada de túnicas azules. El Papa Papa Clemente XII concedió indulgencia plenaria a cuantos visitaran la capilla a lo largo de aquel día. La imagen, antes de su salida en procesión, era trasladada cada año al remoto convento de las Madres Agustinas, quienes lo adornaran de flores. Hoy, este espléndido grupo escultórico puede admirarse en la noche del Viernes Santo.

En el año 1766, la Cofradía adquiere un solar para construir su capilla, que sería terminada en 1797, casi veinte años más tarde, cuando Las Angustias fue entronizada. Antes, alrededor de 1786, el templo sufrió el derrumbe de una parte de la bóveda principal y el crucero. A esta época pertenece la más antigua noticia periodística sobre Servitas, publicada en el breve Diario de Murcia en 1792.

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INAUGURACIÓN. El Liberal informó de la recuperación del templo, el 19 de octubre de 1883.

La capilla sería sometida a una rehabilitación a mediados de la década de los sesenta del siglo pasado. Fue reinaugurada el 15 de septiembre de 1966. La última gran restauración corrió a cargo del arquitecto Juan de Dios de la Hoz Martínez, elegido con acierto por el Obispado de Cartagena. El retablo que ahora se recupera, según los expertos, puede considerarse como uno de los más bellos exponentes del barroco tardío en la ciudad. Sin embargo, durante muchos años nadie ha podido admirar su auténtica factura. Diversas intervenciones, en su mayoría desafortunadas, fueron cubriendo con pinturas, yesos y cemento la idea original que imaginara el arquitecto José Navarro David a comienzos de 1796.

Los restauradores de la obra, Pablo M. Molina Jiménez y Esther Pérez Plaza, a quienes Murcia le deberá siempre la pasión que han puesto en su trabajo, destacan que la policromía original del retablo, antes de acometer los trabajos de restauración, se encontraba oculta «bajo varias capas de pintura y barnices, mostrando un aspecto envejecido, oscuro y triste del conjunto. Los dorados estaban parcialmente ocultos por capas de repintes que, sin un criterio claro, habían desvanecido el aspecto de la obra dejándolo relegado a un volumen que ocultaba una rica decoración en matices y calidades».

Así, después de décadas de trabajos, la Virgen de las Angustias, la más genial obra de Salzillo se expondrá con dignidad en la parroquia. Pero se expondrá a medias. Porque, ante la falta de seguridad en el templo, los angelicos que rodean el calvario permanecen en una caja de seguridad de un banco. A salvo de las polillas. Y también, porque en Murcia así somos, de los turistas.

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Domingo Díaz Carrillo ha asumido la presidencia del Orfeón Fernández Caballero con el reto de «poner en valor la calidad musical de esta institución murciana», que con 76 años de historia goza de una salud envidiable. Para ello, este año preparan una gira por Europa, además de intercambios con grupos nacionales. Formado por unos 300 cantores, todos aficionados, el grupo cuenta con una potente cantera (los niños empiezan a aprender canto con sólo tres años) que garantiza un largo y prometedor futuro.

- Con 76 años de vida y una gran cantera, el Orfeón parece que tiene cuerda para rato. ¿Cuáles son los objetivos que se ha marcado para su mandato?

- Poner en valor la calidad musical del Orfeón. Queremos que nos conozcan. Somos 250 personas, todos cantantes aficionados, distribuidas en cuatro grupos, oficial, juvenil (12-17 años), infantil (7-11 años) y peques (3-6 años), con un gran nivel. Nuestra intención es realizar este año ocho o diez actuaciones en Europa y continuar con los intercambios con grupos nacionales.

- ¿Qué es lo mejor del Orfeón Fernández Caballero?

- El grupo de personas que lo forman, dirigidas por Margarita Muñoz, que es una genio. Con su excelente trabajo consigue que saquemos unas buenas obras.

- ¿Qué requisitos hay que cumplir para entrar a cantar?

- El orfeón es una suma de voces y si tienes buen oído y sabes acoplarte al grupo, es suficiente. Todos los años organizamos pruebas de admisión para las personas que estén interesadas en cantar. Siempre pueden ponerse en contacto con nosotros a través de nuestra página web.

- ¿Pero requerirá mucha dedicación y trabajo?

- Somos todos aficionados; es duro estar ensayando, algunas veces todas las tardes de la semana. Y en ocasiones en un idioma que no es el tuyo. Pero cuando consigues sacar la pieza, te das cuenta de que el esfuerzo ha merecido la pena.

- ¿Se sienten respaldados por la sociedad murciana?

- Sí. Claramente reconocen la labor de difusión cultural que estamos realizando. También contamos con el respaldo de la Administración y de instituciones como la Fundación Cajamurcia. Ahora estamos negociando la cesión por parte del Ayuntamiento de Murcia de unas instalaciones más amplias. Porque las dependencias que tenemos en el centro cultural Puertas de Castilla se nos han quedado pequeñas y los ensayos tenemos que hacerlos en el colegio Federico de Arce.

- ¿Cómo es su repertorio?

- De lo más variado, desde música sacra a habaneras y ópera.

- ¿Qué sienten cuando actúan?

- Es enriquecedor ver cómo disfruta el público.

- Han sido pioneros en la enseñanza de canto a los niños. ¿Cómo lo han conseguido?

- El grupo de peques lo forman unos setenta niños de entre 3 y 6 años. Todo lo que aprenden en las clases de canto es mediante juegos. Y los menores aprenden a vocalizar, también a coordinar sus movimientos y siempre con una disciplina, que es muy importante inculcar desde pequeño. Pero, repito, todo ello jugando. Queremos inculcar la cultura musical desde la niñez.

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Como es tradicional en Patiño la Hermandad de las Benditas Ánimas, cerraremos la Pascua celebrando la fiesta de la Candelaria (este año se traslada al Sábado 6 de febrero). Tendremos, en la Parroquia de Ntra. Sra. de la Fuensanta de Patiño, a las 19’00 h. la última Misa de Aguilando, en el transcurso de la misma se presentarán los niños a la Virgen y se bendecirán los pichones y la tortada. Después en el Salon municipal tendremos un rato de fiesta con convidá. Nos acompañará como en los últimos años la Cuadrilla de Torreaguera. Saludos.

Informa El Patiñero II.

Sábado 30 de enero

11’00 h. Concurso de dibujo infantil (de 4 a 12 años). Será en la Plaza de José Ortega Cano (si llueve se trasladará al Club de la Tercera Edad).
12’00 h. Entrega de premios del concurso de dibujo. Fiesta infantil con payasos en la Plaza José Ortega Cano (si llueve se trasladará al Club de la Tercera Edad).

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Domingo 31 de enero

12’00 h. Solemne traslado de la Sagrada Imagen de San Blas, recién restaurada, desde el Museo de Bellas Artes hasta la Iglesia de Santa Eulalia.
12’30 h. Pregón de las fiestas, a cargo del Concejal de Prevención y Extinción de Incendios, Protección Civil y Cooperación al Desarrollo del Ayuntamiento de Murcia, Remigio López.
13’00 h. Solemne Misa cantada por el Grupo de Coros y Danzas 'Alma Huertana' de la Peña Huertana 'El Zarangollo' en la Iglesia de Santa Eulalia.
14’00 h. Pasacalles por las calles del barrio de Santa Eulalia a cargo de las charangas.
14’30 h. Paella gigante elaborada por el Restaurante 'El Tirol' de Totana regada con vino de la taberna 'El Tío Jesuso' en la Plaza de la Candelaria.

Lunes 1 de febrero

12’00 h. Pasacalles por el barrio a cargo de las charangas.
17’30 h. Homenaje a los mayores con entrega de los premios 'Tío Blas', a Jesús Torrano Soler, y 'Candelaria', a Dolores Salas Martínez. El acto será en el Club de la Tercera Edad de Santa Eulalia.
18’00 h. Actuación del Grupo de Coros y Danzas 'Francisco Salzillo' en el Club de la Tercera Edad. Se obsequiará con una chocolatada a todos los asistentes.

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Martes 2 de febrero

10’00 h. Santa Misa en la Iglesia de Santa Eulalia.
11’00 h. Santa Misa en la Iglesia de Santa Eulalia.
12’00 h. Pasacalles por las calles del barrio.
12’30 h. Santa Misa durante la que se llevará a cabo la bendición de las candelas y la presentación de los niños nacidos en el año anterior.
17’30 h. Procesión por el barrio con las imágenes de San Blas, San José y Nuestra Señora de La Candelaria. A los fieles se les entregarán velas con mimosas y los vecinos engalanarán sus ventanas y balcones.
Al finalizar la procesión se oficiará una misa cantada por la rondalla y el coro del Grupo de Coros y Danzas 'Virgen de la Vega' en la Iglesia.

Miércoles 3 de febrero

10’00 h. Santa Misa en la Iglesia de Santa Eulalia.
12’00 h. Pasacalles por las calles del barrio.
12’30 h. Solemne Misa cantada por la coral 'Salzillo' del Club de la Tercera Edad de Santa Eulalia, dirigida por Salvador López Moñino. La eucaristía será presidida por Francisco Pagán, párroco de Los Dolores de Murcia y miembro de la Asociación de Laringectomizados de la Región de Murcia 'San Blas'. Durante la misa se realizará una ofrenda floral a San Blas. Será en la Iglesia de Santa Eulalia.
18’30 h. Santa Misa en la Iglesia de Santa Eulalia.
19’30 h. Santa Misa en la Iglesia de Santa Eulalia.
20’30 h. Solemne misa cantada por el Orfeón Murciano 'Fernández Caballero' de Murcia en la Iglesia de Santa Eulalia.
22’00 h. Gran traca fin de fiestas.

Prensa Ayto. de Murcia.

La ermita donde hoy se celebra la bendición de animales hunde sus raíces en el siglo XV. La llamaron ermita de San Lázaro; pero al final venció San Antón. Este barrio, como todo el Norte de la ciudad, fue tierra de asentamiento durante la Edad Media. Allí encontraron los castellanos un lugar para establecerse, en la remota alquería de Cantaratabala o Puente de Tabala, junto al otro lado de la enorme muralla que protegía la ciudad, en el arrabal de La Arrixaca.

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Antaño. Unos puestos con distintos tipos de ¡ golosinas flanquean la entrada a la ermita de San Antón, en un día como hoy pero de hace cuatro décadas.

La antigua ermita, fundada por Martín de Selva en el siglo XV, se alzaba a pocos metros de la Puerta de Molina, principal acceso a Murcia. Hasta bien entrado el siglo XX aún se llamaría a esta avenida carretera general de Albacete a Cartagena. Durante siglos fue paso obligado para los viajeros. Por ello se ordenó que cuantos sufrieran alguna enfermedad, antes de entrar a la urbe, debían guardar cuarentena en el templo, entonces bajo la advocación de San Lázaro.

Era cuestión de tiempo que se creara en su entorno un hospitalillo, a cargo de la Hermandad de San Antón, formada por piadosos hermanos que velaban por sanar a los enfermos. Tal fue la popularidad de estos religiosos que la ermita cambió su nombre por el de aquella congregación.

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Animada. Hace ahora un siglo, las fiestas eran tan animadas como en la actualidad, según publicó 'La Verdad'.

La Orden de los canónigos agustinianos Hospitalarios de San Antón fue fundada en 1095 y sus integrantes se distinguían por mostrar una cruz en forma de T -cruz Tau-, de color azul, sobre el pecho de sus hábitos negros. Su principal ocupación fue curar a los afectados por el llamado fuego de San Antón o 'fuego del infierno'.

Esta terrible enfermedad, hoy conocida como ergotismo, está causada por la ingestión de cereales contaminados por hongos tóxicos. El diagnóstico era más temible que la propia lepra. Porque los enfermos veían gangrenarse sus extremidades. Después de una larga agonía, pies y manos se desprendían ennegrecidos, sin sangrar.

Tras la reconquista

Poco después de la reconquista, los hermanos de San Antón llegaron a Murcia y se establecieron donde aún perdura su ermita. Junto a ella, también levantaron la tradicional sala de enfermería. La ermita fue reconstruida a finales del siglo XVII, aunque los trabajos se alargaron a medida que se acortaban las limosnas y ayudas para concluir la obra. Pero no decaía el interés de los fieles. De hecho, Felipe V llegó a otorgarle al templo la categoría de santuario real en 1710, durante la Guerra de Sucesión.

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Como siempre. En 1974, una niña ríe ante su perro disfrazado mientras empuña los tradicionales panecillos.

El escudo de la Casa Real colocado en la entrada a su portería anunciaba tan alta distinción. Sin embargo, poco duró la alegría. Apenas ocho décadas después, el Rey ordenó quitar los hábitos a la Orden, hasta que en 1806 una bula pontificia la abolió. Por entonces sólo quedaban dos religiosos en la ermita, que pasaron a la iglesia de Jesús como sacristanes.

La desamortización de Mendizábal, en el siglo XIX, daría otro varapalo a la ermita, cuya hospedería fue adquirida en 1872 por Bartolomé Martínez, junto a un magnífico huerto que dedicó al cultivo de flores. La ermita, propiedad del Obispado de Cartagena, quedó al cuidado de Bartolomé, quien empleó parte de su fortuna en mantenerla y celebrar la tradicional romería el día del Patrón. Así se mantuvo la tradición entre los fieles de recibir los panecillos benditos. En su origen, se ofrecían al santo para que bendijera a los animales de carga y granja, a menudo únicas riquezas y esperanzas de los huertanos. El uso actual, más práctico, recomienda atesorarlos en monederos y carteras para que en ellos nunca falte dinero.

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Siglo XVIII. 'El Correo Literario', en 1973, ya recogía las avalanchas de vecinos en las fiestas.

Justo enfrente del templo se alzó durante siglos el convento franciscano de San Diego, derribado en 1836. Si de la existencia de este edificio apenas queda huella en la memoria colectiva, más fortuna tuvo la Fábrica de la Seda, que ocupó su solar. Aún perdura en el jardín actual la gran chimenea de ladrillo, único vestigio del complejo industrial.

Pese a todo, el fuego de San Antón sigue más encendido que nunca. El impulso de la Hermandad y de los vecinos del barrio ha sido tan notable que los festejos gozan de la salud que perdieron aquellos remotos afectados del fuego del infierno.

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Dos publicaciones ofrecen consejos y las rutas para llegar al santuario donde se venera la reliquia.

Murcia

'Caminos de la Vera Cruz' y 'El peregrino en los Caminos de la Vera Cruz', son los títulos de las dos publicaciones que en el mañana de ayer fueron presentadas por el presidente territorial de Caja Mediterráneo, Ángel Martínez, que estuvo acompañado por el alcalde de Caravaca de la Cruz, Domingo Aranda, y el hermano mayor de la Cofradía de la Vera Cruz, José Luis Castillo. La presentación coincidió con la apertura de la oficina de información sobre el Año Santo que CAM ha puesto a disposición de todos los murcianos en el corazón de la capital de la Región.

Martínez anunció que la oficina estará abierta durante todo 2010 en horario comercial y en esta instalación se podrá conseguir todo el material desarrollado por Caja Mediterráneo sobre el Año Santo, como la Cartilla del Peregrino, folletos informativos de cada uno de los caminos de la cruz, y los dos libros presentados ayer para dar a conocer las siete rutas que desde distintos puntos de la Región y de las comunidades autónomas limítrofes conducen a la Ciudad Santa de Caravaca de la Cruz.

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El libro 'Caminos de la Vera Cruz' aglutina en un tomo las cinco rutas de peregrinación abiertas por Caja Mediterráneo para la celebración del primer Año Santo en 2003 e introduce dos nuevas rutas, con dos variantes cada una, que se han creado para 2010. Los nuevos trayectos son el Camino del Lignum Crucis, que tiene una ruta que pasa por Abanilla y Ulea y otra que nace en Granja Rocamora, provincia de Alicante; y el Camino Santiaguista que nace en la localidad albaceteña de Letur. La publicación es una guía práctica que recoge una descripción detallada de los siete caminos. La información, dividida por etapas, describe el patrimonio ambiental, cultural e histórico de cada punto por el que discurre la ruta.

De forma paralela a la realización del libro durante todo este año Caja Mediterráneo ha llevado a cabo la limpieza, acondicionamiento y señalización de los senderos que componen los 7 Caminos de la Cruz para facilitar a los peregrinos el acceso a la Ciudad de la Cruz .

Martínez señaló que «hemos preparado más de 800 kilómetros de recorrido por las distintas comarcas de la Región. Hay rutas que llegan a tener más de 140 kilómetros de trayecto».

El segundo libro 'El peregrino en los Caminos de la Vera Cruz' tiene como objetivo dar una información más profunda y detallada de la razón de ser de la peregrinación y de la historia de Caravaca de la Cruz como destino de peregrinación. En este ejemplar también se ofrecen consejos prácticos a tener en cuenta antes de iniciar la peregrinación.

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En la iglesia parroquial Nuestra Señora de la Antigua de la pedanía murciana de Monteagudo se puede visitar un monumental belén, en el que se han reproducido todas las calles del pueblo, sus casas, sus comercios, y demás elementos urbanos.

Es como si el pueblo entero de Monteagudo se hubiera transformado en un retablo, para acoger el misterio del Nacimiento, en su propia iglesia parroquial, esa iglesia que está construida con una gran cisrtalera mirando al Corazón de Jesús, para que parezca el monumento está sobre el propio altar mayor.

El monumental belén, que causa sensación, se puede visitar desde las 16 a las 20’30 h., y merece la pena ir para ver con el detalle y mimo que ha sido realizado.

El pueblo de Monteagudo ha destacado siempre por los excelentes montajes belenísticos que ha realizado, pero este año ha multiplicado su ingenio, para ofrecer a propios y visitantes una panorámica de su localidad, reproducida con cariño y mimando hasta el último detalle.

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El obispo Belluga evitó hace 3 siglos que los ingleses tomaran Murcia y ganó la séptima corona. Ocurrió el cuatro de septiembre de 1706. En aquella época aún seguía en pie el palacete del primer Marqués de Torre Pacheco, en la carretera de Espinardo, un tanto alejado entonces del lugar donde comenzaba la ciudad. La batalla librada a sus puertas provocó que el edificio se conociera desde entonces como Huerto de las Bombas.

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Centenaria. Imagen histórica de La Glorieta del Ayuntamiento, aún sin la estatua que la ciudad de Murcia levantaría al Cardenal Belluga.

Cuando en 1700 muere el rey Carlos II el Hechizado, con quien concluye el gobierno de la Casa de Austria en España, comienza una feroz guerra por el trono. Si bien Carlos II no deja heredero, otorga por testamento la Corona a un nieto del Rey francés Luis XIV, Felipe de Anjou, futuro Felipe V, quien debe conquistar la corona por las armas contra el archiduque de Austria.

En Murcia sonaron tambores de guerra en el año de gracia de 1706. Año que no tuvo, sin embargo, gracia alguna para los pobladores de esta Región. Siete regimientos de infantería y cinco de caballería fueron enviados a la ciudad de Murcia para apuntalar el ánimo, ya un tanto quebrado, de las milicias voluntarias que la defendían. Pero la soldadesca, en lugar de entregarse a las musas como aquellos soldados románticos, se entretuvo en arramblar con cuanto crecía en los bancales, segar los trigales para convertirlos en forraje y desperdiciar la poca comida que obtenían de buen grado o por la fuerza. Hasta soltaban a las bestias, acaso por el parentesco que les unía, para que sus caballos ocuparan los establos. Un poema.

Los murcianos, con el apoyo del Ayuntamiento, para dar cuenta del destrozo causado por los regimientos, enviaron a la Corte a uno de sus regidores, el mismo que regresó para informar de que en Madrid sólo interesaba ganar la guerra. Con todo y con eso, como dicen en la huerta, la ciudad se mantuvo fiel, más que por devoción monárquica por la catequesis sutil y continúa, al final encendida, que impartió el obispo-guerrero cardenal Belluga, a quien no le tembló el pulso para apoyar el auto de prisión contra unos frailes capuchinos.

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Histórico. La portada del Huerto de las Bombas, hoy reubicada en El Malecón.

A estos frailes, recluidos en su propio convento bajo siete llaves y algunos hijosdalgos como guardianes, les acusó el inquisidor de «reos de alta traición». Y se quedó tan fresco. Entretanto, cuando el marqués de Rafal hizo público en Orihuela su apoyo al archiduque de Austria, la ciudad preparó sus defensas para una batalla inminente.

En la plaza de Santa Catalina se distribuyó el principal cuerpo de guarda, junto a la ya destartalada iglesia sobre la que parecía recostarse un minarete musulmán que hoy es historia. Desde allí podía divisarse toda la vega. Había más tropas en la casa y torre del Mercado, luego solar de los condes de Almodóvar, y en la Puerta de Castilla y el puente junto a la también desaparecida Torre de Caramajul.

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El río. Fotografía del Segura a la altura del Puente Nuevo, una de las entradas históricas a la ciudad de Murcia.

En la amanecida del 4 de septiembre alcanzaron las puertas de la ciudad un regimiento británico acompañado de efectivos holandeses, quienes no lograron hacerse con la plaza. La batalla del Huerto de las Bombas, como destacan algunos historiadores avisados, no fue tan decisiva para la victoria en Murcia como la genial idea que el cardenal tuvo de levantar los tablachos de las dos acequias mayores de Murcia, lo que provocó la inundación de gran parte de la huerta e impidió que los enemigos del primer Borbón tomaran la ciudad. La dinastía agradecería más tarde el valor de los murcianos con prebendas e inversiones hasta concederle al escudo del Concejo la séptima corona.

La carretera fue renombrada, en la parte que abraza a la ciudad, como avenida Miguel de Cervantes en la década de los sesenta, época en la que también se derribó la mansión del marqués.

La portada de aquel Huerto de las Bombas se conserva en el jardín del Malecón, al otro extremo de la ciudad, donde permanecen impasibles, casi algo divertidos, dos tenantes, o salvajes según el decir popular. Y en su mirada de piedra parecen adivinarse las instantáneas de aquella batalla, legendaria más por los historiadores que por su utilidad bélica, y el paso de un cardenal-guerrero de los de espada en ristre, teología antigua, rocín lozano y galgo cristiano y corredor.

Fisgoneado en La Verdad.

Programa Navidad Los Martinez del Puerto 2009_2010

Prensa Ayto. de Murcia.

La Rambla Salada de Murcia.
12/26/2009 | Author:
Un ecosistema húmedo escondido entre carreteras y polígonos industriales.

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Una lámina de agua espejea entre los saladares sobre el cauce de la Rambla Salada.

No es la Rambla Salada de Murcia uno de los espacios naturales más espectaculares de la Región, pero sí uno de los más interesantes: escondido entre autovías y áreas industriales, se trata de un importante corredor ecológico de 27 kilómetros que une Sierra Espuña con el río Segura y conecta los municipios de Pliego, Mula, Albudeite, Las Torres de Cotillas y Murcia. La rambla vierte al río el modesto caudal resultante de los numerosos ramblizos y barrancos que se localizan en la cuenca, de unos 130 kilómetros cuadrados.

En el cauce medio-bajo el agua circula con fluidez en los meses húmedos y se embalsa en grandes charcas donde se refugian las anátidas. Esta zona es la más interesante y también la más accesible, así que merece la pena hacer una pequeña incursión, de unos tres kilómetros, entre la Venta del Pedrusco y la Venta del Pino -ahora en ruinas-, para descubrir este sorprendente y poco frecuentado rincón de la naturaleza murciana.

Comenzamos nuestro paseo bajo el puente que sostiene la carretera de Alcantarilla y caminamos por un camino paralelo al cauce en busca de la Charca Grande, donde en esta época encuentran refugio numerosas especies de aves acuáticas. Si queremos observarlas con cierto detenimiento hay que llevar los prismáticos a mano y no hacer ruido. Más adelante nos internamos en el saladar, un área amplia y llana que se inunda periódicamente, y donde apreciaremos una costra blanquecina sobre el barro seco: es la sal que queda en la superficie por el arrastre de materiales ricos en yesos.

El siguiente hito de nuestra caminata es una vieja presa que ocupa parte del cauce desde que la derribó una fuerte avenida. Las charcas que veremos a su alrededor también son frecuentadas por las aves acuáticas.

Nuestra excursión termina unos cientos de metros más adelante, en las ruinas de la Venta del Pino, pero la rambla sigue hacia la vertiente noreste del macizo de Sierra Espuña: en primavera, con más horas de luz, podemos intentar una expedición más ambiciosa.

LA EXCURSIÓN

Dónde. Rambla Salada (Murcia).

Cómo llegar. Desde Murcia, hay que tomar la autovía del Noroeste durante 3 kilómetros, para desviarnos por la salida que hay antes del vertedero de Cañada Hermosa. Podemos dejar el coche en la Venta El Pedrusco o bien bajar hasta la antigua carretera de Alcantarilla. Enseguida veremos un puente que cruza la rambla, desde donde bajamos al cauce por un caminillo.

Dificultad. Baja (seis kilómetros ida y vuelta por terreno llano entre la Venta del Pedrusco y la Venta del Pino; unas tres horas de marcha).

Cobertura de móvil. Buena.

Cartografía. Hoja 933 del Servicio Geográfico del Ejército en 1:50.000 y Hoja 933-II del Instituto Geográfico Nacional en 1:25.000.

Fauna. Zorro, tejón, erizo, galápago leproso, ratonero, águila culebrera, cernícalo, alcaudón, collalba, calandria, ortega, buitrón, ruiseñor bastardo, curruca.

Flora. Tarays, saladar, carrizal y estepas yesíferas (comunidad vegetal de gran interés a escala europea).

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La Lotería costaba 20 reales.
12/22/2009 | Author:

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Hace un siglo. Instantánea del día 22 de diciembre de 1909,

a la puerta de El Liberal, hoy Colegio de Arquitectos.

La llamaban Lotería Moderna porque entonces lo era. Pero hoy tiene más de dos siglos largos. La primera noticia sobre la Lotería que se conserva en los diarios murcianos está fechada el 20 de enero de 1792 en El Correo Literario de Murcia que, a pesar de ser un gran papel periódico de la tierra, disfrutó de cientos de suscriptores en toda España. Tanto fue así que, cuando los responsables de El Correo se eternizaron en las entregas de la Historia de Murcia, no pocos madrileños y gallegos les remitieron cartas de protesta. Desconocemos qué opinión tendría Antonio Lizana, también suscriptor y por entonces Administrador de la Real Lotería de Murcia.

Este antiguo juego de azar se anunciaba en la sección de clasificados, junto a la venta de mulas o el aviso de objetos perdidos. Y la fórmula siempre era la misma: «Mañana sábado se acaba de recibir juego en la Lotería». Habría que esperar medio siglo para que apareciera la primera controversia sobre la moralidad de arriesgar dinero a un número. Así, en La Lira del Tader, un semanario regional publicado en 1845, se denunciaba «el juego de lotería que muchos han tildado de inmoral y ruinoso […], pero que los gobiernos le protegen aunque las leyes prohíban los de suerte y azar». La conclusión que aportaba La Lira tiene una actualidad pasmosa: Esto sucede, aclaraba, «porque en la Lotería la suerte es del gobierno y el azar de los pobres que pagan».

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Peñas. A comienzos del siglo XIX ya existían las peñas para compartir fortuna.

Críticas aparte, hasta el semanario sacaba provecho al sorteo anunciando que entregaría una novela de Allan Cameron «al que obtenga el número -de entre los que repartía la cabecera- en el que recaiga la Lotería Moderna». El regalo no era cualquier cosa. Al menos, en peso. Porque la novela del pobre Cameron constaba de cuatro tomos, para deleite o desesperación del lector. Por aquellos años también coleaba la llamada Lotería Primitiva, parecida a la actual hasta en el nombre.

La Lotería Primitiva fue instituida por el marqués de Esquilache en el año 1763. Por ello, cuando se creó un nuevo sorteo en la Navidad de 1811, se comenzó a llamarlo Lotería Moderna. Las Cortes de Cádiz aprobaron este juego y, apenas 5 años más tarde, ya había en España 500 administraciones, lo que evidencia la afición del pueblo.

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En 1792. Primer anuncio de la Lotería en un periódico murciano, hace más de dos siglos.

La costumbre de formar peñas para probar fortuna en grupo, para luego también compartir en grupo las penas del fracaso, no es tan contemporánea como se piensa. Hace un siglo y medio ya existían anuncios en prensa para la constitución de «Compañías» que jugaban participaciones -o acciones, como se denominaban- por valor de 20 reales. E incluso se publicaban los números que, supuestamente, resultarían agraciados.

Yecla fue la primera ciudad murciana donde cayó un Gordo de Navidad, allá por el año 1846. El número premiado fue el 4.457. El premio por cada serie era de 20.000 pesetas. Fue casi por casualidad. Pese a la afición, el Gordo siempre ha sido esquivo con la Región. En la ciudad de Murcia, la «lluvia de millones» del primer premio se recibió en los años 1986 y 2001; en Fortuna, en 1964; en La Unión, en 1998; en Cartagena, en 1981; en Lorca en 2001; y en Alcantarilla, en 2002. Aun así, la fe de los murcianos ha sido inquebrantable.

Hace ahora un siglo justo, la Región no fue agraciada con el sorteo. Sin embargo, de aquel año se conserva una de las primeras fotografías de murcianos agolpados a la puerta de la redacción de un diario, El Liberal, para conocer de primera mano el resultado del sorteo. En la instantánea se observa la actual calle Jara Carrillo y, al fondo, la sede del periódico, hoy transformada en Colegio Oficial de Arquitectos de Murcia.

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Al grano. Curioso titular de 'La Verdad' que anunciaba la escasa suerte de los murcianos en el sorteo.

El Gordo recayó en el número 24.056, con 6 millones de pesetas; el segundo premio, de 3 millones, fue para el número 15.872. Ambos fueron vendidos íntegramente en Madrid. A Murcia, en cambio, sí alcanzó la pedrea, que se cifraba en 500 pesetas al décimo, con las que hoy apenas se podría comprar una participación. El Gordo se retrasó hasta las 12.30 horas y fue cantado por un niño debutante. Los madrileños que llenaban la sala de extracciones gritaban exultantes. Y cuando se cantó el segundo premio, enloquecidos porque también se quedaba en la capital, se armó tal algarabía que fue necesario interrumpir el sorteo. Un redactor de El Liberal resumirá en una frase el escándalo producido: «El presidente rompió una campanilla para restablecer el orden».

Unos días más tarde, a la hora de las valoraciones, los murcianos manifestarán su mala suerte. «Ese maldito y feísimo número ha sido la piedra donde se ha estrellado el cantarillo de nuestra ilusiones», publicará un diario. O lo que otro diario, 'La Verdad', resumirá en una sola frase, tan jugosa como clara: «Ná de ná».

Fisgoneado en La Verdad.

Jaque a la historia.
12/22/2009 | Author:

El patrimonio sepultado por la nueva ciudad.

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Baños árabes.

Es un placer jugar. Como cuando eras niño, dejarte llevar por la imaginación y disfrutar de un paseo por la Murcia del siglo XI al XIII. Y recuperando el espíritu infantil, mecerse al ritmo de la pintura contemporánea entre dos viviendas árabes con las que comparte protagonismo en una galería; disfrutar una comida con amigos refugiados tras la muralla árabe de Murcia o tomar un café sintiendo el poso de la historia mientras se fisga entre las saeteras; imaginarse parte de las tropas musulmanas, en tensión y repeliendo un ataque junto a la muralla; y entrar en el hipocausto de un baño para terminar una frenética jornada con una cena frugal.

Hoy, todo eso es posible, lo demuestran casos auspiciados por manos privadas como La Muralla del Rincón o El Portón, la galería Romea 3, los restaurantes Vía Apostolo y El Reloj de Cuco, o públicas como la espectacular restauración del ala sur del Alcázar Ceguir y la recuperación para los ciudadanos, tras décadas, de la muralla y antemurralla junto a la Puerta de Santa Eulalia. Pero los esfuerzos por salvar el patrimonio histórico y artístico nunca se han correspondido con el empeño que todo tipo de gobiernos han puesto para legislar la conservación de este legado.

Pese a que ya en la segunda mitad del siglo XIII comenzaron a aparecer las primeras medidas para garantizar la conservación de tesoros, reliquias, imágenes y ornamentos religiosos, y hasta la fecha estas legislaciones no han dejado de sucederse, endureciéndose las medidas contra la destrucción del patrimonio y las destinadas a su conservación; la realidad no ha permitido conseguir el resultado esperado.

De hecho, repasar una a una las fichas del catálogo de los edificios del Plan Especial del Conjunto Histórico Artístico del Ayuntamiento de Murcia (PECHA) es repasar la historia de un patrimonio protegido por ley y desaparecido, en peligro de extinción o totalmente transmutado, salvo honrosas excepciones.

Así, en nombre del progreso, la modernización y el mal llamado interés general, cientos o miles de vestigios de las civilizaciones que nos precedieron han ido desapareciendo bajo el peso de un urbanismo acorde a los tiempos o se han hecho añicos por el olvido y la irresponsabilidad de las autoridades garantes de su conservación.

Catástrofes anunciadas

Un caso simbólico y presente en la memoria de los murcianos es el de la desaparición de los baños árabes de Madre de Dios en febrero de 1953 y bajo el mandato del alcalde Domingo de la Villa, anunciada a bombo y platillo. Una edificación civil que había conseguido mantenerse en pie ocho siglos y que la planificación de la hoy principal arteria de la ciudad, la Gran Vía, asoló sin dejar rastro. Una actuación que también barrió de un plumazo tramos de muralla y restos de viviendas árabes, entre otros yacimientos.

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El Castillejo de Monteagudo, espacio de recreo del Rey Lobo.

Ya entonces, como ha sucedido con el yacimiento de la Murcia del siglo XIII en San Esteban -que por el momento parece a salvo- o como ocurrió con la Alcazaba encontrada en el interior del Castillo de Lorca y que ha machacado los cimientos de un novísimo Parador Nacional, tanto expertos como sociedad civil se manifestaron en contra de su desaparición, un debate que transcendió a los medios de la época. A pesar de que los responsables municipales afirmaron entonces que los baños no se destruirían. Una noche la catástrofe anunciada se hizo realidad y el conjunto de la Humanidad perdió un testigo sin igual del pasado árabe de Murcia.

Un rey sin castillo

No por el hecho de que el entonces alcalde de Murcia, Domingo de la Villa, haya pasado a la historia por tan nefasta decisión han dejado de producirse estos casos, a los que con posteridad se han sumado la destrucción de construcciones tan singulares como el Castillejo de Monteagudo, espacio residencial con rica ornamentación y atribuido al Rey Lobo, que a mediados del pasado siglo se perdió para siempre bajo el peso de una balsa de riego que su propietario quiso construir en el centro mismo del palatino edificio de recreo, incluido en el conjunto defensivo que también integran el Castillo de Monteagudo -hoy en fase de recuperación para la sociedad- y el Castillo de Larache; o el ala sur del Alcazar Ceguir de Murcia, cuya ala norte se puede hoy disfrutar, recuperada en parte en el preciosísimo Palacio de Santa Clara la Real, pero que la ligereza con que se concedió la licencia para construir un garaje en lo que era el ala sur del Alcázar, en 1960, nos ha privado de un espacio aún más monumental y único preservado por las centurias de vida en clausura de las Clarisas intramuros.

Cientos de tramos de muralla árabe, viviendas árabes, hornos y baños han corrido la misma suerte. A otros tantos hallazgos el destino los ha tratado mejor y ha permitido que pervivan bajo tierra, como le ocurrió en 1994 a los restos de muralla, cuatro torreones, antemuralla y foso (abovedado y convertido en vall de lluvia a partirdel s. XVI) encontrados bajo la plaza de Romea durante su remodelación, sobre lo que se debatió su habilitación para visitas, pero finalmente fue enterrado bajo el nuevo pavimento. Otros restos, de todos los periodos históricos, permanecen en pie y en el olvido de quienes tienen como primera función su conservación dejando que el paso del tiempo, las inclemencias metereológicas y los actos vandálicos de ignorantes hagan el resto. Y una pequeña parte, en su mayoría en manos de propietarios privados, permanecen para siempre para el disfrute de los ciudadanos, por las exigencias de conservación que la Administración no ha eludido cuando la responsabilidad ha recaído en particulares.

Como Antonio Martínez-Mena detalla en 'La destrucción del patrimonio arquitectónico y su reflejo en la ciudad de Murcia' ('Imafronte', nº 17), el listado de las riquezas artísticas y arquitectónicas perdidas es interminable y, de algunas de ellas, se conservan botones de muestra en museos, edificios de nuevo cuño y rincones de la ciudad de Murcia. Eso ocurre con la Casa de la Cruz, ubicada en la plaza de Martínez Tornel y «ejemplo de arquitectura doméstica del renacimiento -construido hacia 1575-» de la que se conservan dos de los escudos de la fachada en el Museo Arqueológico de Murcia; o El Contraste de la Seda, datado en torno a 1600, situado en lo que hoy es la plaza de Santa Catalina y que declarado Monumento Arquitectónico-Artístico en 1923, no se salvó de la quema, si exceptuamos «sus dos monumentales portadas, hoy en el Museo de Bellas Artes de Murcia».

Aquí exponemos cinco casos de patrimonio destruido para siempre, del que sólo las investigaciones y las fotografías dejan en el siglo XXI testimonio de su existencia.

Edén incompleto.

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Palacio de Santa Clara la Real, ala Sur. Palacio de Santa Clara la Real, ala Norte.

El Alcázar Ceguir ha sido recuperado para la ciudad gracias a la inversión de la Fundación Cajamurcia: su ala norte se muestra en pie casi íntegra, así como su imponente patio, con alberca y todo. El ala sur no corrió tanta suerte. En 1960 se autorizó su demolición para construir un garaje, esta actuación destruyó lo que hoy sería un paraíso completo, un palacio protonazarí prácticamente intacto.

Desaparecido.

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Calle Gaspar de la Peña.

En pleno entorno BIC, el palacete Ponce de estilo ecléctico (h. 1900), casa de Pedro Jara Carrillo en sus últimos años de vida, pasó de tener un grado de protección 3, en 2003, que exigía conservar fachada y elementos interiores como la escalera, a grado 2. En 2004 el Ayuntamiento autorizó su derribo con la condición de reproducir dos fachadas y el entorno. Se tiró en agosto de 2009 y hoy un solar ocupa su lugar. Mañana..., el tiempo lo dirá.

Falso histórico.

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Calle Frenería, 1950.

Palacete barroco neoclásico (siglo XVIII) que debía conservar la fachada intacta. Durante las obras, se encontraron dos casas islámicas (s. XI) -se incoaron BIC en 1989-. En 1994 tras una brecha en la fachada, el Ayuntamiento aprobó demolerlo y lo hizo subsidiariamente. Los elementos exteriores no se conservaron. Hoy es un falso histórico.

Fisgoneado en La Verdad.

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Como llegar a la Iglesia Parroquial de Santiago el Mayor en Murcia: C/ Santísimo, 1 (Bº Santiago el Mayor) Esq. C/ Pio XII.

Callejero El Mayor

A petición de una seguidora o seguidor del Blog que se va desplazar desde la vecina Provincia de Alicante para disfrutar de una Noche Navideña.

Informa Carmen María.

Cuando Moisés envió sus emisarios, el símbolo que trajeron de la tierra prometida fue un inmenso racimo de uvas portado entre dos hombres.

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De tierras con denominación de origen de buen vino procede Fermín. Nació en Jumilla, y tanto es su afecto y disfrute por el mundo del vino que durante dos años presidió la Federación de Peñas de las Fiestas del Vino en ese municipio. Hizo camino hasta Murcia, concretamente a la pedanía de Puente Tocinos, donde con sus conocimiento, afecto por la riqueza del vino que produce la Región, y exquisitez de trato, se animó a poner en marcha su propio negocio, que ahora cumple cinco años de existencia. Su tierra natal ha reconocido su labor de formación y difusión nombrándole este mismo año miembro de la Cofradía del Vino Reino de la Monastrell. El Ayuntamiento de Murcia le ha elegido como monitor para impartir en los centros culturales el primer curso sobre La cultura del vino.

- ¿Qué quiere expresarse exactamente cuando hablamos de la cultura del vino?

- Al tratar sobre la cultura del vino me estoy refiriendo a las diferentes culturas de las gentes y los pueblos bañados por el Mar Mediterráneo. La viticultura y la enología tienen su origen en la zona oriental del mediterráneo y recorrieron, perfeccionándose cada vez más, un camino incesante hacia el oeste, a través de la expansión de los fenicios, que fundan Gañir; es decir, Cádiz.

- Quiénes fueron los pioneros en obtener vino? ¿Por qué se le llamó a este líquido precisamente vino?

- La historia de la vida y el vino está ligada a los comienzos de la humanidad. Las primeras vinificaciones se realizaron hace unos ocho milenios de años en las bellas laderas, pobladas de vides silvestres y laureles, que ocupa Georgia, en las estribaciones del Cáucaso. Los griegos fueron los primeros innovadores en el arte de conservar el vino, al que añadían brea, resina y especias, para prolongar el tiempo de conservación. El nombre del vino procede del latín vinum aunque se considera que la raíz se encuentra próxima a la palabra sánscrita vana, que significa amor. Tal relación semántica puede ser debido a la antigua creencia en los poderes afrodisíacos del vino

-Al vino, en la mitología se le asocia con el placer, la lujuria y el buen vivir. ¿Por qué?

- En el antiguo Egipto, lo consumían sólo los faraones y los poderosos, en especial los sacerdotes, que lo utilizaban frecuentemente como ofrenda a los dioses. La mitología egipcia lo asocia al dios solar Ra y a Osiris, dios de las tinieblas y del mas allá. En la Grecia clásica, el dios más antiguo, Dionisios, es precisamente el dios del vino, que también era considerado como dios de vegetación y la fertilidad. En Lidia, la actual costa mediterránea de Turquía, el nombre de Bacchus, nombre que adoptan los romanos, convirtiéndolo en el más popular entre todos sus dioses.

-¿Por qué Jesucristo eligió precisamente el vino para convertirlo en su sangre, y no cualquier otra bebida?

- La devoción de los judíos por el vino es la esencia de su religión. Cuando Moisés envía sus emisarios, el símbolo que traen de la tierra prometida es un inmenso racimo de uvas portado entre dos hombres. El vino es desde entonces protagonista principal de todas las festividades y celebraciones judías. No es de extrañar por tanto que Jesús de Nazaret inaugurase su vida pública convirtiendo, en las bodas de Canaa, el agua en vino.

Fisgoneado en La Verdad.

El intervencionismo del Estado en el teatro no tiene parangón con las otras actividades artísticas.

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A los 11 años, José Manuel Garrido Guzmán ya pertenecía al grupo de teatro del Colegio Marista de Murcia (se llamaba La Galería Salesiana) y desde entonces prácticamente nunca lo ha dejado. Bien como actor y director, bien como gestor y productor tanto en el ámbito público como en el privado, en el que ahora se desenvuelve. Siendo aún estudiante -en el Colegio Mayor Cisneros creó y dirigió un grupo teatral- estuvo vinculado a los movimientos teatrales de los años sesenta. Fue ayudante de dirección de José Luis Alonso en el Teatro Nacional María Guerrero, director del Teatro Universitario de Murcia y del Teatro Universitario de Madrid. Desde hace más de 14 años es asesor cultural y productor de espectáculos, a través de la empresa Artibus que fundó en 1995 y de la que es director general y accionista mayoritario. En la actualidad, José Manuel Garrido es director general del Teatro de Madrid, director de la Muestra de Teatro de las Autonomías y vocal del Consejo Estatal de las Artes Escénicas y de la Música, órgano consultivo del Ministerio de Cultura.

-Viendo su curriculum teatral lo primero que se me ocurre preguntarle es qué hacía un hombre como usted dando clases de Biología.

-La pregunta está bien hecha, porque el teatro ha sido antes que la Biología y antes que ninguna otra actividad.

-¿Por qué estudió Biología?

-Porque había que cursarla en Madrid y a mí me interesaba ampliar fronteras. Si le digo a mi padre que quiero estudiar Derecho me habría tenido que quedar en Murcia. La verdad es que no me he arrepentido porque la Biología tiene un concepto humanístico amplio. En esos años, más que los bichitos y las plantitas, e inspirado en Thaylard de Chardin, me metí en lo que es la filosofía de la ciencia, que realmente me ha sido muy útil.

[La entrevista tiene lugar en el Teatro de Madrid (con capacidad para 800 espectadores) sito en La Vaguada. Su despacho de director es de corte funcional, sin lujos, en el que no faltan los motivos murcianos («yo es que ejerzo de murciano», dijo en varias ocasiones) como son dos cuadros de Avellaneda, así como varias fotografías suyas con personajes artísticos de alto caché, como Plácido Domingo, Monserrat Caballé, Rafael Alberti, Sacristán y Ana Belén. El ordenador lo tiene sobre la misma mesa de despacho, una cuarta parte de cuya superficie está ocupada por figuritas, platos pintados en oro, pisapapeles, loza, el autogiro de De la Cierva, entre otros cachivaches. Junto al sillón, una fotografía con la Reina de España. Aún quedan tres cuadros más en el suelo, apoyados en la pared y un televisor analógico frente a dos sofás de dos cuerpos. Junto a la puerta de entrada, enmarcado por la tubería de la calefacción, un cartel anunciador de El médico de su honra (Calderón de la Barca) en una versión dirigida por Adolfo Marsillach.]

-Al que, cuando tenía mando en el Ministerio, usted nombró director del Centro Nacional del Teatro.

-Sí. Nombré a Marsillach y también a Lluis Pasqual. Bueno, porque eso sí lo he tenido: siempre me he rodeado de gente que sepa más que yo.

-Lo contrario de lo que se lleva.

-Sí, soy un poco atípico en eso. Aunque entiendo por qué los políticos hacen lo contrario: porque te tapan al ser más importantes y conocidos que tú mismo. Pero yo siempre he intentado rodearme de lo mejor. Cuando he tenido alguien mediocre a mi lado es que me he equivocado. Y además sin importarme el color, la religión y el partido. Me pasó en Murcia, donde tuve colaboradores de la derecha tradicional y también de la izquierda radical. Los puse a trabajar. Eso hice en el Ministerio. Algunos me decían que nombraba a pocos socialistas y yo contestaba que para socialista ya estaba yo, que me interesaba la gente que supiera.

-«Hay inflación de productos teatrales». ¿Ratifica esta afirmación?

-Sí. Porque el proceso de desarrollo autonómico español ha posibilitado que haya muchos centros de producción.Ya no es solamente Madrid y Barcelona, se hace buen teatro en provincias. Todo esto es positivo, pero al mismo tiempo todas las subvenciones que se han ido dando han provocado una inflación y ha creado artificialmente núcleos empresariales que no lo son.

-Otra frase suya: «No hay teatro libre porque está muy intervenido por el Estado». ¿Se siente usted libre?

-Yo cada vez me siento más libre al opinar. Será por la edad, pero soy un empresario con 27 personas fijas a mi cargo, que en el mundo de la cultura y el teatro es bastante, y no soy libre en aquello que pueda perjudicar al conjunto. En cuanto a lo de la intervención estatal, muy sencillo: el dinero público ayuda al cine y a los libros, pero el cine y los libros los hacen los privados. Sin embargo, en el teatro el Estado produce, además es el propietario de la red de teatros, por lo que tiene en sus manos la distribución y, por último, contrata. Por lo tanto parte de la producción y la casi totalidad de la distribución y de la contratación está en manos del Estado (ayuntamientos, comunidades autónomas y nación).

-¿Y eso es malo?

-Yo creo que no es bueno. Hemos pasado de la indiferencia del Estado, hace 30 años, a una concienciación divulgadora que le ha llevado a invadir. Naturalmente es un discurso bastante teórico porque también se precisa mayor participación de empresarios, asociaciones, fundaciones, estructuras que posibiliten la producción teatral y que además permitan hacer un teatro de calidad, para que ésta no esté sólo en el teatro que hace el Estado al tener muchos más recursos.

Fisgoneado en La Verdad.

El artista cartagenero inaugura en la Sala El Martillo de la CAM la exposición 'Materia y forma', en la que se aparta de la temática religiosa.

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Para Juan José Quirós, quien anoche inauguró una exposición de 38 esculturas, bajo el título 'Materia y forma', en la Sala El Martillo de Murcia de Caja Mediterráneo (CAM), «cada obra es como iniciar un viaje que no sabes a dónde te puede llevar»; y lo importante es que la obra de arte «sea capaz de seducir o de comunicar, pero que nunca deje indiferente». A la inauguración asistió el presidente territorial de la entidad financiera, Ángel Martínez, y otras personalidades del mundo de la política y la cultura.

-¿Es ésta su mejor y más completa exposición?

-Si es la mejor, es algo sobre lo que no me pronuncio, porque no soy quién para decirlo. Sobre si es la más completa, pudiera ser, porque aporto una serie de obras desconocidas que pueden dar una visión más amplia de mi trabajo.

-¿Qué es lo principal, lo que le interesa?

-Marcarme un camino artísticamente honesto. Hay quien ha dicho repetidamente que sólo he sido un fiel seguidor de uno de mis maestros, Sánchez Lozano. He sido un fiel seguidor y un gran admirador de un escultor con unas formas y unas tallas exquisitas. Para mí la escultura también es ir descubriendo, es un campo de inquietudes constantes.

-¿En qué momento se encuentra ahora su obra artística?

-Diría que en un momento de cambio; pero, como acabo de decir, sin renunciar a nada, porque esto supondría un engaño a mí mismo, como una falsedad a todo lo anterior. Pienso que estoy penetrando por otros caminos, cambiando hacia unas formas más liberadas, de más fluidez y soltura. Veo mi obra como más original, que se va distanciando de las que ya he realizado, pero apegada a mis principios.

-Usted parece ser autor preferente por las esculturas de pequeño tamaño; ¿acaso porque las de gran tamaño encierran más dificultad?

-Creo que, con determinadas obra de gran tamaño que he realizado recientemente, queda demostrado que no es así. Puedo manifestar mi sensibilidad artística de un modo u otro. También tengo que decir que mi dedicación a las obras pequeñas no es una obsesión, sino un modo de perfeccionar las formas, en un momento determinado. A veces, el uso del barro en la figura de pequeño tamaño puede convertirse en una filigrana, que no siempre se puede lograr con otros materiales, ni con figuras de grandes dimensiones.

-¿Pretenden sus esculturas transmitirnos algún mensaje especial?

-Lo que siempre intento es ser yo mismo, transmitiendo un lenguaje de paz, tan necesitada en estos tiempos convulsos, y en una sociedad que nos induce hacia metas y formas incomprensibles. Siempre busco la paz con mis obras y mis formas.

-Sin embargo, con esta exposición parce que usted da carpetazo a su trayectoria dentro del mundo de la escultura religiosa.

-Esto no es así. Yo cambio de temática y en el trato más suelto que doy a las figuras. Es algo lógico, si de verdad me encuentro inmerso en un proceso de avance, al que creo que no puede renunciar artista alguno. Pero tengo que insistir en que yo no renuncio a mis principios, ni a mi obra anterior. Me atengo a esos principios y, si tengo que volver a la escultura religiosa, lo haré sin avergonzarme, con la misma satisfacción que he sentido hasta ahora. Cada tipo de escultura tiene sus necesidades, porque unas precisan de más barroquismo y otras, como las que hay en esta exposición, ofrecen nuevas impresiones porque es necesario que sea así. Si quiero hacer una escultura distinta, como la que ahora hago, que no está asignada a personajes, ni a mito alguno, creo que en ella tiene que predominar la generalidad y la sencillez en los rostros. No debo realizar estas esculturas con el rostro de una Virgen Dolorosa, ni con unos adornos adaptados a una imagen religiosa. Sí mantengo, porque se trata del modo más entrañable de manifestarse la persona, la mirada perdida. La mirada siempre es fuente de inspiración. La mirada es única y conmovedora, algo a lo que no se puede renunciar; algo que hay que plasmar, aunque sea mirando al vacío, con la máxima belleza en cualquier gesto humano. Mis rostros no tienen ojos, no son más que intenciones, pero que miran hacia todas partes.

Fisgoneado en La Verdad.

Al galope por la orilla del río.
11/27/2009 | Author:

De Murcia a Molina sobre el nuevocarril-bici y la ribera del Segura.

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Una mujer hace deporte sobre el carril de tierra compactada, junto a un cartel señalizador.

La prolongación del carril-bici de Murcia hasta el azud de la Contraparada anima a agarrar la bicicleta y dar pedales para conocer el corredor verde del Segura y comprobar -¡por fin una buena noticia!- el buen estado general del río en la Vega Media.

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El panorama es el siguiente: doce kilómetros y medio desde el mismo centro de Murcia -Plano de San Francisco, junto al Malecón- hasta la pedanía de Javalí Nuevo por un firme de asfalto fino en muy buen estado, que corre en paralelo a otro carril de tierra compactada destinado a los peatones.

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Cartel señalizador en la Contraparada, donde termina el carril-bici.

La señalización es muy buena, aunque no se entiende que a lo largo de todo el trazado no haya ni una sola papelera, ni una fuente, ni un banco donde descansar, ni una mínima zona de sombra; o sea, que de mayo a septiembre ciclistas y peatones pueden caer como moscas. ¿No reparó en este detalle el alcalde de Murcia cuando acudió a hacerse la foto con dos de sus concejales el día de la inauguración? Otra idea: el kilómetro cero del carril-bici pide a gritos un punto de préstamo de bicicletas.

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Un pescador prueba suerte en el río, cerca del viaducto de la autovía del Mediterráneo (al fondo).

El recorrido completo, ida y vuelta, supone un paseo de 25 kilómetros que podemos prolongar si decidimos continuar más allá de la Contraparada, por ejemplo hasta Molina de Segura. No hay forma de perderse porque el río es nuestro guía.

Km 0

Plano de San Francisco, junto al Malecón.

Km 0.5

Circulamos bajo la Ronda Este y pasamos junto a la pista de BMX y el circuito de gerontogimnasia, donde hay un poste telefónico de emergencia para llamar a la Policía Local.

Km 4

Vemos un pequeño puente que nos permite cruzar a la otra orilla.

Km. 5.5

Ojo al Stop. Cruzamos una carreterilla local en Rincón de Beniscornia

Km 6.5

Otro Stop.

Km 7

Superamos Javalí Viejo y La Ñora.

Km 8.5

Llegamos a Alcantarilla y pasamos bajo la carretera.

Km 10

Javalí Nuevo. Pequeña interrupción del carril-bici. Cuidado con los coches.

Km 12.5

La Contraparada, fin del carril-bici. Nos encontramos con una pequeña explanada circular para dar la vuelta. Seguimos adelante saltando unos escalones con la bici al hombro y giramos a la derecha, comenzamos a subir una pequeña cuesta y enseguida bajamos de nuevo al cauce por la izquierda. Accedemos de nuevo a la mota del río.

Km 13.20

Pasamos bajo la autovía del Mediterráneo.

Km 14.40

Nos salimos de la pista de tierra durante unos metros, pisamos asfalto y cogemos el camino de nuevo por la izquierda. Comenzamos a ver pequeños huertos familiares.

Km 16.55

La Ribera de Molina. Se acaba el camino por la mota del río, así que nos salimos a la derecha por un bancal, y subimos a la carretera por la izquierda. Giramos de nuevo a la izquierda y, al cabo de 50 metros, otra vez a la izquierda por la esquina de un supermercado para tomar otra vez el camino del río.

Km 17.57

Breve tramo asfaltado.

Km 17.90

Regresamos a la pista por la izquierda, dejando el asfalto a la derecha.

Los más aprensivos echarán en falta una mascarilla de vez en cuando, por las nubes de mosquitos que tenemos que atravesar.

Km 21.42

Molina de Segura. Cruzamos por un pequeño puente sobre el río, para saltar a la otra orilla junto al Centro Municipal de Medio Ambiente. Salimos al casco urbano y giramos a la izquierda, durante unos pocos metros, para tomar de nuevo el camino junto al río.

Km 22.65

Paraje del Barco, ahora sustituido por un puente metálico verde, que cruzamos para volver a Murcia por la otra orilla. Si seguimos recto podemos llegar hasta Archena (pasando antes por Ceutí, Lorquí y La Algaida). Hace décadas, el río se cruzaba en este punto mediante una plataforma flotante guiada por un cable. Comenzamos a desandar el camino y pasamos por el Soto de Pardos, donde el río Mula desemboca su escaso caudal en el Segura.

Km 25.40

Cruzamos el río Mula por un pequeño puente y giramos a la izquierda buscando de nuevo la ribera del Segura.

Los pequeños ánades que se cruzan en el camino -fochas, por lo general- nos alegran la vista. También los pescadores, que prueban suerte en algunos playazos.

Km 26.14

Dejamos el asfalto y volvemos a la mota del río.

Km 31

El camino nos desvía momentaneamente hacia la derecha, pasamos junto a unos bancos, volvemos a girar a la izquierda y nos situamos otra vez junto al río.

Km 33.20

Pasamos de nuevo bajo la autovía del Mediterráneo.

Km 34.35

Contraparada. En este punto podemos seguir por la misma ribera (camino de tierra en buen estado) o cruzar al otro lado para regresar por el carril-bici.

Km 46.87

Plano de San Francisco. Los más fuertes habrán completado el recorrido en poco más de dos horas -no hay desnivel-

LA EXCURSIÓN

Dónde: Corredor verde del Segura (de Murcia a Molina de Segura).

Dificultad: Media (47 kilómetros, ida y vuelta, por carril-bici de cemento y pistas de tierra, sin desnivel).

Cobertura de móvil: Buena.

Fisgoneado en La Verdad.

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Agricultores e investigadores, el sábado, en la casa del Tío Picalé.

La red privada de custodia de la biodiversidad agraria suma nuevos apoyos. Otras seis fincas (y ya son nueve) se han apuntado a este proyecto pionero, que persigue conservar la riqueza natural de la huerta de Murcia. Investigadores de la Facultad de Biología de la Universidad de Murcia (UMU) y huertanos van de la mano en esta experiencia.

La iniciativa funciona de la siguiente manera. El banco de germoplasma (semillas) del Departamento de Biología Vegetal suministra simientes de variedades vegetales tradicionales a los huertanos. Éstos las plantan en sus fincas, que funcionan casi como laboratorios al aire libre. En estos huertos se observa el comportamiento de las distintas especies y se van seleccionando aquellas que más se adaptan al clima y al terreno y también que mejor soportan las plagas, sin la ayuda de tratamientos químicos, al mismo tiempo que se comprueba su rentabilidad. Esta colaboración entre botánicos y agricultores permite ir recuperando los cultivos autóctonos, la mayoría al borde de la desaparición, más resistentes y por tanto mejor dotados genéticamente para hacer frente al cambio climático.

Expertos y huertanos

A veces el proceso se invierte, y son los huertanos más mayores los que aportan semillas. Así ocurrió el pasado sábado, en un encuentro organizado por la Asociación para la protección de la huerta de Murcia (Huermur).

En la casa del Tío Picalé, en la Senda de Granada, se reunieron agricultores y expertos para compartir experiencias. A la invitación de Huermur respondieron unos veinticinco agricultores, que aportaron semillas de ajos, pimientos, judías, tomates, habas y cebollas, entre otras especies hortícolas. Estas simientes pasarán ahora al banco de semillas del departamento universitario de botánica. Huermur advierte de que la riqueza genética que atesoraba la huerta de Murcia se está perdiendo por el abandono de cultivos, debido a la falta de rentabilidad, y el avance del ladrillo.

En la Región de Murcia, de las 1.025 variedades vegetales que se cultivaban, la mitad ya han desaparecido de los campos, según ha explicado el catedrático de Botánica José María Egea Fernández. Ademas, otras 380 especies están en manos de agricultores mayores que las utilizan para autoconsumo «y que por tanto están en peligro de desaparición».

Los expertos explican que las variedades autóctonas gozan de una mayor variedad genética y por tanto presentan más armas para defenderse de las plagas y del calentamiento global.

Fisgoneado en La Verdad.

San Antolín, el barrio más castizo de Murcia, atesora una de las parroquias más antiguas de la ciudad.

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Fachada principal de la iglesia de San Antolín antes de ser restaurada.

En el castizo San Antolín, entre una algarabía de gente obrera y tiendas de países remotos, pese a los rugidos metálicos de la cercana autovía, aún se respira Murcia, la ciudad que antaño cantara Jorge Guillén, con sus atardeceres de palmeras retorcidas y jazmineros, que tapizan el suelo de palomitas blancas y arrugadas, de macetas de alhábega en los balcones y aromas de café de olla, de puchero con hierbabuena y colonia a granel, tan humilde como refrescante, viva, cotidiana. Tan original es este barrio, donde aún se conserva la esencia de la ciudad, que se permite un templo con la torre inacabada y, como altar del Cristo del Perdón, el que hace retemblar la carrera nazarena cada Lunes Santo, una auténtica fachada del siglo XVIII. Era, al menos una parte, la que levantaron los Marqueses de Los Vélez, cuyo palacio fue derribado en 1946. Pero tan cruel ataque al patrimonio ya había sido superado, también en San Antolín, cuando su iglesia fue dinamitada hasta los cimientos.

La historia del templo arranca más allá de la muralla árabe, donde se decidió construirlo en el barrio de la Arrixaca. Aquella fábrica apenas se mantendría en pie cuando en 1743 fue derribada. Dos años después se iniciaron las obras de la nueva iglesia, alentadas por la determinación de los fieles, quienes organizaron hasta corridas de toros para costear la obra. Tuvieron desigual suerte. Unas veces, porque tuvieron que suspender los festejos a causa de la lluvia. En otra ocasión, cuando la autoridad prohibió la fiesta al comprobar que nadie había pedido el oportuno permiso. Sucedió en la Pascua de Resurrección de 1755 y la feligresía, indignada, no reclamó el precio de sus entradas, lo que ayudó a impulsar el proyecto.

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Más tarde, el párroco solicitó al obispo y al Cabildo de la Catedral que, además de sus oraciones, arrimarán unos reales para concluir la capilla mayor. Pero se negaron y, si bien no llegaron a las manos, si lo hicieron ante el mismísimo Nuncio, quien le dio la razón al humilde párroco y la Diócesis costeó los 84.000 reales necesarios. Entre unas cosas y otras, el templo fue rematado el 2 de agosto de 1774. La iglesia atesoraba capillas a San Antonio y San José, a una Divina Pastora, obra de Salzillo y con cofradía propia, a Nuestra Señora de los Dolores, San Carlos, Santa Bárbara o el Señor del Malecón, el Cristo atado a la Columna que fuera venerado en una pequeña capilla ubicada junto al desaparecido convento de los Franciscanos. Junto a él, existía otro Señor del Malecón, el remoto crucificado que aún sale en la emotiva y profunda procesión de Lunes Santo.

Junto a estas obras, innumerables lienzos de arte religioso y otras pequeñas tallas, como la de San Ginés, que fuera recuperada de la antigua ermita dedicada a este santo en la plaza del mismo nombre. Y todas ellas fueron la admiración del barrio hasta el estallido de la triste Guerra Civil, cuando el edificio fue demolido. Sólo logró salvarse el espléndido bajorrelieve que muestra el milagro de San Antolín, el patrón de los cazadores, quien logró sacar agua de una piedra.

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Ya dinamitada la parroquia en 1936, una forzó el cambio de nombre de la plaza.

Habría que esperar hasta 1945 para iniciar la construcción del actual templo. La mayoría de óleos desaparecerían en la contienda para ser reemplazados, en parte, por el magistral pincel de Muñoz Barberán. Otras obras, como Santa Bárbara, aún puede admirarse en el templo de planta basilical. Pero tan increíble destrucción no restaría ni un ápice de popularidad al castizo nombre de la plaza que, en 1936, sería cambiado por el de José Calderón Samma, según pidieron «las minorías comunistas». Apenas resistiría la denominación un asalto, porque esta plaza castiza, aunque tenga el nombre de un santo tan extraño a Murcia, seguiría conociéndose de ese modo hasta la actualidad. No en vano, ya en 1792, el Correo Literario de Murcia, el primer periódico murciano, recogería referencias a la plaza. Esto, sin olvidar que, para considerarse ciudadano de derecho de esta noble ciudad, hay que presenciar la espléndida salida del Cristo del Perdón, titular de la cofradía del mismo nombre, heredera del Gremio de Sederos, cada Lunes Santo a la puerta de la parroquia, mientras la plaza se rinde al golpe seco del estante de morera y el aroma a pastillas nazarenas de bergamota inunda la urbe.

Fisgoneado en La Verdad.