Cuando la entregamos al pueblo, la sangre corría a gran velocidad por nuestro cuerpo.

Carlos y Félix son dos hermanos que nacieron en Madrid, pero cuyas vidas caminan a dos pasos entre la capital del reino y un pueblo entre montañas, a orillas del Segura: en Ulea. A su madre, Josefa, le arrebató el amor de un madrileño, Félix, pero no por ello se han despegado de sus tierras de origen y de la familia. En los grandes acontecimientos de Ulea, e incluso en la fiesta familiar más insignificante, aquí están ellos. Ambos regentan una orfebrería en Madrid, y lo más preciado de sus talleres han querido dejarlo en la tierra de su familia pues han construido con metales nobles la Santa y Vera Cruz de Ulea.

- ¿Es muy laborioso trabajar en el arte de la plata?

- En principio no. La clave está en que te centres bien en lo que estás elaborando. A veces es cierto que encuentras trabajos más dificultosos, pero con paciencia y esmero todo puede resolverse. La ilusión por nuestro trabajo y, repetimos, la paciencia, son claves en esta labor.

- Han realizado la Vera Cruz de Ulea que contiene en su interior el lignum crucis. ¿Qué hay de especial en este trabajo?

- Mucho cariño, mucha fe y una gran ilusión. Nosotros no somos uleanos pero desde muy pequeños nuestros padres nos entusiasmaron por vivir las tradiciones del pueblo y la Cruz de Ulea, es la Cruz de Ulea. Nos sentimos orgullosos de este encargo de trabajo que nos hizo el párroco, Cristóbal Sevilla, máxime aún cuando nos enteramos que el pueblo había puesto en nosotros su ilusión y esperanza de que hiciésemos una buena labor. Era una responsabilidad muy grande. Todo uleano lleva dentro esta Cruz.

- Como orfebres ¿qué destacarían de ella?

- Indudablemente el diseño. Rosa Cantero fue quien, conjuntamente con el párroco, estudió la forma, elementos y símbolos que se querían transmitir. Además, debía contener en su interior un trozo de astilla de la cruz de Cristo, y a eso había que llevarlo a la práctica con un metal noble. En los cuatro extremos de la cruz se reproducen los símbolos de Ulea: el azahar, la lámpara, el cuchillo de San Bartolomé y el símbolo de Cristo.

- ¿Tiene algo especial la plata que habéis utilizado?

- Estuvimos tres meses con el proyecto, realizamos muchos viajes de Madrid hasta Ulea para hacer mediciones y después irlas comprobando, pues el lignum crucis no se podía trasladar hasta nuestros talleres. Además había que ajustarse al templete, también de plata, donde se conserva la cruz y, por si fuese poco, había que hacer un mecanismo para que, con facilidad y seguridad, se pudiera extraer la cruz de dicho templete. La plata está tratada de forma especial para que no se estropee al ser introducida en el henchidor para el baño de agua..

- Por tanto es única en la Región

- Es única en la Región y en cualquier otro lugar.

- La donaron al pueblo. ¿Qué sintieron cuando la depositaron en otras manos?

- A esta pregunta no podemos contestar con palabras. Son sentimientos internos. La sangre te corría a una gran velocidad por tu cuerpo y teníamos un calor inexplicable. Nos sudaron mucho las manos. Lloramos mucho en nuestro interior, pero ni una lágrima derramaron nuestros ojos.

«¿Victoria tú reinarás!, ¿Oh Cruz tú nos salvarás!». Los vítores resonaban ayer con fuerza en el templo de San Bartolomé, a rebosar de fieles, mientras el párroco, Cristóbal Sevilla, daba la última bendición con el Lignum Crucis a todos los congregados.

Ya de mañana empezó la fiesta con tracas y cohetes, y la banda Los Informales hizo gala de su nombre tocando pasodobles. También se oyeron los himnos de los que acompañaban al baño de la Santa Cruz, por la mañana, y a la procesión y visita a los enfermos por la tarde.

El actual párroco de Alguazas tuvo el honor de introducir el Lignum Crucis en las aguas del Henchidor, lugar donde la acequia mayor de Ulea se bifurcaba en otras acequias menores para regar toda la huerta uleana.

«Este es un vivo ejemplo e unión entre los pueblos, Carlos Vicente Molina fue bautizado en Ulea y vivió en Villanueva de Segura, que siempre ha tenido sus más y sus menos con Ulea; y ahora viene de otro pueblo para vivir esta experiencia», dijo el párroco.