Tras quince años de estudios, la Consejería limitará la actividad de la flota y de los clubes de buceo en la zona para evitar la sobreexplotación de especies.

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Cabo Tiñoso será declarada reserva marina para proteger sus recursos pesqueros. Un estudio de la empresa pública Tragsatec dado a conocer por la Consejería de Agricultura ha descubierto que el pez luna acude a esa zona de la costa cartagenera para reproducirse y que la gamba roja está «fuertemente sobreexplotada» por la pesquería de la zona.

La reserva tendrá en cuenta la importancia socioeconómica de la gamba roja en las cofradías de pescadores de Cartagena y Mazarrón, por lo que se tomarán medidas que no limiten el mantenimiento del recurso pesquero, pero que garanticen la existencia de la especie.

Catorce años después de la creación de la reserva marina de Cabo de Palos, la Consejería abre ahora un diálogo con los sectores económicos afectados para crear la reserva de Cabo Tiñoso. Su superficie será de 21.868 hectáreas, de las que 15.256 tendrán una protección prioritaria, 6.527 compatible y 84 integral.

En el proyecto se intentará recuperar el banco de chirlas de San Ginés, actualmente en veda indefinida, los fondos de Maérl, y las praderas de posidonia oceánica, actualmente abundantes y en buen estado de conservación.

Caladero principal

El valor de la producción pesquera alcanzó en el año 2006 los 7,12 millones de euros, el 55% de lo obtenido por el sector ese año en la Región, lo que da importancia del caladero en una zona donde viven 35.000 personas. En época estival se multiplica por diez la población, lo que supone un importante impacto demográfico.

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Doscientas veintisiete encuestas a personas de la zona dieron como resultado que los habitantes aceptan la reserva, aunque dudan de que se vaya a llevar a cabo.

Los doce centros de buceo que se reparten entre Cartagena y Mazarrón y especialmente los cuatro de La Azohía también han sido invitados a dialogar para la puesta en marcha de esta reserva.

Cuatro áreas

La propuesta abarca cuatro áreas, la A, entre Isla Torrosa y Cala Mojarra (989 ha.); la B, hasta Punta de la Azohía (220 ha.); la C, hasta la playa del Mojón (899 ha.), y la D, en alta mar, donde se encuentran los cañones submarinos (19.759 ha.) y las rutas migratorias del atún rojo y de cetáceos.

En esos cañones submarinos se encuentran la especies de importancia comercial como langostinos, calamares, peces sable y merluza, donde encuentran un hábitat temporal adecuado para la reproducción y puesta de huevos, ya que quedan protegidos de los depredadores.

El consejero Antonio Cerdá consideró que esta zona debe convertirse en un área regulada que permita el mantenimiento de sus singularidades y oasis de vida marina, y anunció que en el diálogo que se abre ahora «se atenderán todas las sugerencias».

La propuesta nació en el año 1992-95 en que se diseñó un estudio del litoral murciano con las zonas susceptibles de ser declaradas Reservas Marinas de Interés Pesquero (RMIP), entre las cuales se encontraba Cabo Cope. Fruto de aquel estudio se creó la primera reserva en 1995 (Cabo de Palos-Islas Hormigas), que en la Consejería consideran hoy un ejemplo de buenas practicas,.

Entre las curiosidades de esta zona destaca la práctica del arte pesquero de la almadraba por parte de pescadores de La Azohía que capturan atunes y peces espada.

La almadraba consiste en dos barcos y entre ellos una red sobre la que bajan los pescadores que desangran los atunes y luego sus compañeros sobre el barco le clavan arpones y entre tres o cuatro hombres lo suben.

Fisgoneado en La Verdad.

El pecio de La Algameca.
7/09/2009 | Author:

Clubes locales guían a técnicos municipales en las valoraciones de los fondos marinos con el objetivo de potenciar el turismo de buceo.

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Inicio de la inmersión junto a La Algameca.

Desde hoy y hasta el próximo mes de septiembre, La Verdad ofrecerá semanalmente a sus lectores reportajes sobre inmersiones submarinas en los distintos lugares de interés de la costa de Cartagena. Expertos de los clubes de buceo locales guiarán a un periodista y a técnicos del Ayuntamiento, que aprovecharán las salidas para hacer una valoración destinada a la promoción de esta actividad como recurso turístico sostenible. Cada sábado podrá conocer algo más sobre el patrimonio natural de los fondos marinos y consejos útiles para descubrir el buceo.

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Inspección del casco del remolcador.

El Mediterráneo, en Cartagena, ofrece uno de los lugares mas singulares para la práctica del submarinismo: 100 kilómetros de costa dividida en tres grandes zonas: Cabo de Palos, Cartagena y Cabo Tiñoso-La Azohía, que abarcan unos de los mejores fondos. Con una temperatura media de 14,5 grados en invierno y de 25 en verano, ofrecen la posibilidad de practicar el buceo durante todo el año, con una completa infraestructura turística de calidad.

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El litoral de Cartagena ofrece 53 zonas de buceo, y en la actualidad once centros autorizados por la Comunidad Autónoma se distribuyen en esas grandes áreas.

La primera salida

La cercanía entre el litoral de Cabo de Palos (al Este) y el litoral de Cabo Tiñoso-Azohía (al Oeste) hacen que el buceo sea posible en condiciones adversas. Cuando el viento sopla de Levante se bucea en La Azohía; cuando sopla de Lebeche, en Cabo de Palos, sin olvidar Cartagena como la zona desconocida del buceo y que ofrece lugares muy especiales.

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La primera inmersión se realiza en la costa de Cartagena y en ella participa el concejal de Turismo, Javier Herrero, «muy interesado en potenciar esta actividad que gana adeptos y trae a miles de personas durante todo el año».

En el Real Club de Regatas de Cartagena se ubica el Centro de Buceo Hespérides. Daniel, su gerente, muestra las instalaciones. Cargamos los equipos y salimos en una zodiac hacia La Algameca, que está a diez minutos y donde una boya indica el punto de amarre de la embarcación a unos 150 metros de la orilla.

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Nos equipamos e iniciamos la inmersión bajando por el cabo de la boya de amarre, que nos lleva hasta un remolcador hundido a 15 metros. Nos encontramos en la parte superior del barco y la quilla (20-22 metros), varada en un fondo de arena inclinado. Es un soporte para la vida bajo el agua.

El viejo remolcador está cubierto por vegetación y numerosas especies submarinas adheridas al casco. Pequeños peces habitan este escenario, y su recorrido a todo lo largo nos permite descubrir un mundo submarino interesante.

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Aguas transparentes al atardecer nos hacen ver en la superficie la silueta de la embarcación que nos ha traído. Los restos de un avión se encuentran cerca del remolcador sumergido. Lo miramos con cautela, pues su estructura de aluminio es cortante y peligrosa si la rozamos. Son utilizados por los buceadores de la Armada para realizar prácticas; suelen variar su posición. En esta ocasión están muy cerca de nuestro lugar de inmersión. A los 35 minutos iniciamos el ascenso lento hasta la superficie y buscamos el Real Club de Regatas. Ha sido todo un espectáculo.

Fisgoneado en La Verdad.


Se muestra «feliz y satisfecho» con el Museo Nacional de Arqueología Subacuática de Cartagena, uno de sus proyectos más ambiciosos y esperados.

-¿Qué características especiales tiene este edificio suyo?

-El edificio albergará el Centro Nacional de Investigaciones Arqueológicas Submarinas y el Museo Nacional de Arqueología Subacuática. Su función y la propia localización del edificio han sido las que, de alguna forma, han dictado su razón de ser. Está concebido para el lugar donde ha sido construido, de manera que fuera de este lugar perdería su razón de ser y su primer significado. Está situado en el paseo marítimo de Cartagena y destinado a la arqueología submarina. Me parecía interesante que el visitante del Museo se adentre en él penetrando en el interior de la tierra, en referencia al mundo subacuático y subterráneo, de donde procede el patrimonio sumergido que será objeto de la exposición. Es un edificio que toma, por tanto, de la subterraneidad el argumento del proyecto. Además, se trata de un terreno de relleno, de un espacio donde antes estuvo el mar. Los materiales vuelven así a su lugar de procedencia, ahora bajo la capa de granito del viejo muelle portuario. Se ha hecho un edificio excavado que emerge a la superficie con dos volúmenes, y entre ambos volúmenes -uno de ellos largo, prismático y opaco; y el otro con una geometría quebrada y azarosa, que es el lucernario del Museo excavado- discurre el paseo. Se crea así una especie de plaza sobre el muelle, de vestíbulo del edificio, de antesala del Museo. Un espacio que desdibuja los límites entre ciudad y arquitectura. Un espacio para la exposición al aire libre, desde donde se podrán percibir algunos de los elementos expuestos en el interior de la pieza del lucernario. Se produce una especie de disolución de los confines entre arquitectura y ciudad muy interesante.