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José Montoro es exquisito, sencillo y un gran enamorado de su trabajo. Nació en Archena pero los amores de María Elena le llevaron a Bigastro. Hace ahora veinte años montó su oficina de trabajo en Molina de Segura. Celia y Pepe, sus hijos, siempre están presentes ante él, aunque sea en fotografía en su despacho, y donde más a gusto se siente es restaurando el patrimonio regional. Cuatro años ha dedicado al Teatro Apolo de El Algar, en Cartagena; acaba de ser inaugurado y tal ha sido la obra que han llevado a cabo, que la felicitación de estas fiestas que ha realizado Montoro y su equipo se ha convertido incluso en una obra de arte sobre el mismo Apolo.

-¿Qué es lo primero que se debe hacer cuando te propones llevar a cabo una restauración?

-Inicialmente y fundamental es la realización de estudios previos que engloban desde la primera investigación histórica del bien que se va a conservar para situarte ante él. En este caso concreto, fue el arquitecto Pedro Cerdán quien realizó la obra y tuvimos la suerte de encontrar en el Archivo Municipal del Ayuntamiento de Cartagena los planos que hizo del Teatro Apolo. Posteriormente hay que plantarse ya delante de la obra y realizar diversas catas.

-Cuando nos encontramos con partes de un edificio que no existen ¿lo restituimos por otro idéntico o lo dejamos tal cual nos lo hemos encontrado reforzándolo para que no siga estropeándose?

- Viollet Le Duc, arquitecto francés del siglo XIX dijo que había que restaurarlo todo con habilidad y destreza intentando reproducir lo que fue en un principio. Pero en contraposición, el romántico inglés John Ruskin planteó todo lo contrario.Decía que la ruina es la ruina y no hay que modificarla; según él, la ruina es bella en sí misma y no hay que reponer nada, sino dejarlo tal cual nos lo encontramos y procurar mantenerla. Ahora, en el siglo XXI, estas son las dos vertientes que están en pugna. Por mi parte pienso que tan importante puede ser una ruina bien conservada como una restauración perfecta.

-¿Por qué se llama Teatro Apolo?

-Se construyó en 1905 con el nombre de Teatro Circo, y era como el Teatro Circo de Murcia. Es una planta circular en el que la gente veía el espectáculo desde la platea. Desde una obra teatral, hasta un circo con fieras incluidas, o escuchaban un concierto. El nombre de Apolo es más bien de tipo folclórico y se le denominó así posteriormente, pues fue incluso una discoteca o se pintaba el interior de color fucsia, etcétera. Hubo una época que allí se montaron muchas fiestas de variedades y se le dio ese nombre, el de Apolo. En cuanto a lo más peculiar, destacar que es una de las primeras obras en las que el arquitecto Cerdán introduce estructuras metálicas de hierro en perfiles, es un material de construcción totalmente novedoso en aquella época.

-¿Qué ha sido lo más complicado?

-Nosotros hemos intentado respetar al máximo la obra original de su autor, máxime cuando disponíamos de sus propios planos. Lo llamativo de este teatro está en que lo que normalmente llamamos 'el gallinero', ellos le denominan 'el paraíso'.

-¿Por qué nos aparecen obras del arquitecto Cerdán por diversos lugares de la Región?

-Fue el arquitecto que abandona la técnica barroca para adentrar a Murcia en una arquitectura en el que mezcla ladrillo y piedra. Él es el máximo exponente de la arquitectura preracionalista en Murcia. Hizo sus obras a finales del siglo XIX y principios del siglo XX y trabajó sobre todo edificaciones civiles; realizando una arquitectura más ecléctica, útil, funcional y sobre todo muy racional.

Olisqueado en La Verdad.

El municipio recuperará este año la iglesia del Rosario.

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Un dibujo muestra el aspecto de la vieja iglesia.

Corría el año 1971 cuando los vecinos de Torre Pacheco vivieron un momento insólito e irrepetible que aún perdura en la memoria de muchos: la demolición de la iglesia del Rosario. Un edificio que contaba con más de tres siglos de antigüedad y que -sin embargo- no consiguió que la Dirección General de Bellas Artes lo declarase entonces monumento histórico artístico. Así que el pueblo entero asistía a la demolición del templo, por orden de la Diócesis de Cartagena, que adujo entonces» razones pastorales» para el derribo.

Posteriormente se levantó la Iglesia actual para todos los feligreses pero era un templo con una peculiaridad muy especial: no tenía torre campanario. Y es que en el proyecto no fue incluida la construcción de la misma. Hasta el año 2002 no se empezó a subsanar el problema. Entonces, la Diócesis de Cartagena, a través de la parroquia Nuestra Señora del Rosario de Torre Pacheco decidió convocar un concurso de ideas, para la selección por parte de un jurado de un estudio que definiera la nueva torre de la iglesia parroquial junto a su actual emplazamiento, con motivo del IV centenario de la parroquia. Este concurso tenía como objetivo dotar a la iglesia de la torre que históricamente identificó el municipio.

Convenio para la construcción

Por fin, pasados 39 años, los vecinos de Torre Pacheco podrán escuchar las campanadas anunciando la llamada de la iglesia. Y es que el ayuntamiento ha firmado un convenio con la Diócesis de Cartagena para culminar la obra. La nueva torre contará con un innovador diseño, realizado en piedra del Cabezo Gordo, alabastro y vidrio transparente en la parte más alta, a través del cual se verá la maquinaria antigua de un reloj. Por la noche contará con una luz interior. Además se recolocarán las viejas campanas, una vez restauradas.

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Maqueta del proyecto ganador para el nuevo templo.

Las obras, en las que se van a invertir 500.000 euros, estarán terminadas el próximo 7 de octubre, festividad de la Virgen del Rosario, patrona del municipio y está previsto que la nueva torre sea inaugurada por el obispo, José Manuel Lorca Planes. A la vez que se concluyan las obras se instalará en la plaza un pavimento de vidrio, en el que se expondrán las piezas de valor conservadas de la iglesia desaparecida, y que han sido restauradas para realizar la exposición 'El legado del Deán'.

FECHAS CLAVE

Siglo XVII. Se erige la antigua iglesia de Nuestra Señora del Rosario en Torre Pacheco

1971. Bellas Artes no la declara monumento histórico y la Diócesis de Cartagena ordena su demolición por «razones pastorales».

1972. Se levanta la nueva iglesia, pero no tiene torre-campanario.

2002. Se convoca el concurso de ideas para el nuevo templo, incluyendo un campanario.

7 de octubre de 2010. Día del Rosario, fecha prevista para la terminación de las obras.

Olisqueado en La Verdad.

Los tres millones de euros gastados en restaurarla devuelven a la fortaleza de Santa Bárbara la mejor imagen de sus murallas y baluartes más importantes.

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La torre de Santa Catalina, por su parte posterior, totalmente restaurada. A la derecha, los andamios aún cubren las obras de reconstrucción de un arco y el pavimento de la capilla o ermita, únicas piezas originales que se conservan de la misma.

El Castillo de Santa Bárbara es la imagen por antonomasia del turismo, la actividad más lucrativa de la ciudad. Los tres millones de euros gastados en restaurar algunos de sus puntos fundamentales, en unas obras que ahora acaban, permiten que el baluarte pueda lucir en todo su esplendor.

Además de sol y playas, la ciudad debe ofrecer más atractivos para atraer el turismo, y el Castillo de Santa Bárbara es fundamental. Las obras para restaurarlo, valoradas en tres millones, concluyen estos días y han servido para sanearlo y dejar algunos de sus elementos más destacados en perfectas condiciones. Queda el punto negro de los accesos, con unos ascensores que no reúnen las mínimas condiciones, aunque su sustitución se anuncia para este año.

En la fortaleza aún puede verse algún andamio instalado, como el de la ermita, pero será retirado en los próximos días. Así lo anuncia el concejal de Cultura, Miguel Valor, quien asegura que los trabajos están acabados y sólo resta algún pequeño retoque.

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2009 podría denominarse el gran año del Castillo, por las importantes obras de restauración a las que se ha visto sometido. Así, en unas obras costeadas por el propio Ayuntamiento y con un coste de 369.000 euros, se ha rehabilitado la muralla más antigua de la fortaleza, denominada el "Albacar d´Enmig", que incluye las torres de Santa Catalina y San Jordi.

Además, y aprovechando la oportunidad de las ayudas estatales, a través del conocido como "Plan Zapatero", se ha procedido a reparar los elementos en peor estado de la fortaleza. Así, se han rehabilitado las murallas del macho, la Sala Larga, la Casa del Gobernador, la muralla de acceso al Castillo y los accesos a la sala del Hospital. Además, se han construido unos aseos en condiciones, se ha edificado una cafetería-restaurante, se ha abierto un nuevo acceso para visitar el aljibe subterráneo y se ha sustituido el antiguo quiosco por otro. Los trabajos se completan con la reconstrucción parcial de la antigua ermita o capilla, todavía cubierta de andamios. Es una edificación que tenía planta de cruz griega de la que sólo se reconstruye un arco y parte del pavimento, que son los únicos materiales originales que se han localizado.

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Vista parcial del Castillo con la torre de Santa Catalina en el centro, integrada en el Albacar d´Enmig, y que ha sido una de las restauraciones más importantes de las 12 llevadas a cabo en la fortaleza.

En total, los trabajos que se han llevado a cabo con el Plan E en la fortaleza ascienden a 12, con un importe de 2,3 millones de euros. Los redactores de los proyectos han sido los arquitectos Marius Beviá, que también ha dirigido las obras, y Santiago Varela. El edil de Cultura ya anunció, cuando asumió su competencia al frente de este departamento, que centraría sus esfuerzos en dejar en las mejores condiciones el Castillo, como elementos cultural más importante de la ciudad de cara al turismo.

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Los nuevos aseos, que sustituyen a los anteriores que no reunían las condiciones.

Pese a que las obras están prácticamente concluidas, aún hay aspectos pendientes, especialmente el referido a la explotación de la cafetería, que el edil deberá adjudicar mediante la preceptiva licitación.
Por lo que respecta al futuro, los proyectos más inmediatos de Miguel Valor en relación con el Castillo son el nuevo Museo de la Ciudad y la sustitución de los ascensores.

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La cafetería, a falta sólo de su adjudicación y apertura.

La creación del nuevo Museo está siendo ultimada por el arqueólogo municipal Pablo Rosser. Se tratará de un museo en el que se explicará el devenir de la ciudad y su evolución histórica, pero no de forma cronológica, sino temática. Ocupará un total de siete salas del Castillo, algunas de las cuales se han impermeabilizado para eliminar humedades. En la exposición museística se contará con piezas de distintas etapas, las más antiguas de las cuales se remontan a la dominación ibérica, con restos hallados fundamentalmente en el Tossal de les Bases, en la Albufereta. También abundarán las piezas arqueológicas de procedencia romana, islámica, del periodo medieval y posteriores, para lo cual se dispone de los hallazgos que se han producido en las excavaciones llevadas a cabo en la ciudad, fundamentalmente el Casco Antiguo y en la Albufereta. El presupuesto para la creación y la apertura del Museo de la Ciudad se eleva a 600.000 euros, según las previsiones de Miguel Valor, que serán costeadas por el propio Ayuntamiento, según añade el edil.

El punto negro de los ascensores se solventa en 2010.

Los ascensores de acceso a la fortaleza han sido el punto negro en los últimos años, con averías que los han dejado durante meses sin funcionar, con el consiguiente engorro para turistas y visitantes. La permanencia de unos elevadores con una maquinaria obsoleta por su antiguedad, ya que se remontan a la implantación de los mismos, hace más de medio siglo, ha obligado en ocasiones a suspender el servicio, dejando como única alternativa el bus turístico o algún autobus especial que esporádicamente ha montado el Ayuntamiento. Miguel Valor anuncia para este año la renovación de los ascensores con un coste de 1,5 millones de euros y costeados por el plan Confianza del Consell. Se trata de una necesidad urgente que no puede demorarse más.

Olisqueado en el Diario Información.

La torre recupera sus fueros.
1/03/2010 | Author:

El fortín medieval que dominaba el valle de Elda 600 años atrás afronta su última fase de reconstrucción gracias al empeño de la comparsa Huestes del Cadí.

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Los trabajos de restauración de la torre medieval de Elda avanzan a buen ritmo a pesar de haber comenzado con retraso.

La torre medieval que corona la sierra de La Torreta de Elda vuelve a erguirse dominante sobre el valle del Vinalopó recuperando el antiguo señorío arrebatado por el paso de los siglos y la desidia de la Administración. El importante deterioro que sufría había avanzado a marchas forzadas en las dos últimas décadas convirtiendo al estratégico torreón en un bien histórico en vías de extinción. Sin embargo fue una comparsa mora de Elda, las Huestes del Cadí para más señas, la que doce años atrás se marcó el reto de recuperarla y, de este modo, conservar vivo el emblema que sus socios llevan bordado en el pecho de sus trajes festeros. La empresa no ha sido fácil pero las obras de restauración de la base de la atalaya y reconstrucción de sus fuertes muros, trabajos que comenzaron en octubre con tres meses de retraso, afrontan ahora su recta final.

El fortín, en cuya recuperación la Conselleria de Cultura ha invertido 60.000 euros, se levanta ya a dos metros y medio del suelo y comienza a ser visible desde la carretera de Sax. Pero cuando concluya la actuación que está acometiendo la mercantil Urbana de Exteriores, algo que ocurrirá previsiblemente en febrero, la torre vigía recuperará su antiguo esplendor con casi siete metros de alzada y un entorno acondicionado para posibilitar las visitas guiadas a un enclave con vistas de lujo.

Pero el loable propósito de las Huestes del Cadí ha pasado por momentos de serias dificultades propiciadas, curiosamente, por Administraciones Públicas gobernadas bajo el mismo signo político. Precisamente los desencuentros surgidos entre el Ayuntamiento de Elda, con la campista Adela Pedrosa a su cabeza, y la Diputación de Alicante que preside Ripoll y tiene a la eldense Mari Carmen Jiménez como vicepresidenta primera, ha imposibilitado una actuación integral y paralela en todo el entorno. El convenio que la Corporación provincial puso sobre la mesa de la alcaldesa para financiar parte de las obras de adecuación del paraje se quedó sin ejecutar. En febrero de 2008 este diario informaba de que el equipo de gobierno de Elda no había incluido con tal fin partida alguna en su presupuesto. El Consistorio se había comprometido a aportar cerca de 44.000 euros, la misma cantidad anunciada por la Diputación y cuyos responsables esperaron hasta desesperar porque Adela Pedrosa no se decidía a firmar el acuerdo. Afortunadamente las disputas políticas no han impedido la recuperación de un monumento catalogado BIC y cuyo entorno está sujeto, desde mayo de 2008, a una protección especial a instancias del propio Gobierno valenciano.

La torre de La Torreta fue construida poco antes del año 1386 y tuvo gran importancia al convertirse en un puesto fronterizo estratégico entre las Coronas de Aragón y Castilla. Desde su privilegiado emplazamiento, que permitía comunicar con señales visuales a los castillos de Villena y Sax con los de Elda y Petrer, se convirtió en lugar de vigilancia para evitar los frecuentes raptos de personas, ganado y mercancías de "los bandidos granadinos y maleantes del Reino de Murcia". En la excavación realizada en 2004 se halló un depósito subterráneo para el almacenamiento de cereales y la estructura de un cobertizo para ganado. También apareció una valiosa moneda valenciana de la Baja Edad Media.

Olisqueado en el Diario Información.

Dos torres recuperadas.
12/27/2009 | Author:

Concluye la rehabilitación de los baluartes del siglo XVI Ferrer y Sarrió, cuya parte superior se destinará a museo.

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La empresa que ha ejecutado las obras ha rebajado la altura de la parcela que rodeaba la torre y ahora se ve toda su fachada.

Tras varios años de abandono, un incendio e incidentes varios durante las obras de restauración, por fin las Torres Sarrió y Ferrer, que datan del siglo XVI, están prácticamente rehabilitadas y listas para acoger nuevos usos. El Patronato de Cultura prevé crear en la primera de ellas un museo de las Torres de la Huerta.

La casa-torre Sarrió y la torre Ferrer forman parte del conjunto de baluartes defensivos de la Huerta de Alicante levantados hacia el siglo XVI y son propiedad del Ayuntamiento de Alicante.

Ambas se encontraban en grave estado de deterioro debido al abandono al que habían sido sometidas durante años y a un incendio ocurrido en la primera.

El Patronato de Cultura emprendió el pasado mes de marzo unas obras de rehabilitación presupuestadas en seiscientos mil euros, que ha ejecutado la empresa Sistemas y Métodos de Trabajo (Simetra) con dificultades precisamente por el mal estado de ambos edificios, catalogados como Bien de Interés Cultural (BIC).

El concejal Miguel Valor relata que durante las obras, en un día de fuertes lluvias, se llegó a caer una pared, aunque afortunadamente "ya está el interior consolidado, así como las cubiertas y los forjados".

Altura original

La actuación en la Torre Sarrió, situada en la glorieta de la Deportista Carolina Pascual -entre Miriam Blasco y la Vía Parque- ha permitido incluso recuperar la altura original del edificio, puesto que, según explica el arquitecto responsable de la obra, Marius Beviá, los movimientos de tierra realizados durante la última década a su alrededor habían enterrado la base de esta histórica construcción cerca de un metro de altura. Ahora esos materiales del entorno se han retirado, y el edificio parece tener más envergadura.

El interior del inmueble se ha consolidado y se ha dejado preparado para pavimentar en función del uso que decida otorgarle el Ayuntamiento. También se ha dejado abierto un espacio entre el techo y una de las paredes de la casa para habilitar en el futuro una ventana "puesto que los anteriores propietarios prácticamente habían destruido" la casa anexa, de modo que poco queda de la original, apunta Beviá.
Miguel Valor explica que ha encargado al técnico conservador municipal, Pablo Rosser, que redacte un estudio para habilitar en la planta superior del edificio "un centro de recepción y explicación de las Torres de la Huerta". En este museo se expondrían fotografías y documentación de todos los baluartes que "servían para comunicarse cuando venían los berberiscos", apunta el edil. Su idea es que lo visiten "todos los ciudadanos a los que les interese la Historia, así como las tradiciones alicantinas".

En cuanto al uso de la parte inferior de la Torre Sarrió, el concejal de Cultura apunta que "he hablado con Sonia Castedo con la idea de consultar a las asociaciones vecinales y con las sociedades culturales para darles participación y que nos aporten ideas sobre el uso que podemos darle, ya que la intención es ocupar ambas torres desde el principio".

Tampoco la restauración de la Torre Ferrer ha resultado nada sencilla pues, según relata Marius Beviá, "conforme íbamos trabajando se iba cayendo" debido al precario estado en que se encontraba. Afortunadamente la restauración llegó a tiempo de salvar este vestigio histórico y el arquitecto experto en patrimonio asegura que los problemas ya están "subsanados".

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Las obras de rehabilitación en la Torre Ferrer también incluyen la instalación de una barandilla con el fin de proteger el desnivel creado entre la calzada de la calle de Licia Calderón y la pequeña parcela donde se encuentra situado el baluarte. La pieza es transparente para no ocultar más la vista de este edificio, que quedó rodeado hace unos años por dos promociones de viviendas.

Fisgoneado en el Diario Información.

Jaque a la historia.
12/22/2009 | Author:

El patrimonio sepultado por la nueva ciudad.

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Baños árabes.

Es un placer jugar. Como cuando eras niño, dejarte llevar por la imaginación y disfrutar de un paseo por la Murcia del siglo XI al XIII. Y recuperando el espíritu infantil, mecerse al ritmo de la pintura contemporánea entre dos viviendas árabes con las que comparte protagonismo en una galería; disfrutar una comida con amigos refugiados tras la muralla árabe de Murcia o tomar un café sintiendo el poso de la historia mientras se fisga entre las saeteras; imaginarse parte de las tropas musulmanas, en tensión y repeliendo un ataque junto a la muralla; y entrar en el hipocausto de un baño para terminar una frenética jornada con una cena frugal.

Hoy, todo eso es posible, lo demuestran casos auspiciados por manos privadas como La Muralla del Rincón o El Portón, la galería Romea 3, los restaurantes Vía Apostolo y El Reloj de Cuco, o públicas como la espectacular restauración del ala sur del Alcázar Ceguir y la recuperación para los ciudadanos, tras décadas, de la muralla y antemurralla junto a la Puerta de Santa Eulalia. Pero los esfuerzos por salvar el patrimonio histórico y artístico nunca se han correspondido con el empeño que todo tipo de gobiernos han puesto para legislar la conservación de este legado.

Pese a que ya en la segunda mitad del siglo XIII comenzaron a aparecer las primeras medidas para garantizar la conservación de tesoros, reliquias, imágenes y ornamentos religiosos, y hasta la fecha estas legislaciones no han dejado de sucederse, endureciéndose las medidas contra la destrucción del patrimonio y las destinadas a su conservación; la realidad no ha permitido conseguir el resultado esperado.

De hecho, repasar una a una las fichas del catálogo de los edificios del Plan Especial del Conjunto Histórico Artístico del Ayuntamiento de Murcia (PECHA) es repasar la historia de un patrimonio protegido por ley y desaparecido, en peligro de extinción o totalmente transmutado, salvo honrosas excepciones.

Así, en nombre del progreso, la modernización y el mal llamado interés general, cientos o miles de vestigios de las civilizaciones que nos precedieron han ido desapareciendo bajo el peso de un urbanismo acorde a los tiempos o se han hecho añicos por el olvido y la irresponsabilidad de las autoridades garantes de su conservación.

Catástrofes anunciadas

Un caso simbólico y presente en la memoria de los murcianos es el de la desaparición de los baños árabes de Madre de Dios en febrero de 1953 y bajo el mandato del alcalde Domingo de la Villa, anunciada a bombo y platillo. Una edificación civil que había conseguido mantenerse en pie ocho siglos y que la planificación de la hoy principal arteria de la ciudad, la Gran Vía, asoló sin dejar rastro. Una actuación que también barrió de un plumazo tramos de muralla y restos de viviendas árabes, entre otros yacimientos.

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El Castillejo de Monteagudo, espacio de recreo del Rey Lobo.

Ya entonces, como ha sucedido con el yacimiento de la Murcia del siglo XIII en San Esteban -que por el momento parece a salvo- o como ocurrió con la Alcazaba encontrada en el interior del Castillo de Lorca y que ha machacado los cimientos de un novísimo Parador Nacional, tanto expertos como sociedad civil se manifestaron en contra de su desaparición, un debate que transcendió a los medios de la época. A pesar de que los responsables municipales afirmaron entonces que los baños no se destruirían. Una noche la catástrofe anunciada se hizo realidad y el conjunto de la Humanidad perdió un testigo sin igual del pasado árabe de Murcia.

Un rey sin castillo

No por el hecho de que el entonces alcalde de Murcia, Domingo de la Villa, haya pasado a la historia por tan nefasta decisión han dejado de producirse estos casos, a los que con posteridad se han sumado la destrucción de construcciones tan singulares como el Castillejo de Monteagudo, espacio residencial con rica ornamentación y atribuido al Rey Lobo, que a mediados del pasado siglo se perdió para siempre bajo el peso de una balsa de riego que su propietario quiso construir en el centro mismo del palatino edificio de recreo, incluido en el conjunto defensivo que también integran el Castillo de Monteagudo -hoy en fase de recuperación para la sociedad- y el Castillo de Larache; o el ala sur del Alcazar Ceguir de Murcia, cuya ala norte se puede hoy disfrutar, recuperada en parte en el preciosísimo Palacio de Santa Clara la Real, pero que la ligereza con que se concedió la licencia para construir un garaje en lo que era el ala sur del Alcázar, en 1960, nos ha privado de un espacio aún más monumental y único preservado por las centurias de vida en clausura de las Clarisas intramuros.

Cientos de tramos de muralla árabe, viviendas árabes, hornos y baños han corrido la misma suerte. A otros tantos hallazgos el destino los ha tratado mejor y ha permitido que pervivan bajo tierra, como le ocurrió en 1994 a los restos de muralla, cuatro torreones, antemuralla y foso (abovedado y convertido en vall de lluvia a partirdel s. XVI) encontrados bajo la plaza de Romea durante su remodelación, sobre lo que se debatió su habilitación para visitas, pero finalmente fue enterrado bajo el nuevo pavimento. Otros restos, de todos los periodos históricos, permanecen en pie y en el olvido de quienes tienen como primera función su conservación dejando que el paso del tiempo, las inclemencias metereológicas y los actos vandálicos de ignorantes hagan el resto. Y una pequeña parte, en su mayoría en manos de propietarios privados, permanecen para siempre para el disfrute de los ciudadanos, por las exigencias de conservación que la Administración no ha eludido cuando la responsabilidad ha recaído en particulares.

Como Antonio Martínez-Mena detalla en 'La destrucción del patrimonio arquitectónico y su reflejo en la ciudad de Murcia' ('Imafronte', nº 17), el listado de las riquezas artísticas y arquitectónicas perdidas es interminable y, de algunas de ellas, se conservan botones de muestra en museos, edificios de nuevo cuño y rincones de la ciudad de Murcia. Eso ocurre con la Casa de la Cruz, ubicada en la plaza de Martínez Tornel y «ejemplo de arquitectura doméstica del renacimiento -construido hacia 1575-» de la que se conservan dos de los escudos de la fachada en el Museo Arqueológico de Murcia; o El Contraste de la Seda, datado en torno a 1600, situado en lo que hoy es la plaza de Santa Catalina y que declarado Monumento Arquitectónico-Artístico en 1923, no se salvó de la quema, si exceptuamos «sus dos monumentales portadas, hoy en el Museo de Bellas Artes de Murcia».

Aquí exponemos cinco casos de patrimonio destruido para siempre, del que sólo las investigaciones y las fotografías dejan en el siglo XXI testimonio de su existencia.

Edén incompleto.

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Palacio de Santa Clara la Real, ala Sur. Palacio de Santa Clara la Real, ala Norte.

El Alcázar Ceguir ha sido recuperado para la ciudad gracias a la inversión de la Fundación Cajamurcia: su ala norte se muestra en pie casi íntegra, así como su imponente patio, con alberca y todo. El ala sur no corrió tanta suerte. En 1960 se autorizó su demolición para construir un garaje, esta actuación destruyó lo que hoy sería un paraíso completo, un palacio protonazarí prácticamente intacto.

Desaparecido.

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Calle Gaspar de la Peña.

En pleno entorno BIC, el palacete Ponce de estilo ecléctico (h. 1900), casa de Pedro Jara Carrillo en sus últimos años de vida, pasó de tener un grado de protección 3, en 2003, que exigía conservar fachada y elementos interiores como la escalera, a grado 2. En 2004 el Ayuntamiento autorizó su derribo con la condición de reproducir dos fachadas y el entorno. Se tiró en agosto de 2009 y hoy un solar ocupa su lugar. Mañana..., el tiempo lo dirá.

Falso histórico.

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Calle Frenería, 1950.

Palacete barroco neoclásico (siglo XVIII) que debía conservar la fachada intacta. Durante las obras, se encontraron dos casas islámicas (s. XI) -se incoaron BIC en 1989-. En 1994 tras una brecha en la fachada, el Ayuntamiento aprobó demolerlo y lo hizo subsidiariamente. Los elementos exteriores no se conservaron. Hoy es un falso histórico.

Fisgoneado en La Verdad.

El popular campanario, que acaba de cumplir 110 años de historia, tiene «la misma estructura que el reloj de la Puerta del Sol»

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José Fernández, Pepe el relojero, como todos le conocen, estudió para maestro, pero en el año 1983 le llegó lo que él denomina «el relevo generacional» para continuar con la tradición y medio de vida que inició su padre montando una relojería. Enérgico, con corazón y espíritu joven y generoso, tiene una vista de lince para poner en orden todos los relojes de sus vecinos, y, a su vez, con las fuerzas suficientes para mantener el reloj más grande de Bullas, actualmente de propiedad municipal. El reloj funciona, pero él no es funcionario, pues por hacer a la perfección este trabajo no percibe ni un céntimo. El reloj celebró con una fiesta a finales de julio, en la festividad de Santiago Apóstol, los 110 años de historia. José, el décimo aniversario de ir dándole cuerda.

- ¿Por qué se denomina la Torre del Reloj al torreón dónde se encuentra ubicado?

- Por cuestión de pura lógica. Es una torre situada en el centro de Bullas y cuya única función es mantener un gran reloj. Se le denomina también Torre de Santiago, e igualmente por dos razones muy lógicas: está en la calle de Santiago y, por otra parte, el reloj se inauguró en la festividad de Santiago Apóstol de 1909; es decir hace ahora justo 110 años.

- En los campanarios o torres de todas las iglesias hay relojes. ¿Tan importante es éste para que tenga una torre exclusiva para él?

- La torre se levantó exclusivamente para poner el reloj en la zona más alta del pueblo y así poderlo escuchar a lo largo y ancho de todo el pueblo y su territorio haciendo sonar las tres grandes campanas que se colocaron en una estructura de hierro sobre la misma torre; una sobre otra, y de diferentes tamaños.

- ¡Pues vaya montaje¡ ¿para qué se instaló el reloj?

- Su único objetivo era dirigir y servir de punto de referencia para el control de riegos de toda la huerta bullense. Antes no todos los relojes eran de la misma precisión. En el siglo XIX todas las tierras estaban prácticamente en manos de un solo propietario, la familia Carreño; si bien cedidas para su cultivo a unos cuarenta colonos del mismo pueblo. Se producían grandes disputas entre ellos mismos con los tiempos que disponía cada cual para el riego.

- Realmente es un verdadero torreón.

- Todos sus datos técnicos aparecen en los folletos de Turismo, incluso el porqué es de estos colores ocres rojizos y amarillos tan intensos. El pintor Emilio Villaescusa aportó sus investigaciones sobre el estudio de colores en comparación con otros de la zona y concluyó que la única finalidad era el que fuese lo más llamativa posible entre todos los edificios existentes en el pueblo; y la verdad que lo lograron. pues es lo primero que se ve a larga distancia. Hay que subir, y después bajar, 67 escalones, que giran sobre sí mismos en disposición hexagonal, la misma que tiene la torre.

- ¿Continúa teniendo uso?

- Han cambiado los tiempos. Ya no existen los colonos y mucha extensión de terreno se han convertido en viviendas. El reloj dejó su funcionalidad justo cuando llegaron los ruidos al pueblo por el incremento de población y la utilización de maquinaria doméstica y agrícola. Si bien hay cosas curiosas; así, por ejemplo, el núcleo de población más próximo a la torre no puede dormir si no funciona el reloj y van escuchando las horas. Funciona como el recuento de borreguitos. También la Policía en alguna ocasión ha venido urgente para que vaya a revisarlo, bien porque se ha descontrolado o porque ha dejado de funcionar. Vamos que es algo que, a pesar de haber perdido su función originaria, los vecinos lo necesitan para vivir su día a día.

- Pues entonces, marcará las horas al segundo ¿quién lo fabricó?

- Es muy difícil mantener el reloj con los horarios precisos de los informativos, pues su mecanismo es de más de un siglo, a base de poleas y pesas. El reloj tiene exactamente la misma estructura que el que está situado en la Puerta del Sol.

Fisgoneado en La Verdad.

Debajo de las paredes de la iglesia de la Concepción de Cehegín hay otra completamente diferente y totalmente pintada.

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Juan de Dios es un ángel llegado a Murcia desde tierras madrileñas. Los colores de sus ropas en tonos suaves, sus ojos azules, su parsimonia y didáctica en explicarte lo más inescrutable; y sobre todo su gran paciencia en escuchar a los sacerdotes de la Diócesis mientras le hablan de lo más etéreo, le hace merecedor de un palacio en el cielo. Si bien, aquí, en la Región de Murcia lleva más de diez años recuperando el patrimonio arquitectónico. Ahora está restaurando la Iglesia de la Concepción de Cehegín, anexa al desaparecido Hospital.

- ¿Qué plan de actuación están llevado a cabo con la Iglesia de la Concepción?

- La rehabilitación de todo el templo. Data del siglo XVI y, sin embargo, llevaba cerrado al culto durante muchos años. Inicialmente realizamos una investigación arqueológica a través de catas; y, a su vez, hacemos una lectura con impulsos electromagnéticos para realizar un análisis vertical y en horizontal, tratando de descubrir cualquier elemento arqueológico de importancia. Hemos llegado a descubrir tres criptas que han sido documentadas por el arqueólogo del museo de Cehegin. Son enterramientos que datan del siglo XVIII.

- ¿Qué tal estaban los muros y paredes del interior?

- Esa ha sido la segunda lectura de parámetros que hemos realizado. Suponíamos que debajo de la pintura blanca, que en realidad no es otra cosa que capas de cal, debería aparecer otra iglesia totalmente pintada, y así ha sido

- Es decir, una verdadera joya.

- Sí. El altar mayor está realizado siguiendo la técnica del trampantojo; es decir, mintiendo a la vista. Es una perspectiva fingida que intenta que el espectador o los fieles, se crean que allí hay un retablo cuando en realidad son unos dibujos planos simplemente con líneas de fuga, por lo que dan una sensación de realidad total

-¿En que situación han encontrado las capillas?

- Ese ha sido otro descubrimiento pues todas las capillas tienen también retablos pintados en las paredes. También todas las columnas tienen símbolos de la consagración. También tienen todo el Vía Crucis.

- En todas las casas lo más importante para conservarlas son los tejados, imagino que los habrán encontrado en muy buen estado teniendo en cuenta que es una iglesia.

- La primera sorpresa que nos hemos encontrado ha sido que sobre la nave central y la del presbiterio se había colocado una estructura totalmente metálica. Un verdadero disparate, pues con el peso lo más lógico que es que se hubiese hundido por completo, pero esto no ha ocurrido precisamente por el estilo de construcción de la originaria ya que fue realizada por carpinteros mudéjares y utilizaron una técnica que podía caérsele encima un cohete de la NASA y, a lo sumo se resquebrajaban las maderas.

- Quedo perplejo con lo que me está diciendo ¿Explíqueme cómo la construyeron?

- Las armaduras de madera están todas policromadas con tintes naturales y son de una calidad increíble, tanto en técnica como en el color. Cada tramo de la iglesia, de arco a arco, está escrito en el techo un mensaje. Es como una catequesis para que los fieles mirando hacia arriba aprendiesen las oraciones básicas como el padre nuestro, el ave maría, etcétera.. Es un techo con un fin pastoral

- Bueno, pero aún me tiene más nervioso,&hellip me decía que podía caerle un cohete de la Nasa y no se rompían ¿Qué maderas utilizaban y cómo están ensambladas?

- En total son seis armaduras y la principal de ellas es la de la capilla mayor que está realizada a base de pares de nudillos con ruedas de la ceña; es decir, con ruedas de lazo. Esto sólo puede hacerlo un carpintero muy especializado. Esas armaduras a lo sumo se doblan o se resquebrajan pero aún así se mantienen entre ellas mismas. Para que tenga usted una idea, ni tan siquiera hemos cambiado un madero de cuatro mil años de antigüedad. Se han mantenido las piezas originarias aunque estuviesen resquebrajadas. En realidad es una joya de estilo mudéjar realizada por carpinteros conversos. Ahora, vamos a restaurar las pinturas y reponer el suelo cerámico con mármol de las canteras del propio Cehegín.

Fisgoneado en La Verdad.

El grupo de investigadores Valle del Segura, compuesto fundamentalmente por profesores del IES de Blanca, presentaron el domingo los resultados de su trabajo de investigación sobre la historia de la construcción del puente de hierro a través de una exposición fotográfica que se inauguró en el Museo de Agua bajo el titulo de El puente roblonado de Blanca.

Sus autores han conseguido establecer las fechas del estudio y construcción cuyo proyecto se inició el 29 de mayo de 1909. Tras sucesivos avatares debidos a distintas circunstancias económicas, políticas y sociales, el proyecto fue aprobado veinte años más tarde con un presupuesto de 358.238 pesetas y las obras concluyeron el 18 de mayo de 1934. Para la ejecución de su construcción se utilizó la técnica del roblonado, una unión de piezas metálicas a través de un roblón de acero que se remachaba para fijar la sujeción.

Fisgoneado en La Verdad.

Los vecinos piden ayuda al Consistorio para que intervenga en la rehabilitación de la fachada del inmueble, protegida en el PGOU.

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Aspecto actual del edificio Cine Gran Vía, situado en el corazón de Ronda Norte.

Los vecinos del edificio Cine Gran Vía, en Ronda Norte, empiezan a ver la luz al final del túnel. Un túnel de más de cinco años de largo y con oscuridades que, en muchas fases, han alcanzado el calificativo de tenebrosas. Tanto, que la Fiscalía del Tribunal Superior de Justicia de Murcia aún investiga posibles irregularidades en las obras que acabaron con el sueño de los vecinos del inmueble.

Después de que varios técnicos del Ayuntamiento inspeccionaran visualmente el edificio hace unos meses, la comunidad de propietarios decidió contratar un equipo de abogados para que realizara un informe detallado de la situación estructural del inmueble. Y las conclusiones del informe son, cuanto menos, sorprendentes.

Según Ricardo María López Fernández -el arquitecto que firma el estudio dirigido a establecer las medidas que adoptar previas a la rehabilitación del edificio, encargado por los vecinos-, los puntales que la anterior empresa responsable de la obra colocó -argumentando supuestos daños estructurales- «han ocasionado diferentes daños en las viviendas y se han realizado catas en vigas y pilares que podrían provocar la merma estructural de los pórticos». Asimismo, López Fernández asegura que no encuentra «explicación técnica que justifique el apuntalamiento parcial del edificio», que ha causado los peores daños en la planta primera, según el documento, al que ha accedido La Verdad. «Los puntales se han colocado en zonas que no precisan su utilización y su disposición global carece de lógica y orden alguno», apunta.

Pero el arquitecto va más allá en su informe y subraya que «las grietas del pórtico de la planta baja del edificio ofrecen signos de evidente manipulación, con ensanchamientos superficiales provocados por medios mecánicos».

En lo referente a los daños que tiene la fachada -catalogada con grado de protección 3 por el Plan General de Ordenación Urbana de Murcia-, López Fernández destaca tres: «humedades bajo la cornisa y en algunas zonas puntuales; elementos de acabado en peligro de desplome por las humedades y, en general, por el propio deterioro natural del material de sujeción; y recercos de las ventanas deteriorados con desprendimientos de material en las esquinas».

El clamor de los vecinos

Por su parte, los vecinos se enfrentan a la posibilidad de acabar con el calvario que llevan sufriendo varios años. Un calvario en forma de ruido de máquinas, puntales en cada puerta, grietas y cascotes por doquier. Y, sobre todo, por la cantidad de dinero que han puesto de su bolsillo para acometer derramas. Una tras otra. La última costó la friolera de 300.000 euros.

Ahora, reclaman la ayuda de las autoridades municipales y regionales. Según el presidente de la comunidad de vecinos, Juan Padilla, «una vez resuelto el problema estructural, los vecinos esperan que el Ayuntamiento intervenga en el arreglo de la fachada. Para ello, el edificio obtuvo el año pasado el beneplácito de las autoridades locales para acogerse al plan de financiación que el Instituto de Vivienda y el Ayuntamiento de Murcia otorgan en casos parecidos a éste, como sucedió con doce bloques de Santa María de Gracia o en otros dos de Vistabella.

Fisgoneado en La Verdad.

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El Castillo de San Juan de las Águilas acoge desde ayer al mediodía un centro de interpretación de la historia del municipio desde sus orígenes. La inauguración de la musealización de la fortaleza, que se levantó entre 1754 y 1756 para repeler los ataques de la piratería, corrió a cargo del alcalde, Juan Ramírez, y del director de Bellas Artes de la Comunidad Autónoma, Enrique Ujaldón.

El recorrido por sus distintas estancias rememora la vida cotidiana de la fortaleza, desde el sótano, con connotaciones de oscuridad y lugar misterioso donde se pueden ver las mazmorras, hasta sombras de personajes y voces, que te adentran en lo que ha sido la historia del municipio.

Los turnos de guardia, el rancho y la primera guarnición que estuvo compuesta por veinticinco hombres de las milicias Provinciales de Baza, forman parte del muestrario que presta especial importancia a leyendas e historias que tienen como protagonistas a Águilas y personajes como Carlos III o el conde de Floridablanca.

La recreación llega hasta el más mínimo detalle. La cocina del Castillo muestra los alimentos que entonces se consumían, como también los utensilios para cocinar. Tras cruzar la pasarela se llega hasta la que fue Casa del Gobernador. Allí, se puede ver desde el lecho donde descansaba, hasta su despacho, donde firmaba documentos históricos. El recorrido también muestra panorámicas impresionantes que dejan ver el perfil de la costa murciana y almeriense. La isla de Terreros, la del Fraile, Cabo Cope, Lomo de Bas, Peñarrubia, Los Estrechos o Mesa de Roldán de Carboneras, forman parte de las vistas.

La Musealización del Castillo fue ayer calificada por el alcalde como un acontecimiento de primera magnitud para la Ciudad. «Hoy [por ayer] recuperamos patrimonio para mostrar precisamente nuestro patrimonio, a través del centro de interpretación».

Ramírez añadió que «es increible la labor que han realizado los técnicos, porque todos los aguileños recordamos cómo estaba la fortaleza. Todos hemos recorrido estos enclaves que aparecían abandonados y prácticamente en ruinas».

Enrique Ujaldón también se mostró muy satisfecho. «Soy aguileño y por eso siento una gran satisfacción con el trabajo que se ha llevado a cabo en el Castillo».

RECORRIDO EXPOSITIVO

El Fuerte

Sala 1: El medio físico.

Sala 2: Geología, la formación del territorio, minerales, minería...

Sala 3: Interior y costa: Sierras, montañas, ramblas, el litoral, playas, espacios de interés medioambiental, zonas protegidas...

Sala 4: Fauna y flora: endemismos, hábitats, distribución, especies protegidas...

Sala 5: La historia de Águilas: desde los comienzos hasta los orígenes del Castillo que se levantó entre 1754 y 1756.

Sala 6: Cómo pudo ser la cocina del Castillo. Se recrea esta estancia con los alimentos que entonces se consumían.

Sala 7: La construcción del Castillo de San Juan: contexto histórico, personajes significativos relacionados con el levantamiento...

Sala 8: La Águilas fundacional: una Ciudad que nace de un Castillo.

Salas 9 y 10: Las mazmorras, con sonidos de los presos.

Pasarela

La Pasarela: Desde ella, se contempla la Isla del Fraile, Cabo Cope, Lomo de Bas, Peñarrubia, Los Estrechos, El Aguilón, la Sierra de Cabrera, Isla de Terreros, Mesa de Roldán (Carboneras) y El Escribano, además de unas magníficas vistas de toda la Ciudad.

Batería de San Pedro

Explanada triangular: Allí se abrían las troneras para los cañones. Más tarde se le añaden los fortines de San José y San Felipe.

El Polvorín

Siglo XVIII: Está ambientado con cajas de munición y de pólvora que recuerdan cómo era.

Casa del Gobernador

Ambientación y recreación: Tiene dos funciones, mostrar cómo pudo ser la casa: el dormitorio y despacho, e invitar al visitante a continuar recorriendo la Ciudad, a través de una serie de fotografías y vídeo de elementos significativos como el Casino, el embarcadero del Hornillo, el monumento al ferrocarril, la Torre de Cope, la Parroquia de San José, los Molinos de Sagrera y los Alacranes, el Museo Arqueológico, el Museo del Ferrocarril y las Termas Romanas.

Fisgoneado en La Verdad.

Una veintena de expertos europeos en arquitectura romana analizarán en Cartagena la escena y su importancia en los conjuntos teatrales romanos repartidos por todo el mundo.

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Cartagena acoge, del 12 al 14 de marzo, el Symposium Internacional La Scaneae Frons en la Arquitectura Teatral Romana, un evento organizado por la Universidad de Murcia, el Instituto Arqueológico Alemán y la Fundación del Teatro Romano en el que participarán una veintena de expertos europeos en el ámbito de la arquitectura y la arqueología para analizar las fachadas escénicas de los conjuntos teatrales excavados o reestudiados en los últimos años.

El symposium ha tratado de abarcar a todas las regiones del Imperio, de forma que se analizarán los principales teatros romanos de la Galia y de las ciudades romanas del norte de África, así como los teatros itálicos de Ostia, Cassinum, Teano y Taormina, los teatros hispanos de Cartago Nova, Augusta Emerita, Tarraco, Bilbilis y Clunia, y los de Oriente, en especial los de Éfeso, Aizanoi, Bostra y Gadara.

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La inauguración oficial tendrá lugar el jueves 12, a las 10 horas de la mañana, a cargo de la concejala de Cultura, Rosario Montero; el director general de Bellas Artes y Bienes Culturales, junto al vicerrector de Extensión Universitaria de la UMU, el subdirector de la Fundación CajaMurcia, la directora del Instituto Arqueológico Alemán y el coordinador científico del Symposium. La alcaldesa dará la bienvenida y recibirá a los asistentes ese mismo día 12, a las 20 horas, en el Palacio Consistorial.

En el Symposium participarán más de veinte investigadores procedentes del Instituto de Estudios de Arquitectura Antigua de Aix en Provence, los Politécnicos de Torino y Wiesbaden, los Institutos Arqueológicos alemanes de Roma, Madrid y Berlín y las Universidades de Roma, Lyon, Pau, Lérida, Barcelona, Tarragona, Murcia, Zaragoza, Valladolid y Complutense.

Prensa Ayto. de Cartagena.

El Círculo Cultural Cartagenero en Tarragona celebró hace unos días una conferencia sobre la arquitectura modernista y ecléctica de Cartagena.

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El Círculo Cultural Cartagenero de Tarragona, ICUE, ha querido sumarse a los actos de reconocimiento que Cartagena está realizando en recuerdo de Víctor Beltrí. Por este motivo, hace unos días se celebró una conferencia sobre 'La Arquitectura Modernista y Ecléctica de Cartagena' en el Palau Bofarull de Reus, impartida por Ana Belén Rojo Ojados, licenciada en Historia del Arte, y miembro de segunda generación de la Asociación fundada por los cartageneros ausentes. Con esta conferencia se ha pretendido glosar la figura de Beltrí, buscando la unión entre Cartagena y Tarragona, ya que el emblemático arquitecto nació en Tortosa.

A comienzo del acto, dirigido por el Presidente del Círculo, Juan García Sáez, y presentado por el Vocal de Prensa, Juan García González, la catalana Francesca Girona, asociada del Círculo y casada con un cartagenero, expuso brevemente ante el auditorio los primeros treinta y tres años de vida de Beltrí, edad con la que se ubicó en Cartagena, realizando en ella la parte más importante de su obra.

Entre los datos que se ofrecieron en la conferencia sobre Víctor Beltrí, destaca que nació el 16 de abril de 1862 en Tortosa, hijo de José María Beltrí Balilla y María del Carmen Roqueta Estrampes, ambos dedicados a profesiones artísticas. Influido por ellos, militó intensamente en movimientos culturales juveniles de su ciudad.

Se trasladó a Barcelona en 1880, y efectuó matriculación simultánea en Arquitectura, Ciencias Exactas, Físicas, Naturales, y Escuela de Bellas Artes. De ahí, su gran sensibilidad técnica y artística a la hora de proyectar edificios, junto con la entrada en las fuentes del modernismo catalán y europeo. Se costeaba los estudios trabajando como delineante, en donde alcanzó máximas cotas profesionales.

Se sabe que colaboró, o mantuvo breves contactos con el famoso Antonio Gaudí, aunque no está muy estudiado a qué nivel fue realizada esa colaboración. Acabados los estudios en 1886, retornó a Tortosa, en donde, como Arquitecto Municipal firmó diversos proyectos sobre puentes, carreteras, ordenación de ensanches y otras obras de utilidad pública. No dejó de lado la fundamental vocación artística, materializada en el Mercado, Juzgados y Banco de Tortosa, así como en el Palacio de Montagut, empleando ya sus tradicionales materiales de hierro, cristal y cerámica. En 1890, por avatares políticos presentó su dimisión en el Ayuntamiento, y marchó a Gandía.

Desempeñó allí tareas también de corte municipal, pero aunque importantes, no fueron tan brillantes como las anteriores de Tortosa. Reaparece con la fuerza de la que somos testigo en Cartagena, a la edad de 33 años, ejerciendo ahí su principal obra.

Es posible que la problemática política le empujara a distanciarse de Cataluña, ya que de otra manera, podría haberse incorporado al grupo de Arquitectos que levantaban sus edificios modernistas en Cataluña, especialmente Barcelona y Reus, patria chica de Antonio Gaudí. En esta última ciudad, propiciado por mecenas muy enriquecidos con los cultivos de aceite y avellanas, se favoreció un modernismo que plantó cara a Barcelona en algunos edificios, lo que refuerza la suposición de que intentó alejarse de Cataluña, y concretamente de Reus, ciudad cercana a Tortosa.

Situación idéntica a la de Reus, se dio en Cartagena, correspondiendo aquí el mercenazgo a los ricos empresarios mineros. Cabe pensar que Beltrí dejó atrás el posible asentamiento en Reus, y escogió la alejada Cartagena para realizarse plenamente como arquitecto y artista plástico. Casó con María Teresa Vilaseca Zaneti, de la que tuvo cuatro hijos, Carmen, José Luís, Matilde y Guillermo.

Prensa Ayto. de Cartagena.

La protección de Cultura no ha impedido el deterioro de la arquitectura rural, mientras crece un movimiento ciudadano a favor de salvar este patrimonio.

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Nadie diría que el molino del Batán, en Zarandona, es un monumento, tal y como figura inscrito en el catálogo de Patrimonio Histórico, por su «valor etnológico y testimonial». Visto desde fuera parece un viejo establo, sucio y destartalado, y sólo el nombre que aún luce grabado en su fachada principal evita la confusión. Ni la máxima protección que le otorga la ley, como bien de interés cultural, le ha valido para salvarse de la ruina. La construcción, del siglo XVIII, es la viva imagen de la desidia.

La deficiente conservación de este inmueble, de raíces árabes, ubicado en el Camino Viejo de Monteagudo, es el botón de muestra del deterioro que sufre la arquitectura popular de la huerta de Murcia. Un abandono sobre el que ya se ha dado la voz de alarma, cuando además la Unesco tiene que tomar en pocos meses una decisión acerca de la candidatura para declarar el Consejo de Hombres Buenos (el órgano que dirime los conflictos en la huerta) como patrimonio inmaterial de la humanidad.

Quince colectivos (entre asociaciones vecinales, entidades conservacionistas y grupos ecologistas) se han movilizado para intentar salvar lo que aún queda de esa herencia. Para José Antonio Moreno, presidente de la Asociación para la Conservación de la Huerta de Murcia, lo más urgente es que la Junta de Hacendados paralice el entubamiento de acequias, una red de riego medieval que es el origen de esa arquitectura rural que caracteriza «el paisaje cultural» de la huerta.

Una carta al alcalde

En una carta enviada al alcalde de Murcia, Miguel Ángel Cámara, Moreno pide que se decrete una moratoria sobre todos los proyectos para cubrir los cauces, hasta que un grupo de expertos, compuesto por arqueólogos, botánicos y biólogos, elabore un «estudio en profundidad donde quede asegurada la restauración y rehabilitación de esta histórica infraestructura, con el fin de revalorizar nuestra huerta». En el mismo escrito, se advierte del «grave estado de dejadez y abandono» que presentan las construcciones asociadas al agua que salpican la red de acequias de la huerta de Murcia (molinos, almazaras, azudes, norias, acueductos, partidores, puentes) y que pese a estar recogidas, la mayoría, en el catálogo de elementos protegidos del plan urbano, corren serio peligro de desaparición.

La amenaza ya se cumplió con el molino viejo de Aljucer, en cuya fachada campeaba un escudo heráldico del siglo XVIII. El emblema nobiliario, protegido como bien cultural, quedó hecho añicos hace poco más de un año, cuando la Junta de Hacendados demolió el inmueble dentro de las obras de modernización de los regadíos. De nada sirvió la obligación legal de conservar el escudo «en su integridad» así como de «mantener su ubicación». Sin embargo, fue la gota que colmó el vaso. A partir de entonces el movimiento ciudadano para salvar los monumentos de la huerta de Murcia no ha hecho más que reclutar partidarios. Y no parecen dispuestos a detenerse.

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En la lista de esta arquitectura rural en peligro figura, por ejemplo, el molino Alfatego, próximo a las naves del Tío de la Bota, una construcción singular de ladrillo y sillares, aún sin catalogar por Cultura, que destaca entre los últimos huertos de limoneros cerca de las torres de oficinas levantadas en la avenida Juan Carlos I. La descolorida ropa que cuelga tendida en los balcones de la fachada apuntala la sospecha de los vecinos de que el edificio, donde se molía trigo y ñoras con la fuerza del agua de la acequia, es ahora refugio de un grupo de sintecho. Peor estado presenta el molino del Amor, en La Albatalía, convertido en un vertedero maloliente. Cerca de allí, al borde de la carretera de La Ñora, en el cruce con la senda Culones, aún quedan a la vista, entre basuras, las compuertas del molino de Funes. En este paraje, junto a la acequia mayor, hay un conjunto de casas, la mayoría del siglo XIX, protegidas en el plan urbano por su «interés ambiental».

Otro desaguisado. El pozo, de esbelta cúpula puntiaguda y seis arcos ojivales, que hay en el cruce de las carreteras de Cabezo de Torres y Zarandona, se ha visto cercado por las obras de construcción de la avenida Miguel Indurain, que realiza el Ayuntamiento, así que difícilmente podrán cumplirse las exigencias que marca el propio plan urbano: «Deberá protegerse el entorno, evitando actuaciones que alteren su valor ambiental». Todo lo contrario de lo que se ha hecho.

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Y de Zarandona a La Ñora. Su famosa rueda (siglo XV) ha vivido mejores tiempos. La estructura metálica está desgastada por la corrosión, y pese a tratarse de un bien de interés cultural no existe ningún cartel que informe de la importancia de este elevador de agua. Claro, que al menos se mantiene en pie. Porque no ocurre lo mismo con una hermana pequeña de esta histórica rueda. La noria de Felices (siglo XVIII) hace tiempo que desapareció de la huerta de Javalí Viejo, según explica el investigador, escritor y fotógrafo Manuel Muñoz Zielinski, autor del documental Las norias, proyectado en el pabellón de Murcia de la Expo del Agua de Zaragoza. El catálogo municipal sigue recogiendo este artilugio hidráulico como un elemento protegido, pese a que ya no existe. Ojear las fichas de este inventario del Ayuntamiento de Murcia deja poco espacio al optimismo, porque los calificativos que más se repiten en lo que se refiere a la huerta son deteriorado y muy deteriorado. Así ocurre con el molino Armero de Cabezo de Torres, el molino de Roda en La Albatalía y la Torre de Plácido, en La Raya, por citar tres casos.

Muñoz Zielinsky se lamenta del desinterés que, a su juicio, ha mostrado la Consejería de Cultura por el patrimonio etnográfico y alerta de que la degradación de estas obras de la ingeniería tradicional no es un problema exclusivo de la huerta de Murcia, sino que afecta a otros municipios de la Región. Este experto señala que «la Confederación Hidrográfica del Segura y la Junta de Hacendados de la Huerta cumplen con su cometido de modernizar los regadíos, pero se hace necesaria una política de conservación por parte de los ayuntamientos y de la Consejería».

El investigador indica que el primer paso es elaborar un inventario de la infraestructura hidráulica. La cuestión es que «no sólo hay que ver qué se conserva y cómo, porque a veces puedes hacer un buen trabajo de restauración y puesta en valor, pero al poco tiempo ya ha sufrido algún ataque; y más en estos elementos que suelen encontrarse en lugares pocos frecuentados, y por lo tanto resulta más fácil realizar destrozos.

Sesenta y nueve canales

Desde la Consejería de Cultura, se indica que el servicio de Patrimonio Histórico ya está trabajando en la elaboración de un mapa con los bienes inmuebles de la red hidráulica de la huerta. Todo el trabajo de campo ya se puede consultar en la página web referida a la candidatura del Consejo de Hombres Buenos y el Tribunal de las Aguas presentada ante la Unesco (consejodehombresbuenos.es).

Durante cuatro meses, un equipo de técnicos recorrió 69 canales, entre acequias, azarbes y algunos brazales, hasta cubrir una distancia de 348,66 kilómetros, con el fin de hacer un inventario de todo lo que se encontraban a su paso: molinos, compuertas, rejillas, ruedas... En total se han fichado 434 elementos. El siguiente paso es analizar cuál es su estado de conservación y habilitar «algún tipo de protección» para los bienes más relevantes.

Aunque aún no hay conclusiones sobre esta investigación, una primera valoración confirma que la ruina avanza rápido sobre esta página de la historia de Murcia.

LA RED DE RIEGO

Acequias mayores: Cauces de aguas vivas que nacen en el Segura, en el paraje de la Contraparada, para regar la huerta. Dos son las más antiguas: Aljufía (al norte) y Barreras (al mediodía). De aquí parte toda la red de riego de la huerta. Existe una tercera, Churra la Nueva.

Acequias menores: Riegan las tierras de una zona determinada (heredamiento).

Brazales: Toman el agua para el riego de las acequias mayores y menores.

Regaderas: 'Beben' de los brazales.

Escorredores, azarbetas, azarbes (landronas) y meranchos: Cauces de aguas muertas que recogen el exceso de humedad de las parcelas.

Procurador: Es el encargado y responsable del cuidado de la acequia.

Veedor: Acompaña al procurador cuando se realizan las mondas (limpieza) de las acequias.

Tahúlla: Unidad de medida de la tierra en la huerta. Una tahúlla equivale a 1.118 metros cuadrados.

Heredamiento: Conjunto de tierras que riega un cauce.

Fisgoneado en La Verdad.

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Prensa Ayto. de Alhama de Murcia.

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La calle de la Soledad prácticamente se ha perdido por obra y gracia de la recuperación del Teatro Romano, ya que se entraba a ella procedentes de la calle Nueva para salir a la Cuesta de la Baronesa, y las calles de Don Gil y de Orcel, que desembocaban por su izquierda han desaparecido. Pero su historia sigue perenne en la memoria de los cartageneros.

La pesquera era la principal industria de Cartagena y su más sobresaliente fuente de riqueza. Los pescadores habitaban en su mayoría en unas estrechas y tortuosas callejas próximas a la Catedral Antigua y dieron nombre al barrio durante siglos hasta perderse definitivamente.

En este barrio era donde existía una estrechísima calle llamada de la Soledad, aunque al principio los de la Hermandad de la Pesquera le decían de Jesús Nazareno en honor de su santo patrono, pero habiendo un arráez que puso a principio del siglo XVII en la fachada de su casa una estampa con la Virgen de la Soledad, a la que por la noche alumbraba un farolillo de aceite, la calleja tomó el nombre de la citada Virgen, que todavía conserva. Más tarde, en el siglo XVIII, en el ángulo que forma la calle para dar salida a la Cuesta de la Baronesa, pusieron los vecinos un altar con la Virgen de la Soledad, y la Santa Cruz con todos los atributos de la Pasión del Señor, y en él se estuvo diciendo misa los domingos hasta 1820. Con el correr de los años se fue perpetuando la piedad y devoción de los moradores del barrio que colocaban en el lugar numerosos exvotos.

El cargo de santero para el cuido, limpieza y adorno del altar estuvo vinculado a una familia que lo fue heredando de padres a hijos. Desde antiguo, celebraban los del barrio el día 3 de mayo y, durante una semana, la fiesta de la Santa Cruz.

La calle de la Soledad fue célebre en el segundo tercio del siglo XIX por una casa de comidas que era conocida por el Bodegón de Córcoles. El cartagenero que se preciaba de serlo -escribía Federico Casal- cuando hablaba de las cosas notables de la ciudad nunca se olvidaba de citar a Córcoles, famoso por la preparación de los calamares, y los forasteros jamás abandonaban Cartagena sin haber saboreado sus típicos guisotes. Y se cuenta que en el célebre bodegón, entre calamares y mariscos rociados con el vinillo de la tierra se fraguó el alzamiento político del 68, por aquellos patriotas que conspiraban en la botica de la calle Mayor y continuaban allí los manejos revolucionarios que ayudaron a dar al traste con el reinado de Isabel II.

En la calle ahora queda, al fondo, el cuadro de la Virgen, obra del laureado pintor Francisco Portela. A la derecha, la Muralla Bizantina los aledaños del recuperado Teatro Romano.

Tradicionalmente, los miembros de la agrupación marraja de la Virgen de la Soledad, tras la recogida de la procesión del Encuentro se dirigen a la calle de la Soledad donde cantan una Salve a la Virgen.

Fisgoneado en La Verdad.

Un estudio del Colegio de Arquitectos revela la presencia de construcciones singulares en los municipios de Águilas, Lorca, Totana, Alhama y Murcia.

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Franja de trincheras en Purias (Lorca).

Es una página dolorosa y oscura de la historia reciente, que vuelve a cobrar actualidad. Este 2009 se cumplen setenta años del final de la guerra civil española, y cada vez más voces advierten de que los vestigios de aquel conflicto fratricida (1936-1939) corren peligro de desaparecer. El olvido y el abandono tienen la culpa.

La contienda dejó en la Región una serie de construcciones militares que recuerdan el papel que ocupó Murcia en los enfrentamientos entre los bandos republicano y nacional. Pero salvo excepciones (como es el caso de los refugios de Cartagena, convertidos en un museo) esta arquitectura bélica ha sido relegada a un segundo plano, pese a que cuenta con obras singulares, fruto de la pericia de los ingenieros militares.

Durante la guerra civil, la Región quedó en la retaguardia, fuera de los principales frentes, y fiel a la República. El principal objetivo era Cartagena. Su puerto acogió la base naval republicana, y una vez que el conflicto se enquistó las autoridades decidieron acometer un plan de defensa terrestre, que completara la protección que ya gozaba la ciudad portuaria gracias a las baterías de costa, levantadas a finales de la década de los años veinte. El objetivo era proteger el puerto de las tropas enemigas, pero también habilitar un corredor que permitiera la evacuación en caso de derrota.

Ese plan defensivo es el que ha dejado las construcciones más sobresalientes de ese penoso trienio. La otra arquitectura bélica que aún se conserva corresponde a los refugios antiaéreos. Estos búnkeres para proteger a la población civil de los bombardeos de la aviación enemiga se levantaron a iniciativa de los comités de defensa pasiva en las localidades que más riesgo corrían debido a su situación estratégica o a su proximidad a Cartagena. Los principales subterráneos se localizan en Mazarrón y Águilas, además de en Murcia, por su condición de capital regional.

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Nido para dos ametralladoras en el Puerto de la Cadena.

Casamatas y trincheras

Casamatas, trincheras y refugios son los principales elementos de este «patrimonio arqueológico incómodo», como lo ha definido algún experto. Varias de estas construcciones disfrutan de algún grado de protección de Cultura; otras, sin embargo, no. Aunque casi todas han corrido la misma mala suerte: la falta de un plan para su conservación. Así que el deterioro ha ido avanzando a sus anchas, y en algunos casos los daños son ya irreparables.

Una investigación, con el apoyo económico del Colegio Oficial de Arquitectos de la Región, hace ahora una llamada de atención sobre la importancia de los vestigios que aún se conservan de la guerra de 1936. Sus autores, los arquitectos Francisco José Fernández Guirao y Rebecca Tombergs, están a punto de completar el estudio después de dos años de trabajo. El objetivo es contribuir a la «correcta protección» de esta arquitectura militar «injustamente menospreciada», según explica Fernández Guirao.

El documento lleva por título Arquitectura militar de la guerra civil en la Región, y se centra en el antes citado plan de defensa terrestre de Cartagena, que incluye las construcciones bélicas más destacadas acometidas durante los años de la contienda. Los mandos militares republicanos decidieron levantar unas líneas de defensa, aprovechando la orografía, para cortar las principales vías de acceso a la base naval.

El proyecto, que no llegó a completarse por el rumbo que tomó la guerra, abarcaba desde Águilas hasta Guardamar del Segura (Alicante). Fernández Guirao explica que el sistema defensivo se basaba en los llamados centros de resistencia. Se trataba de fortines y trincheras levantados en cruces de caminos, y sobre emplazamientos estratégicos, donde hacer frente, con un número reducido de hombres, a las tropas enemigas e intentar contener su avance. La orden para que se iniciaran las obras se dio el 19 de junio de 1937.

Los dos arquitectos han localizado y documentado una veintena de restos, repartidos. en cinco municipios: Águilas, Lorca, Totana, Alhama y Murcia. Los vestigios más completos se conservan en el paraje El Portajo, de la diputación lorquina de Purias. Este núcleo de resistencia cuenta con dos casamatas (nidos de ametralladoras realizados en hormigón armado), franjas de trincheras, ramales de comunicación, depósitos para munición e improvisados refugios para la tropa.

En Águilas, los restos documentados son trincheras y una casamatas en la zona del castillo de Tébar, además de tres puestos de vigilancia, mal conservados, en las playas de la Tortuga (Calarreona) y Matalentisco.

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Casamatas en Alhama, entre cítricos.

Refugios de tropa

Otro núcleo de resistencia se construyó en la diputación totanera de Paretón-Cantareros. Allí se han localizado cuatro casamatas, y los restos de otra. El descuido que sufren es evidente. En la autovía que une Alhama y el Campo de Cartagena, a la altura de la venta de los Guiraos (donde está la gran rotonda de conexión con la autovía de Mazarrón) se levantan tres casamatas (y los restos de otra), bien conservadas, aunque los cultivos de alrededor casi las han desenterrado. Por último, en el Puerto de la Cadena (Murcia) también se han hallado atrincheramientos y tres casamatas.

En sus recorridos por la Región, Francisco José Fernández y Rebecca Tombergs han localizado otras infraestructuras de la guerra, como atrincheramientos y refugios de tropa en la falda del castillo de Felí y Campo López.

Fernández Guirao, que ha visito otros países de Europa para conocer su arquitectura militar del siglo XX, destaca la singularidad de las construcciones de la Región. Este arquitecto lorquino reseña que en las casamatas los ingenieros militares recurrieron a los últimos avances en materia de fortificación. Por ejemplo, las troneras estaban protegidas con un voladizo de hormigón. Además, en la distribución interior se fueron alternando los espacios para las ametralladoras con habitáculos destinados a almacén o depósito de munición. Otra diferencia con respecto a los fortines del resto de provincias es que las casamatas de Murcia tenían más de una máquina (ametralladora). Destaca también el enmascaramiento exterior, a base de tierra, vegetación y piedras.

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Búnker en Cantareros (Totana).

Los refugios de Mazarrón

Estos recintos fortificados no fueron utilizados finalmente. No ocurrió lo mismo con los refugios antiaéreos, donde la población se resguardó de los bombardeos. Su conservación y puesta en valor permanece estancada. Sólo el búnker cartagenero del cerro de la Concepción se ha reconvertido en un equipamiento cultural. Pero otros municipio no han seguido su ejemplo. Es el caso de Mazarrón, donde el equipo de gobierno del PP rechazó una propuesta del edil socialista Juan Martínez Acosta para poner en valor los refugios de la guerra.

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Puesto de vigilancia en Águilas.

El concejal, un gran investigador de esta etapa histórica, explica que «con la experiencia de los obreros mineros se construyeron cinco refugios en Mazarrón, con capacidad para casi 2.400 personas, y otros dos en el Puerto, para unas 560». Estas galerías subterráneas, una de ellas de hasta 110 metros de longitud, estaban en el Molinete, el castillo, el actual jardín de la Purísima, el Cabezo del Santo y la calle Puigcerver; en el Puerto se ubicaban en el Cabezo del Faro y El Peñasco.

Como recuerda Martínez Acosta, estos restos «son un monumento al drama y a las penurias que pasaron nuestros abuelos, pero también un monumento a la paz y la concordia entre los hombres, y se deberían visitar y explicar a los escolares». De momento, seguirán cerrados a cal y canto, como cajas fuertes que custodian tristes vivencias del pasado.

Fisgoneado en La Verdad.