Los vecinos nos llevamos muy bien. Desde tiempos inmemoriales, a primeros de agosto hemos celebrado siempre las cenas vecinales, pero decidimos hacer más cosas.

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Rosario, Joaquín y Pepi son el trío perfecto. Les une una energía más fuerte que una tuneladora, y con ganas de trabajar, divertirse y hacer que se lo pasen bien todos sus vecinos. Rosario nació hace algunos años en el mismo centro de la docena de viviendas que componen el paraje de Cuevas de Marín. Tiene dos hijos y un nieto y siempre se ha dedicado a la agricultura: a los pimientos, las alcachofas y el melón, lo que da la tierra del lugar. Joaquín tiene unos toques más capitalinos. Su vida, curtida entre grandes ámbitos de la cultura, ha encontrado ahora el regocijo en las tierras de sus familiares y deja la ciudad para vivir y trabajar por sus orígenes y los vecinos que le vieron nacer. Por su parte, Pepi se encuentra en plena eclosión de juventud. Estas tierras le vieron nacer hace tan sólo veinte y seis veranos. Han organizado con mucho éxito las fiestas a primeros de este mes de agosto con una advocación mariana única en toda la Región.

- ¿Qué son las Cuevas de Marín? Yo no las localizo ni en la Gran Enciclopedia de la Región de Murcia...

- Grandes estudiosos de esta zona del campo han encontrado datos referidos a este paraje de mitad del siglo XVIII, y sobre todo en relación a vivienda-cuevas; de hecho algunas de las casas que hoy se mantienen en pie, se asientan en lo que en otros momentos fueron cuevas. En lo referente a Marín, las referencias históricas nos dicen que fue uno de los primeros pobladores del lugar.

- Pero están como se dice 'donde Cristo perdió el botijo', no hay ningún indicador para llegar a este lugar....

- Lleva usted toda la razón. Estamos a tan sólo seis kilómetros de Sucina, pueblo del que dependemos y en la carretera Sucina-San Javier no han puesto ni un indicador. Aquí somos casi un centenar de vecinos que en verano, y ahora con las fiestas se multiplica por diez, y nos reunimos el millar de parientes y veraneantes. Esto es como un montículo de terreno en mitad del campo, desde aquí mismo vemos el mar y nos llega la brisa, que unido al aroma de los pinos, algarrobos, hinojos y toda clase de flores aromáticas que cuidan los vecinos en las puertas de sus casas le dan a este paraje un encanto único.

- Conozco Cuevas de Reyllo, la Cueva de Monteagudo, la Cueva Bermeja, la Cueva Sagrada, la Cueva Negra y la Cueva Perneras, entre otras, pero ninguno de estos lugares celebra fiestas en honor a la Virgen de la Cueva. ¿Por qué vosotros sí?

- Nos llevamos muy bien entre todos los vecinos. Siempre en verano, desde tiempos inmemoriales, a primeros de agosto, hemos celebrado las cenas vecinales. Desde hace tres años decidimos hacer más cosas y organizamos mas actividades y festejos. Y ya ve usted, este año por vez primera incluso hemos realizado camisetas con motivo de las fiestas y hemos publicado nuestro libro de fiestas. Las hemos convertido en fiestas patronales en honor a la Virgen de la Cueva.

- Pero sin virgen...

- Eso es verdad. Nunca hemos tenido una imagen con la advocación de Virgen de la Cueva. Tampoco tenemos iglesia, pero siempre nos lo hemos pasado bien. Este año la gran novedad ha sido precisamente la imagen de la Virgen.

- ¿Qué les llama más la atención de esta imagen?

- La expresión de la cara, es como si te estuviese hablando, como si te sonriese. Es de facciones muy dulces, muy guapa. Además tiene una cosa curiosa y es que en los pies lleva las típicas sandalias de campesina.

Fisgoneado en La Verdad.

Seis personas hacen deslizar las cuerdas que permiten mover el trono de 3.500 kilos.

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No cabía ni un alfile. Con bastante tiempo de antelación ya buscaban los mejores lugares los vecinos para ver bajar la patrona desde su camarín con un artilugio a base de maderas y poleas que en 1915 ideara el carpintero y ebanista local, Fernando Lancis. Ahora sus familiares sucesores cuidan con especial cuidado el artilugio, que tuvo que ser reproducido tras la guerra civil.

El problema era sencillo y un tanto peliagudo. La patrona del pueblo, Nuestra Señora del Rosario, es obra de Roque López adquirida en 1790, si bien tanto las dimensiones del camarín como las escaleras de acceso a él se construyeron tan pequeñas que no había ocasión que la imagen se llevase un rasguño cada vez que la movían de su lugar habitual. Lancis tuvo la idea: por donde más espacio hay es exactamente delante de ella misma, ante el altar mayor, y se puso manos a la obra para idear que el trono bajase completo a los pies del mismo altar para que fuese procesionada.

El artilugio se pone en marcha tradicionalmente sólo una vez al año, con las fiestas patronales, al no ser que por motivos excepcionales tenga que salir a la calle de nuevo en procesión. De ahí que no hay vecino, joven o adulto, que no quiera perderse este emotivo momento acompañado por los sones del himno nacional con banda de música situada en el coro.

Apenas son cinco minutos, pero fuerza y maña tiene que ir sincronizadas por las seis personas que a pulso hacen deslizarse las cuerdas que dejan bajar los tres mil quinientos kilos que pesa la talla con el trono y los adornos florales. «Es un momento muy emotivo, no se puede expresar», decía a La Verdad Pedro Galián que en esta ocasión cumplía treinta años bajando la Virgen. Su hijo, Juan Manuel, era la tercera vez que lo hacía y el abuelo de éste lo hizo toda su vida. Es una tradición que transmitimos de familia en familia. Seis personas intervienen en la bajá, como así le llaman; y diez personas intervienen posteriormente en la subida de la patrona hasta su mismo lugar.

Una serie de adornos florales y sobre todo lienzos de telas azules y blancas no dejan ver ni el artilugio ni a las personas. El público sólo observa una talla de especial hermosura y ricamente adornada con flores que primero desciende y después es elevada. Pero la emoción continúa pues nada más salir a la puerta de la parroquia realizan un castillo de fuegos artificiales de ruletas chinas, además del castillo final a la recogida de la procesión.

Ojeado en La Verdad.

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Alfonso Carreño es un fotógrafo nacido en Sucina. Sus padres ya de pequeño le tuvieron que comprar una máquina de juguete de hacer fotos en la feria. La fotografía ha sido su vida desde el año 1983 ya como fotógrafo profesional; ahora vive con su familia en Torre Pacheco pero ha vuelto a sus orígenes para mostrarles a sus vecinos la historia del siglo XX a través de fotografías con la publicación del libro Sucina. Fotografías del siglo XX.

- ¿Qué es para usted una fotografía?

- Es la instantánea de un suceso, de un hecho, de una sonrisa que queda capturada para siempre.

- ¿Cómo le surgió la idea de hacer este libro?

- En el año 1994 se realizó una exposición en Sucina de fotografías antiguas, además yo disponía, como fotógrafo de otras y posteriormente me ayudaron muchos vecinos cuando lancé el proyecto y vieron que podía ser una actividad novedosa, simpática y además de un valor histórico y sentimental para todos, de tal forma que colaboraron con el proyecto.

- ¿Cuál es la fotografía más antigua que existe en el libro?

- Precisamente es la de mi abuelo, data de 1894, de cuando él realizó el servicio militar y es muy curiosa por el tipo de vestimenta que lleva.

- ¿Dispone de muchas fotografías el libro que acaba de publicar?

- En total son un centenar de fotos las que he seleccionado y luego las he publicado en gran formato, de esta manera muchas fotografías que eran de pequeñas dimensiones de grupos escolares, ahora pueden verse todos en una fotografía de 20 X 13 centímetros; todas centradas en el siglo XX, a excepción de la que le he comentado de mi abuelo. El libro consta de dos partes, fotografías en blanco y negro cedidas por los vecinos y fotografías en color que ya las fui realizando yo.

- ¿Han colaborado muchos vecinos con su aportación de fotos?

- En realidad es un libro de todos, pues todos han colaborado, aproximadamente un millar de personas. Además es muy curioso pues muchos de los que emigraron de Sucina ahora han vuelto a reencontrarse a través de las fotografías del libro con sus orígenes.

- Me llama mucho la atención el considerable número de fotografías dedicadas a la Guardi Civil.

- Es verdad, muchas de las fotografías han sido cedidas por familiares de quienes tuvieron otros familiares en el pueblo, digamos que es la memoria gráfica de la historia de las personas pues en Sucina hubo un cuartel de la Guardi Civil que se anuló en el año 1954 y se celebraba mucho el Día de la Hispanidad, el 12 de octubre, o intervenían ellos en diversos acontecimientos, también era costumbre que fuesen a realizarse su correspondiente fotografía con el uniforme de la época.

- Y muchas fotografías de actividades sociales

- Por supuesto estas son las que más abundan. Todos los niños se hacían su fotografía en el grupo escolar Arteaga, las procesiones del Corpus, de la primera comunión, cuando se casaban y también cuando realizaban reuniones en el Centro Agrícola. Las fotografías en este caso tienen un doble valor pues muestran la evolución, ritos, fiestas y actos comunitarios de un pueblo, Sucina; y por otra parte es un reflejo de la evolución específica de las personas en sus formas de vestir, de las curiosidades de las mismas fiestas, o las diferencias entre unos vecinos más pudientes y otros.

Ojeado en La Verdad.