Las últimas tiendas del olvido.
5/11/2009 | Author:

De los cuarenta pequeños tenderos que tenían en los años sesenta sus negocios en Los Dolores sólo sobreviven cuatro en la era de los 'híper'.

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Luisa González en el centro junto a sus hijos Luisa y Ángel.

«Las grandes superficies han hecho que los pequeños comerciantes, aquellos que escuchábamos los problemas de nuestros clientes, que los atendíamos de forma personalizada y que les fiábamos, tengamos que cerrar». Antonio Muñoz, de 64 años heredó la tienda de su padre, La Especias, de Los Dolores, en 1942, y éste a su vez se lo dejó a su hijo. Negocios como ése llevan años en peligro de extinción, no sólo en este barrio sino en toda Cartagena y los pocos que quedan apenas pueden sobrevivir.

«Antes, los clientes venían a nuestra casa porque se les había olvidado algo, incluso los domingos. Se abría el comercio y se servía», comenta Antonio Muñoz. Y es que parece que ha llegado el fin de las tiendas del olvido, aquellos pequeños comercios familiares en los que vendedor y cliente eran amigos y en donde un buen servicio a precios económicos eran el lema de la casa.

En el barrio, en los años sesenta existían cuarenta establecimientos de ultramarinos de este tipo, ahora ya sólo quedan cuatro. Agustín el Sereno, Antonia la Galga, Paco el Carnicero, la tienda de Luisa, Carmen la Pitera o Ginés el del Plan eran conocidos en todo el barrio. Eran los fiadores de la palabra, los que tenían que escuchar con agrado esa frase, por aquellos años tan repetida: «Luego vengo y te pago».

Caluroso reconocimiento

A aquellos entrañables comerciantes de delantal y trastienda, el centenario Casino Cultural de Los Dolores rindió un homenaje el viernes por la tarde. Al acto acudió una nutrida representación de aquellos tenderos de los sesenta. Entre ellos, Anita la Vinagrera, la comerciante dolorense más veterana. «Queríamos agradecerles su trabajo de tantos años. Por su dedicación. La verdad es que, el trato que ellos dispensaban a sus clientes ya se ha perdido con los super e hipermercados», asegura José Juan Aniorte, uno de los organizadores del homenaje.

Al acto asistió Belchí Martínez de 61 años, que regentó lo que ahora es la panadería confitería Belchí, en la calle Floridablanca. «De aquellos establecimientos sólo quedan cuatro. Es una lástima. Los grandes hacen que sucumbamos. Mi padre la fundó en el año 1933, y en el 40 la cogí yo. Entonces el trato con los clientes era más directo. Nos contaban sus penas y alegrías y nosotros los escuchábamos. Con el paso del tiempo terminaban siendo de la familia», comenta Belchí.

Ahora, de aquellas tienda y de aquel trato familiar y de absoluta confianza poco queda. Salvo el recuerdo de los mayores y el cariño que recibieron los que aún siguen detrás del mostrador en el homenaje del Casino Cultural.

Fisgoneado en La Verdad.

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